Los Evangelistas (Matadero, Madrid DDM) 21.6.12

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Según las normas de protocolo, el luto, dependiendo de la descendencia del fallecido, puede y debe durar hasta dos años. Como si la muerte de alguien fuera un proceso con fecha de caducidad en el que pueden marcarse pautas de actuación. Frivolidad. La muerte es un proceso que dura eternamente y que nos hace personas, pues la tristeza es elemento fundamental en nuestra humanidad.

El azote del fallecimiento de Enrique Morente fue uno de esos acontecimientos brutales e injustos. No hay muerte justa y menos si es en diciembre. El maestro abandonó el mundo en 2010 y con él se fue hueco de cultura imposible de reponer. Su ala me tocó de casualidad en 2008, cuando orgulloso de mi ignorancia por el género, cayó todo muro. En aquel concierto con Omega se produjo una auténtica chispa que marcó mi forma de entender la música. Morente había evangelizado a un público desinteresado por el flamenco. Esa fue su principal función.

Lo que parecía un excelso homenaje a su figura en Los Evangelistas –formados por Los Planetas y Lagartija Nick– se convirtió ayer en algo más en el Matadero de Madrid. Entre cirios y sombras se preparó un directo en honor al maestro que acabó convirtiéndose en una invocación. Ayer Enrique Morente volvió a actuar. La misma sensación que en 2008 recorría la sala como una ola de viento decadente, misterioso pero alegre, la misma sensación que producía aquel hombre de sonrisa melancólica bañada en camisa negra. Subió al escenario el quinteto bajo las voces de Jota y Antonio Arias y dirigidos por la batería de Eric –un espectáculo musical en sí mismo reprodujeron fielmente las primeras canciones de uno de los mejores álbumes nacionales del año. Los villanos en contra de Los Planetas tienen en los últimos años cada vez más problemas y menos argumentos.

El inicio del directo dejaba latente cierta tristeza que fue convirtiéndose en alegría con el avance de las canciones y el ánimo con el que el público –una entrada muy respetable- iba contagiando la sala. Pero el detonante estaba por llegar cuando apareció la figura de Carmen Linares primero y la de Soleá Morente después. Lo de Linares –que interpretó Delante de mi madre– debe ser de otro planeta, una voz que muestra algo más que belleza vocal, puro sentimiento el que brotaba y barría el ambiente y que el público supo responder. Tras ella, la joven hija del de Granada, diamante en bruto que brilla con la misma melancolía que lo hacía el genio, un genio que en su día homenajeó a Machado en ese afán por unir la gran poesía del siglo XX adaptando el poema Yo poeta decadente que Los Evangelistas adaptaron a su vez para rendir un tributo que anoche se convirtió en una de las piezas más escalofriantes y emocionantes de la noche. Impresionante. Sin ceder un minuto llegó La estrella y los aplausos más sinceros que he escuchado en mucho tiempo.

Cuando una de las noches más especiales que ha vivido el espacio madrileño estaba terminando volvió al escenario Linares que, junto a la prometedora hija del fallecido interpretaron Donde pones el alma en un ejercicio de improvisación agradecido por volver a escuchar la voz de Linares sobre la batería atronadora de Eric. La gran adaptación de la formación granadina se convirtió en pura alegría para un concierto difícil de repetir. La noche quedó cerrada con Ya no me asomo a la ventana de Omega y Ya no me asomo a la reja de Los Planetas. Ayer Enrique Morente volvió a los escenarios. Se echaba de menos.

J. Castellanos
Periodista. Formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014, llegando a ser redactor jefe.

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