FIB 2013 (18 al 21 de Julio, Benicàssim)

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Por tercer año consecutivo me dirigía el viernes pasado a mi inevitable cita con el festival internacional de Benicàssim con las mismas ganas y el morbo de todas las habladurías que han generado los problemas económicos de la organización. Me preguntaba si la asistencia confirmaría que es un festival dando sus últimos coletazos o si la organización cerraría bocas con su última estrategia, consistente en vender abonos a 20 euros.

VIERNES

Nada provoca más alivio que plantar por fin tu tienda entre todas las chicharras y el calor abrasador del camping del FIB, porque significa que puedes dedicarte a comprar hielos para tu nevera e intentar sobrevivir a la marabunta y al calor insoportable que te esperan.

Los lejanos acordes de Echo Lake nos recibieron y llevaron a los pocos insensatos que con el sol todavía en lo alto a sentirse rodeados de la pesada atmósfera de esta banda en la onda de contemporáneos suyos brillantes como I Break Horses o Toy.

Con ganas de algo más movido y potente nos desplazamos hasta el escenario Trident Senses o ver a The Riptide Movement. De corte clásico pero potente nos dejaron perlas como ‘Keep on Keepin’ On’, que recuerda al estilo más alegre de Creedence Clearwater Revival o a los que ese mismo día tocarían, los Primal Scream más clásicos.

Una de las apuestas del festival que me alegraron mucho la vida fueron los fantásticos Guadalupe Plata, que por geniales coincidencias siempre se me habían escapado de las manos. Joder. Cuando ves al trío subir al escenario y observas que el batería tiene el brazo escayolado no puedes evitar pensar: “Madre mía la que van a liar estos tíos”. Con un sonido arrasador, feroces gritos al micrófono y muchísimo oficio, sonaron sus conocidas ‘Rata’, ‘Lorena’ o ‘Baby Me Vuelves Loco’, todas ellas con muchísimas modificaciones en la forma aunque no en la línea general, que dejaban mucho más espacio a la locura y al desenfreno instrumental. Este grupo es una auténtica joya.

Tras esta dosis de adrenalina directa a la vena teníamos marcado en el horario Fira Fem. Ya veníamos en el coche trallando su fantástico ‘Aedificatoria’ y esperábamos otra actuación como la del Dcode del año pasado que nos encantó. El resultado fue que acabamos descartando este escenario de nuestra lista. No se diferenciaba absolutamente nada. Un sonido completamente saturado que daba la sensación de que si lo que oías era el sintetizador o la guitarra quedaba a la imaginación del público.

En respuesta a la gran actuación del año pasado de Noel Gallagher y sus High Flying Birds este año teníamos en el mítico Maravillas a los Beady Eye capitaneados por el irreverente Liam. Si subiéramos los dos conciertos a un ring de boxeo, resultaría un fantástico KO en el primer puñetazo. Liam está irreconocible en el escenario, sin voz, sin buenas canciones que le apoyen, sin el magnetismo que le hizo mundialmente conocido y, además, sin público. Sólo le queda lo más postizo de lo que fue, sus cortes de pelo, cogerse las manos por detrás de la espalda y rezar para que la gente recuerde mucho tiempo lo que fue Oasis.

Con tantos grandes talentos que ver nos fuimos hacia el Trident Senses a ver al legendario Johnny Marr, conocido por The Smiths o Modest Mouse. No defraudó, y sus graves melodías acompañadas por una gran banda de músicos nos acompañaron hasta que lo abandonamos por ver a Svper.

Los anteriormente llamados Pegasvs se subieron al Pringles Fib Club para administrar una buena dosis de electropop al público de Benicàssim. Sonaron sus hits de sus LP debut: ‘Brillar’, ‘El Final de la Noche’ y la ‘Melodía del Afilador’. La intención de que un muro de sonido de sintetizadores se interpusiese entre la voz y los oyentes se les fue de las manos y acabó dejando las líneas vocales casi inaudibles, pero el oficio de este dúo sobre el escenario seguía resultando hipnótico.

Para acabar la primera noche tuvimos la actuación más impredecible de todas. Primal Scream, no con el sonido heavy de ‘XTRMNTR’ ni con el clásico de ‘Screamadelica’, traían un nuevo largo bajo el brazo de corte psicodélico que mostró su faceta más etérea ante la jauría que se había convertido ya el público del escenario Maravillas. Como el año pasado sucedió con The Stone Roses, el frontman Bobby Gillespie mostró que la veteranía juega en su favor y que puede ser capaz de devorar el escenario con sólo unos gestos. El público enloqueció con el legendario hit ‘Rocks’ y la mítica ‘Movin’ On Up’, impecablemente instrumentadas con viento metal y guitarras brillantes que no faltaron en el repertorio.

Tras la actuación de casi dos horas y media de Primal Scream los asistentes se quedaron como catatónicos. Intenso pero agotador ya espiraba el tiempo de conciertos y comenzaba la jungla de dj’s en todos los escenarios del FIB.

SÁBADO

China Rats en el escenario Trident Senses nos ayudaron a comenzar una jornada prometedora. Le echaron muchas ganas y ofrecieron un concierto intenso y rockero hasta que no pudieron retener a los asistentes que ya tenían la mente en fantasear sobre alguna colaboración entre Alex Turner y Miles Kane en cualquiera de los conciertos que seguían en el Maravillas.

Parecía extraño que no hubiera aglomeraciones de gente y que se notase el festival como escaso de público, este año parecía confirmar que el FIB había sufrido con todos los rumores de su final. Todo eso fue más o menos así hasta el concierto del sábado de Miles Kane.

La elegancia y la clase se han convertido en las armas de Miles Kane que, sin ser un músico con una capacidad vocal o instrumental fuera de lo normal, ha conseguido un estilo propio a base de melodías potentes y carácter salvaje. Ver a este británico con su anillo en el meñique, sus camisas abrochadas hasta la barbilla y su naturalidad reabren las esperanzas de aquellos que todavía sueñan con vivir ‘Quadrophenia’. Cada nueva publicación que hace el ex-frontman de los Rascals conquista más y más seguidores, sólo había que comparar la cantidad de público de este año con la que contaba el pasado.

Al mando de una gran banda de músicos golpeó con fuerza para presentar con la guitarra en la mano su último LP: ‘Don’t Forget Who You Are’. La intensidad del concierto crecía por segundos y terminó por formar zonas de pogos salvajes en las primeras filas, algo difícil de ver en un concierto de indie.

Más tarde pudimos ver al aragonés Bigott en el Pringles FIB Club, que ya deslumbró a todos con ‘The Original Soundtrack’ y ahora con su nuevo álbum ‘Blue Jeans’ no ha perdido ni una centésima parte de su frescura. Si es cierto que se disfruta más viéndolo en una sala pequeña, parece que estaba realmente preparado para enfrentarse a un público en espacio abierto y muchos de los ingleses que deambulaban a la espera de Arctic Monkeys se aficionaron al cantante.

El gigantesco cartel con las siglas que serán la siguiente portada de los del cuarteto de Sheffield A.M. dio la bienvenida a un público que abarrotó por completo el espacio del Maravillas. Por tercera vez Arctic Monkeys visitaban Benicàssim y por tercera vez salían a hombros. Comenzando con la potente ‘Do I Wanna Know’ los cuatro figuras repartieron temazos a diestro y siniestro. Salvo una floja reversión en formato balada de ‘Mardy Bum’ el concierto se mantuvo brillante y potente. Los cambios de look de Alex Turner son el acompañamiento perfecto de la evolución constante de la banda, que en sólo tres visitas al festival ya han dejado tres diferentes caras de una misma moneda. Para cerrar colaboró con el cuarteto Miles Kane interpretando ‘505’ a la guitarra. Todo un broche de oro para una actuación redonda.

Tras los Arctic Monkeys arrasaron sobre el Maravillas los Kaiser Chiefs, enchufados desde el principio, con un desenfrenado Ricky Wilson corriendo de un lado al otro del escenario, enloqueciendo completamente y escalando hasta las columnas del escenario. Merece la pena asistir al show de los británicos, que demuestran que disfrutan con los directos y que saben cómo reventar un festival. A base de ritmos acelerados conquistaron a casi todo el público de Turner y los suyos, y completaron una actuación en la que tocaron hasta canciones inéditas.

Aún quedó tiempo para acercarse a Bastille con su estilo de electropop que reunió a todos aquellos que se resistían a irse ya a una sesión de los dj’s que ya ocupaban sus puestos en las carpas y en los escenarios. Las bases marcaban un buen ritmo para continuar moviendo las piernas, aunque en el fondo Bastille hacen una música simplemente gustable con poca originalidad. Cada vez escuchamos más música de este tipo mezclada con artistas independientes. Será que el público está cambiando.

DOMINGO

El domingo, y broche final, venía acompañado de nombres de artistas debutantes mezclados con mastodónticas celebridades como The Killers. El día amaneció con la noticia de que Azealia Banks no podría actuar a causa de un problema de garganta, algo que sin duda ayudó a que la imagen de Killers como la cabeza de cartel innegable del cierre del festival se acentuase todavía más. De hecho, hasta que empezaron ellos, el público se pasó más tiempo haciendo botellón en la entrada que viendo conciertos, como si se tratase del Arenal Sound.

En nombre de todos los debutantes, los primeros en abrir el Maravillas fueron Palma Violets. Estos jóvenes rockeros defraudaron bastante con su disco ‘180’, al demostrar que carecen de la madurez para plantear una creación artística tan importante como un lp, sin embargo, es innegable que en directo tienen el magnetismo punk de aquellos a los que están más eufóricos de tocar juntos que de tener a mucho público delante. Con un repaso de su álbum, que ganó mucho sobre el Maravillas, tocaron ‘We Found Love’, ‘Best of Friends’ o ‘Brand new song’, este último un tema con el que terminaron el concierto mientras los técnicos les iban recogiendo las cosas. ¿Quién dijo miedo? Si eres debutante y te ponen en el escenario grande, hay que echarle tantos o más cojones como Palma Violets para salir con la frente bien alta.

El pop psicodélico y delirante de Jacco Gardner esperaba a quienes se acercaron al Pringels. Allí, el también joven cantautor neerlandés presentó ‘Cabinet of Curiosities’, endulzando la espera para el esperadísimo Jake Bugg. Y es que las melodías de Jacco eran adictivas, con ese toque retro que recordaba al ‘The Piper at the Gates of Dawn’, cuando Syd Barrett todavía estaba al frente de Pink Floyd.

Jake Bugg se dejó escoltar por su banda, reducida en lo esencia, para afrontar también como debutante el desafío de cumplir en el Maravillas. Sorprendió su sinceridad a prueba de bombas, tocando sus canciones sin concesiones, como quien desgrana su álbum ante la asombrada mirada de quienes no saben si sorprenderse o reafirmarse. Entre un repertorio algo más eléctrico que en su cd, también guardó un momento para la delicadeza folk que le caracteriza, interpretando brillantes canciones que quedaran para el recuerdo, como ‘Country Song’ o ‘Broken’, solo ante miles de personas. Si no fuera porque el público inglés, y en general el del FIB, es de lo más irrespetuoso con momentos especialmente delicados, habría sido el momento más emotivo del festival. Los gritones y borrachos tenían más ganas de otros temas que no hicieran reflexionar demasiado, como la celebrada ‘Two Fingers’ o ‘Lightning Bolt’, con la que cerró su actuación.

En un desfile de presentaciones de primeros discos, salí al Trident Woodkid con ganas de demostrar que el directo es su campo de batalla natural, y que el productor audiovisual Yoann Lemoine tiene medido desde el primer al último segundo de su repertorio. Su álbum ‘The Golden Age’ tiene una intensidad estremecedora, y cada canción acompañada con el montaje de vídeo ya era un espectáculo integral totalmente impresionante.

El interés migró al Maravillas para ver un poco de rock desde San Francisco. Black Rebel Motorcycle Club ofrecieron un repaso de su discografía, con alguna canción de su ‘Specter At The Feast’, y otras más míticas como ‘Spread Your Love’. Este grupo es ya toda una referencia del género y tiene canciones como para enterrar a la mayor parte de bandas de rock. Tal vez por eso, y porque sus melodías serpenteantes eran casi hipnóticas, se pasó su hora de concierto tan rápido.

AlunaGeorge sustituyó a Azealia Banks en el Trident, pero su electropop liviano y actual no cuajó ante un público que sólo esperaba al gran plato de la noche: The Killers. De hecho, una riada de personas, que esperaba fuera su momento, entró pasando de largo las actuaciones que había en su camino al cielo de los creyentes. Y los de Las Vegas no defraudaron, ya están acostumbrados a ser el plato fuerte, y deslumbraron con un espectáculo de luz y sonido impresionante. El ambiente ya estaba caldeado desde hacía rato, por lo que no fue difícil conquistar al público seguramente más numeroso del festival. Un buen punto final si no fuera porque hay muchísimos grupos de su nivel que merecerían encabezar un cartel antes que ellos.

Redacción #HTM
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