Sonorama Ribera 2012 (Aranda de Duero)

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Debe ser cosa de la edad (y de mi carácter) el creciente desprecio que muestro hacia la gente. Ni tengo ganas de aguantar a cincuenta mil puercos británicos, ni tengo ganas de ver a treinta mil madrileños en camiseta de tirantes con la barbilla desencajada. Que queréis que os diga, después de diez años curtido en festivales de toda la geografía española me he vuelto un pijo de los festivales, si por “pijo” entendemos estar en un festival que te gusta por la calidad de sus bandas, las instalaciones, la organización, la meteorología, el tipo de público y el ambiente general. Vamos, que yo ya no estoy para pasar calor infernal en un camping de refugiados, estar de pie tres horas de cola para una pulsera o desayunar arena. Yo quiero mi Primavera Sound con mi apartamento, ducha, trescientos setenta y siete conciertos solapados y brisa marina con olor a tienda de animales; mi Contemporánea con las bonitas vistas de Alburquerque cual treinteañero barrigudo y mi señora de la mano; y mi Sonorama con el camping fresquito para poder levantarme a mis doce de la mañana, pasar el día de cañas y piscina en Aranda, cruzarme y saludar a toda la “indiada española” (que siempre somos los mismos en esta secta) y escuchar las mismas bandas todos los años. No pido más.

Y es que eso es lo que tiene el Sonorama, es un festival de gente normal (dentro de unas definiciones). Que sí, que la gente va a todos los festivales a beber y drogarse, pero el objetivo primario de ir a Aranda del Duero todos los años es estar con los amigos, es un festival de lo más distendido y relajante. Un evento cultual de amigotes, donde da la sensación que conoces a todo el mundo y que va tirando a familiar poco a poco.

Echó a andar el Sonorama el jueves con el día más corto y quizá más aburrido, Anni B Sweet, The Cabriolets y Templeton no dieron la suficiente sal que sí suplieron la vuelta de Los Enemigos al escenario, cascados, pero ilusionante ver a unos mitos del rock madrileño sobre las tablas. En la línea soporífera del jueves, No Band For Lluvia demostró lo que no es una banda y sí una orquesta de pueblo; lo sorprendente es que en este chicloso proyecto estén artistas con la reputación de talentosos como Guille Mostaza (Ellos) o Lyndon Parish (The Sunday Drivers).

Cooper | Sonorama | HTM

Con el calor infernal del viernes pronto aparecieron los portugueses The Gift en el escenario principal, buenos músicos, trabajadores en la ejecución y tremendamente apasionados, al igual que Los Corizonas que no se cansan de ir de aquí a allá por toda la geografía española a golpe de guitarrazos de secano. A partir de aquí comenzó toda la juerga con una de las apariciones foráneas, Kakkmaddafakka, una de esas bandas que por alguna extraña razón (tienen tanta fiesta en el cuerpo como nosotros) encajan perfectamente con nuestro público como les pasa a The Wave Pictures, The Tallest Man On Earth o Camera Obscura. Después vino la multitud agolpada con Love Of Lesbian, que ya sabemos que se acabaron sus días donde ni Cristo escuchaba sus álbums en inglés y, para terminar, a romper los pies con La Casa Azul, que siempre tiene su aquel bailar como una cuba.

El sábado era otro de esos días gordos con una buena tirada del cartel y pronto comenzaron los proyectos, a las 2 de la tarde en el escenario instalado en el pueblo con Jero Romero; no es Sunday Drivers, ni se acerca a ello, pero Jero demuestra siempre un incesante trabajo y ganas de mejorar su talento como músico. Por la tarde llegó la segunda aparición foránea del Sonorama, The Dandy Warhols, que dieron la sensación de estar de paso por ahí con poquitas ganas sobre el escenario, aunque los últimos años delatan que toda su energía pasó a mejor vida. Después vino la masa con Vetusta Morla y, posteriormente, Sidonie, pero a estas alturas es demasiado ridículo hacer una crónica de un concierto de estas dos bandas, es simplemente: cantos de quinceañeras al viento. Lo bueno que tiene el Sonorama es que, con su ambiente de “amigotes indies”, los que somos siempre, vamos, conserva su personalidad hasta tal punto que no se ve invadido por hordas de pijerismo (como le pasa a otros festivales como el Low Cost) al llamar a cartel a bandas de público masificado como Vetusta Morla, Sidonie, Russian Red o Love of Lesbian. Cerró el sábado una banda-residente, El Columpio Asesino, que no falla año tras año.

El domingo no se quedó corto. Estuvo Russian Red con Pepo Márquez (The Secret Society) nuevo en la banda, veteranos como Cooper o Havalina, al frente Manuel Cabezalí siempre pluriempleado y capaz de hacer sonar bien unas cuerdas atadas a un trozo de madera, hubo tiempo para el mítico hip hop latino de Calle 13 e incluso para resucitar a una mítica banda inglesa de los ochenta, The Primitives. Un año más, Sonorama apetecible, porque ir allí a pasar unos días de retiro y en armonía es un seguro.

  • ¿Estuviste? Cuéntanoslo, haz tu crónica aqui mismo y danos tu punto de vista sobre el festival ;)
Carlos Naval
Carlos Naval
Periodista. Formó parte de la redacción de HABLATUMÚSICA de 2010 a 2013. Actualmente continúa su carrera en diversas compañías del sector de la Comunicación.

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