Els Amics de Les Arts (El Sol, MAD) 17.4.12

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Hay conciertos que, nada más entrar en la sala, sabes que prácticamente están hechos. Se nota en el ambiente. Muy mal lo tiene que hacer la banda de turno para que toda esa gente que espera ansiosa y que se ha molestado en llegar pronto para coger un sitio cerca del escenario se vaya descontenta a casa. Esa es la sensación que tuve cuando llegué anoche a El Sol. Un martes, un poco tarde (el fútbol, como de costumbre) y el número de almas que pululaba por el local era considerable. Y cuando el personal se puso a cantar nada más arrancar la actuación, estaba convencida de que iba a presenciar algo muy bueno.

Hace más o menos un año, Els Amics de les Arts se estrenaron en la capital española en el Café La Palma. Desde entonces ya no extraña a nadie que nombres como Mishima, Manel, Antònia Font o Litoral llenen salas madrileñas, había muchas ganas de volver a tener al grupo por aquí.

Con un nuevo álbum bajo el brazo, Espècies per Catalogar, Els Amics se presentaban ayer en Madrid – casi una semana antes de su estancia de tres días en el Coliseum de Barcelona – donde pudieron comprobar lo mucho que se les admira más allá de su comunidad; aunque sin lugar a dudas había una gran mayoría de catalanoparlantes porque, sobre todo por las primeras filas, se cantaron todos y cada uno de los temas, palabra por palabra. El resto se conformaba con pillar esos guiños populares que esconden sus letras (Google Maps, Guitar Hero, Seat Panda, directores y actores de cine, las series americanas). Eso sí, todos juntos disfrutaron de las pegadizas melodías y los juguetones arreglos vocales de Dani, Eduard, Joan y Ferran, que no pararon de sonreír desde que arrancaron con Carnaval hasta el final, contagiados del entusiasmo de ese público entregado y particularmente joven.

“No estamos solos”, anunció Eduard, refiriéndose a la letra de Miracles y era verdad. Ya no solo por el aforo que acogía El Sol, sino por la cantidad de gente que ocupaba su pequeño escenario. Los cuatro amigos se multiplican en directo, y nada menos que cinco “tíos majos, inteligentes, con muchos estudios”, según el cuarteto, con sus respectivos instrumentos (bajo, batería, trombón, trompeta y saxo), conocidos como la Bed & Band, completaban la formación para ser lo más fieles posibles a la variada instrumentación de temas como Louisiana o els camps de cotó, con un bonito juego de voces final muy aplaudido, o más adelante en Els Ocells.

Entre canción y canción, “hablamos para afinar”, comentaron. Agradecimientos, observaciones sobre la utilidad de las teclas negras del piano (“son para jazz”, concluyeron) o sobre la arquitectura de la sala y bromas que hacían reír y les acercaba aún más al público, sorprendido ante este anuncio: al estar en El Sol, iban a tocar algo prácticamente inédito, y podía salir mal. Resultó ser L’home que treballa fent a gos, primer representante de Bed & Breakfast (2009) de la noche, con un efecto inmediato en los presentes: no dar tregua a sus cuerdas vocales. Una entretenida historia sobre el bajista, Pol Cruells – recordando a las que cuenta su paisano Guillem Gesbert de Manel – sirvió de introducción para la seriófila A Aquestes Alçades de la Pel·lícula, con un subidón final que desembocó en cinefilia, en el piano con el que arranca uno de sus temas más queridos si cabe, Jean-Luc, momento en el que se declaró el estado de fiesta: todo el mundo saltaba, bailaba, y ahí sí, nadie tenía problemas para exclamar en el estribillo “¡Ay Jean-Luc!”.

Unas horas antes, durante la charla que mantuvimos con la banda (y que podréis leer próximamente) nos habían adelantado que habría una sorpresa relacionada con el personaje que inspiró L’home que dobla en Bruce Willis, es decir, el actor Ramón Langa. Al parecer andaba por el local, pero su inconfundible voz se dejó oír en forma de una conversación grabada, donde aseguraba que le encantaba la canción que le habían dedicado y les dejaba la frase “Nena, ara ja som més que amics?” para utilizarla en plena canción.

“De manera muy convincente” se despidieron Els Amics, con más juegos de voces, los que dan vida al single Monsieur Cousteau y a las conversaciones filosóficas a ritmo de Blur de L’affaire Sofia. La eterna mentira de los directos, claro, y más aún ayer. Hicieron falta un par de bises para calmar los gritos de “No n’hi ha prou” (no basta) incluida una canción infantil catalana interpretada al piano por Eduard, convertido en director del público/coro cuando no andaba con el xilófono o la melódica en la mano. Recuperaron composiciones más tempranas, como Déjà vu y la solicitada Tren Transsiberia (con referencias a la Puerta de Alcalá y demás monumentos madrileños) y terminó la fiesta con una “marcha en sentido bíblico”, bromeó Dani traduciendo su gran Bed & Breakfast – rematada con un guiño a Bohemian Rhapsody de Queen – y El Matrimonio Arnolfini, tema que completó el repaso a su último trabajo y mantuvo el ambiente fiestero hasta el último segundo.

Son noches así las que nos permiten comprobar la capacidad que tienen algunos grupos para crear unos lazos firmes con sus seguidores, gracias a sus canciones y a esa cercanía genuina que tanto aprecia el fan de la que hicieron gala anoche Els Amics de les Arts en una nueva visita que demuestra que las cuestiones lingüísticas cada vez tienen menos importancia.

Texto por Beatriz H.Viloria / Fotos por Yago Cobas

Pedro Moral
Periodista especializado en Cine, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014. Actualmente, prosigue su carrera en diversos medios.

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