System of a Down en Paris

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Hacía mucho tiempo que S.O.A.D. había abandonado los escenarios debido a las distintas dificultades y conflictos surgidos entre los miembros de la banda, embarcándose cada uno en proyectos paralelos de muy diferente temática y calidad. Pero para ellos el pasado permanece dónde debe y han vuelto a la carga.

He de confesar mi escepticismo ante el regreso de los californianos, debido tanto a fallidos intentos de verlos en directo como a desconfianza por su retorno. System of a Down surgió en pleno apogeo del Nu Metal, un género musical digno de la papelera más cercana y sucia que encuentres; pero ellos aportaban una originalidad, un sonido y un talento (al menos en alguno de los miembros) incuestionable. La evolución y consecuente desaparición de dicho género se hizo notar en los últimos álbumes del grupo, el binomio formado por Mesmerize e Hypnotize (2005), que se alejaba de la tendencia metalera y comenzó la cuesta abajo en la relación entre los integrantes del grupo debido a la fuerte competitividad entre Daron Malakian (guitarrista) y Serj Tankian (cantante). Viendo alguno de los conciertos que comenzaban esta gira de reunión fomentaba este escepticismo respecto al concierto. Pero me alegro de reconocer que estaba equivocado.

El comienzo marcó la dinámica del espectáculo. Una tela cubría completamente el escenario, dónde se podía leer en letras inmensas el nombre de la banda. Cuando las luces del Palais Omnisport de París se apagaron, el público estalló en un griterío ensordecedor, que al poco callaron los primeros compases de “Prison Song”, con la banda escondida tras el enorme telón; hasta que este cayó y se pudo ver de nuevo a System reunido en un escenario tras cinco años.

Con un setlist de 29 canciones y alrededor de una hora y media de concierto, dejaron a su paso los clásicos temas de la banda: “Chop Suey”, “Toxicity”, “Aerials” o “Sugar”. Un listado muy completo que, si bien faltaba uno o dos imprescindibles y sobraba alguna que otra canción, no deja mucho lugar para quejarse. Estos años han servido de escuela para el grupo, pero sin perder su esencia: un montaje de luz y sonido espectacular, con proyecciones, focos y lásers muy bien estudiados y escogidos; aunque haya mejorado, Daron Malakian sigue siendo un guitarrista más bien mediocre, pero suple su deficiencia técnica con efectos no exagerados que cubren algún que otro defecto más visible antaño, y eso sí, sus bailes chamánicos siguen siendo increíbles; algún que otro lugar a improvisación muy bien ejecutado y en general una mayor variedad en el equipo y sonido de la banda.

Serj Tankian es un líder más asentado, con un gran cambio de imagen respecto a sus primeros años con S.O.A.D., y una calidad vocal prodigiosa. Distintos giros en las canciones, que denotan su gusto por sus últimos trabajos en solitario pero que como tónica general son impresionantes. Dirige al público y le da protagonismo en el momento más acertado, y un frontman así se gana a la gente en un minuto, aunque este público estaba entregado desde el primer momento.

Una mención especial también al gran sonido del estadio que acogió el concierto.

System regresa y no decepciona. Bajo el cielo de París, muchos volvimos a aquella época adolescente en la que sus álbumes formaban la banda sonora de esos años, pero aún mejor.

J. Roa

Redacción #HTM
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