Beefeater London Sessions (El Corral de la Pacheca, MAD) 20.3.12

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The Kooks, Emeli Sandé y Baxter Dury. Ese es el cartel que conformaba la noche ofrecida de mano de los señores de Beefeater, un cartel en el que lo poco que tenían en común los artistas es su residencia londinense y su innegable fuerza mediática; un poco para todos pero no es el cartel más coherente que haya visto en mi vida. Desigual e irregular es lo que mejor define una noche en la que hubo más picoteo que música.

La modernidad más snob de Madrid se reunía en uno de los estandartes flamencos de la capital. Que no os engañen los prejuicios como me hicieron a mí, la escenificación, decoración y sonido del celebérrimo restaurante/sala de espectáculos estaba más que a la altura para un acontecimiento de estos decibelios. El desgraciado truco se encontraba en la organización, donde personas propias de la misma confundían a gente del público con alguno de los artistas invitados; pero es que ir a la última no significa necesariamente saber sobre ello. Mucho maquillaje para poco trasfondo.

Después de fácilmente una hora y cuarto tras la apertura de puertas, infinidad de pinchos servidos por camareros de punta en blanco y algún que otro gin-tonic, por supuesto Beefeater, abrían la noche musical Baxter Dury, y lo hacían muy pobremente. Su música es snobismo en su propia esencia y la puesta en escena no ayudaba a levantar un espectáculo que carecía de matices hasta la saciedad. Con aire de crooner y una confianza que crecía a un ritmo demasiado pausado, el líder de la banda trataba de levantar a un público difícil que aun estaba sacándose el palillo de la boca tras el último pincho de tortilla. Y es que ahí está el problema: en una actuación tan corta o das todo tu potencial desde el primer momento o el fiasco es insospechable, y ahí sus sucesores en el escenario es donde marcaron la diferencia respecto a este. Justo cuando empezaban a despegar con Cocaine Man se acabó lo que se daba y de vuelta a backstage. Al menos el público comenzaba a despertarse. La nueva diva del pop y el soul, la que ha desbancado a Adele del primer puesto de las listas (si es que eso significa algo musicalmente) apareció y al público se le hizo la boca agua. Emile Sandé está arrasando y yo que ella aprovecharía para llevármelo todo, porque está claro que estos despegues repentinos al estrellato no suelen ser para mucho tiempo; porque es que está tan trillado este formato que el chicle te dura cada vez menos en la boca. La banda que la acompaña, soberbia, y su voz desde luego que disfrutable, pero aparte de Heaven y Next To Me, temas donde el público por fin hizo acto de presencia, te ofrece el show clásico de este tipo de artistas: una técnica por parte de la banda espléndida, los dos hits del momento y una sensibilidad facilona que encandila a la audiencia menos exigente, pero ¿su música?, más de lo mismo, desgraciadamente. Elaborada, bien puesta en práctica y con una precisión de reloj suizo, pero tanto sus temas como su espectáculo son de libro, y ya es hora de cambiar los cimientos. Todo muy bonito y muy bien hecho, no lo pondré en duda, pero sus métodos y su esencia la convierten en una más de un montón ya demasiado grande.

¿Alguien ha dicho sobrevalorados? Sí, es el turno de The Kooks. Los cabezas de cartel, la banda que cerraba una noche de cuatro horas y media en las que de música no llegaba a las dos. Desde que aparecieron en el escenario su espectáculo fue soberbio. Su música es lo que es, el indie rock atrae-adolescentes más sencillo que te puedas echar la cara, pero eso sí, sacan todo el partido y más de ello. Tocaron sus hits de ahora (Is It Me) y de antes (Naive o Do You Wanna) y el público, que les esperaba durante toda la noche y la bebida ya había hecho su deseado efecto, estaba en un absoluto éxtasis. Como líder, Luke Pritchard, voz y en ocasiones guitarra de la banda, tiene el trabajo casi hecho. Si está de moda no lo entiendo, pero sus convulsivos movimientos burlescos y su absoluto desprecio por la afinación vocal transmiten el carisma de un adolescente en plena edad del pavo, y aun así tenía a todo el mundo en la palma de la mano. La banda sonó bien, tocó lo que debía sin dar un solo respiro y estas personalidades están de moda, así que tras un set bastante corto para su importancia acabó el concierto y se cerró la noche, dejando tras de sí a un público maravillado que pedía más sin poder recibir nada a cambio.

Como publicidad de la escena mainstream inglesa funciona a la perfección, pero preferimos guitarras a bandejas de canapés y el sudor de un concierto a la caspa de la modernidad, así que para la próxima quizás vendría bien menos propaganda y más música.

por José Roa

José Roa
Músico y periodista, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2010 a 2014, llegando a ser editor jefe y alcanzando especial repercusión con su columna 'La Guillotina', editada en 2013 y 2014.

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