Dorian (Joy, Madrid) 25.04.13

Cánticos, bailes y sudor. Cuando una banda logra asentar un estatus hacia un público fiel, lo tiene todo conseguido. La recurrente Joy en esta debacle de salas en cierre vuelve a ser la referencia en el directo de renombre en Madrid, las últimas dos noches con Dorian en un lleno absoluto que dejó más momentos memorables para los fans que un auténtico despliegue de talento.

Con un nuevo álbum bajo el brazo, La Velocidad Del Vacío (2013), tomaron el escenario en un noche convulsa. La música y las luces de colores tomaban el antiguo teatro mientras fuera las únicas luces que brillaban eran azules. En su hábito de conciencia política hicieron mención al infructuoso cerco al Congreso, aportando su pequeño grano de arena a la abandonada causa. Su poesía prima por encima de todo su espectáculo, sea con estos ejemplos políticos y con sus composiciones musicales, entre las cuales no faltaron sus obligadas lecturas poéticas.

Pusieron sobre la mesa este nuevo trabajo, dando un repaso durante la primera parte del concierto a varios de los temas, como Tristeza o El Temblor, singles ambos de este. Mostraron un directo más propio, alejado en mayor medida del procesamiento de sus álbumes y con algún giro de tintes más cercanos al rock, aunque desinflado porque, reconozcámoslo, no es lo suyo. Lo suyo son esos temas pegadizos de simpleza infinita y regresión ochentera, en los que nadie en la sala dejó de corear, a pesar de que sean uno entre tantos cientos que abogan por este estilo de manera muy similar. El toque distintivo se encuentra en su uso de la electrónica, el cual en directo carece de esa importancia que sí se plasma en sus trabajos de estudio.

Con sus clásicos A Cualquier Otra Parte y La Tormenta De Arena resultaba esclarecedora la mano de ases de la banda. No importa cómo sea la noche, en el momento en que esos temas suenan el público salta derecho a su bolsillo. Y es que además saben utilizar estos momentos a su favor: dejan cantar al público, echan todo en unos temas que de por sí son el caballo ganador, usan métodos de libro que son siempre muy eficientes y los hacen bien. Pero, por otro lado, la música no acompaña siempre a ese buen hacer de una actuación y, sobre todo, unas letras con las que el público adepto se identifica fácilmente y ahí está su secreto, lo cual se pudo demostrar en esta noche.

Son simples y eso parece gustar. Nada que reprochar. Pero fuera de los estribillos siempre coreados, cuando la letra desaparece la música no es un bastión del grupo. En los momentos más intensos se notan faltos de un empujón extra, no traducen una fuerza que parecen intentar plasmar, aunque el público desde luego se vuelve loco ante estos momentos y no parece compartir esa apreciación. La voz de Dorian, Marc Gili, carece de una potencia que en su directo se echa en falta, quedando oculta tras los instrumentos en varias ocasiones. De por sí ese estilo de voz, clásico del pop español, no es santo de mi devoción, y aunque en consonancia con sus letras sea un encaje idóneo, no golpea, incluso en momentos en los que grita ante el micro se queda varios escalones por debajo. La música sube pero él, aunque lo intenta, no da en volumen y transmite poca fuerza. Esa sensación extraña de gritar y que salga un susurro.

Dos días de lleno les demuestra su posición a la cabeza del pop nacional, con unas ventas impresionantes para nuestro país y que ellos mismos agradecieron sobre el escenario. Acababa el concierto en una lluvia de condones inflados (si eran globos no lo parecían) y abandonaban la Joy Eslava tras dos días de comunión entre una banda y su público, que es lo máximo a lo que uno puede aspirar.

José Roa
Músico y periodista, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2010 a 2014, llegando a ser editor jefe y alcanzando especial repercusión con su columna 'La Guillotina', editada en 2013 y 2014.