La aventura de conseguir música para cine

Eres cineasta, el cortometraje sólo es un género más, una película pequeña en su duración pero tan grande como cualquier otro filme que puedas ver en las salas. Nuestro país, nuestra vapuleada industria cinematográfica, ha dado cortometrajes que han pasado a la historia, desde ‘Un perro andaluz’ (1929) de Buñuel hasta ‘7.35 de la mañana’ (2003) de Vigalondo. Y la música, igual que en los largos, es un ingrediente esencial. Sin embargo, las modestas producciones de los cortometrajes no pueden cubrir las grandes cifras que cuestan esas míticas canciones (las que sean) que potencian una banda sonora.

Siempre hay salida para un director, siempre hay un plan B. En este artículo vamos a adentrarnos en el maravilloso, a veces también doloroso, proceso de parir una banda sonora o conseguir esa canción con la que imaginaste la película cuando sólo era papel.

“Dirigir, montar y construir una banda sonora son los grandes procesos de una película, de un corto, del cine…” esta cita es de Javier Giner, un cineasta que se fue a Los Angeles para estudiar escritura y dirección en la Escuela de Cine, fue asistente de dirección de Pedro Almodóvar en ‘Hable con ella’ (2002) y ‘La mala educación’ (2004), además tiene una novela titulada ‘El Dedo En El Corazón’ y varios relatos. Ahora está a punto de lanzar su último corto, ‘El amor me queda grande’. Javier Giner es un cuentista, vaya.“Cuando escribo ‘El amor me queda grande’, no tengo una música clara en la cabeza, excepto una canción que estaba desde la primera versión del guión”, Giner se refiere a ‘Qué será será’ de Pink Martini.

A parte de la canción de Martini, el corto requería una banda sonora instrumental. La construcción de ésta le supuso a Giner una maravillosa aventura junto al músico Mariano Marín. “La música tenía que evocar ciertos aspectos del cine clásico, pero a la vez siendo moderno mezclado con un mundo infantil que fuese angelical pero también turbio”, un objetivo complicado. “Recuerdo bucear en Spotify y escuchar bandas sonoras que abarcaran ese tono, la de ‘Los timadores’ (1990) o ‘Cul-de-sac’ (1966)”.

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En medio del rodaje de ‘El amor me queda grande’ (c) Jose DaSilva

En busca de LA CANCIÓN

Un niño y una niña entablan una conversación que está empapada del dulce y precoz primer amor y la cosa se tuerce hasta llegar a tener un tono terriblemente oscuro. Es un corto complicado de enmarcar musicalmente. Y mientras el proceso de elegir la música de la película seguía su curso, Giner ultimaba todos los detalles para conseguir la canción que cerraría su obra, ‘Qué será, será”.

“Lo que me pasó con la canción de Pink Martini fue una pesadilla. Tengo la suerte de conocerles, pero me topé con una editorial musical, en este caso Clippers, y lo que hicieron fue básicamente mercadear con la canción hasta llegar al paroxismo y pedirme 12.100 €”, nos cuenta Giner sobre este mal sueño que tiene muchas ganas de dejar atrás. “Pink Martini me ofreció la canción por 500 euros. El artista se lleva el 50% y la editorial el otro 50%, evidentemente algo no cuadra” sentencia. Y antes de cerrar este tema nos confiesa que en ningún momento él está en contra de las editoriales musicales. “Cuando publiqué mi queja hacia Clippers en las redes sociales, no estaba yendo contra las editoriales, simplemente estaba contando algo que a mí me había ocurrido. De hecho el tema de Pink Martini se negoció con Warner/Chappell music hace una año y no hubo ningún problema, cuando se retomó la negociación los derechos eran de Clippers y ahí fue cuando todo este asunto se convirtió en una pesadilla”.

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Pink Martini al completo

Pero a veces las búsquedas de derechos acaban en final feliz. Es el caso de Gabriel Azorín, director de ‘Los Galgos’ (2011), un corto parido por la ECAM que ha tenido un gran reconocimiento. “Quería un fandango de Rafael Farina, ‘Déjame que me divierta’. Lo complicado del asunto fue descubrir quién tenía los derechos, porque es una canción muy poco conocida. En el último momento dimos con ello y la negociación fue muy fácil”. No nos habla de precios porque no los sabe, ya que eso lo gestionó la productora, pero según nos asegura “si se pudo comprar es que fue barato”.

A veces, si el corto es amateur y el creador no tiene demasiadas expectativas económicas, por mucho que se llegue a buen puerto con la editorial musical y la cifra no se haya hinchado demasiado, pagar sigue siendo una carga inviable para la producción. Eso le ocurrió a Javier Chavanel. Este director de cortometrajes se antojó con una canción de Radiohead y llegó a hablar con la discográfica, que le ofreció el corte deseado por unos 900 euros. Poco si Javier hubiera tenido un presupuesto holgado, pero demasiado en su caso. Javier Chavanel nos explica cuales son las cuatro variables que influyen en el coste de la cesión de derechos de una canción:

  1. Qué tipo de obra audiovisual se beneficiaria: corto, película, anuncio…
  2. ¿La obra no saldrá del territorio nacional o dará la vuelta al mundo?
  3. ¿Se expondrá en una sala, se emitirá por televisión o irá a festivales?
  4. El tiempo de vida comercial de ese producto audiovisual. El tiempo que esa canción tiene que estar vinculada a la obra.

Hablar diréctamente con el artista es a veces la mejor alternativa

Dani Lobato, periodista, productor y director, tenía claro cuando iba a empezar a rodar su corto ‘Amores que matan’ que tenía que recurrir a música libre de derechos o a una canción de algún grupo aún no muy famoso. La banda elegida fue Leone, cuyo vocalista es parte de los madrileños Yakuzas y la canción fue ‘Lo Importante Es El Viaje’. “Les dije que con el corto no iba a ganar dinero, que no podía pagar ni siquiera a los actores y ellos me cedieron los derechos”, explica Dani, que ve primordial hacer un documento escrito de este contrato verbal para que no haya problemas en un futuro. “El documento no tiene validez administrativa, pero sí es una prueba de que hay un acuerdo previo de la cesión de la obra”.

Para otro corto en el que Lobato participó titulado ‘Alone in the Dark’ la música fue primordial ya que no había diálogos. Dani pidió los derechos de una canción de The Devlins a ellos mismos, una banda irlandesa con cuatro álbumes publicados, y no hubo problema, “además ellos quedaron muy contentos con el resultado”, dice orgulloso.

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Una escena de ‘El Cosmonauta’

Carola Rodríguez es la productora de ‘El Cosmonauta’ (2013), la primera película española realizada a través de crowdfunding. Nos cuenta como en el caso de su película fue Nicolás, el director, quien encontró un disco de Joan Valent, ‘Ínsula Poética’, que le cuadraba con el filme. “Habló con él y nos cedió los derechos de varias canciones puesto que los tenía él mismo”. Para el resto de la música tiraron de canciones Creative Commons. “Al final no tiene más misterio que el follón de encontrar quién tiene los derechos evitando la SGAE”, explica Rodríguez.

¿Por qué Giner no pudo acordar el precio con Pink Martini? Sencillamente porque no es una canción suya, sino una versión de una original compuesta por Jay Livingston y Raymond B. Evans. El laberíntico entramado de sus derechos se transforma en un asunto más complejo, si cabe.

Creative Commons y bibliotecas musicales online

Otra alternativa son las bibliotecas online, donde se pueden pedir músicas instrumentales sin derechos entre una gran colección o pedir que en base a tus indicaciones te compongan una banda sonora personalizada. También puedes recurrir a ellas para pagar los derechos de canciones de grupos del nivel de los Pixies, como en el caso de Dani Lobato. Una canción de este grupo en una web como Kongamusic podría costar entre 500 y 1000 euros, algo más caro que tener tu banda sonora personalizada. Cuestión de gustos.

[infobox bg=”blue” color=”white” opacity=”off” subtitle=”1. kongamusic.com 2. jamendo.com 3. mobygratis.com (canciones de Moby libres de derechos, ojo) 4. clippersmusic.org 5. warnerchappell.com”]Dónde buscar música para tu película[/infobox]

Tener tu propio músico

Giner acabaría por olvidarse de ‘Qué será, será’ a pesar de la importancia que tenía esta canción para su corto. “Fue un palo tremendo porque ya era una cosa terminada, sin embargo yo creo que la banda sonora de Mariano Marín lo hace mejor corto. Ahora lo siento 100% mío”, comenta orgulloso.

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Javier Giner, director, escritor, periodista y cuentista (c) Markus Rico

Reconvertir el final del corto a través de una nueva canción dentro de la banda sonora fue un proceso muy bonito para Giner pero también una auténtica locura, “Mariano y yo nos hemos convertido en psicólogos uno del otro después de tantas horas al teléfono. Yo estaba en Barcelona y él en Madrid, así que me iba mandando las maquetas, yo las escuchaba y le iba diciendo”. La relación entre ambos se fue estrechando y eso se ha visto reflejado en una obra musical maravillosa, más negra y más profunda que la versión con la canción de Pink Martini. “La relación con el músico debe ser muy cercana y es necesario que sea así. Cuando escucho bandas sonoras de películas, sobre todo americanas, la música me suena fría y yo creo que es porque pecan de esa falta de relación”. Después de declaraciones como estas la pregunta de si alguna vez se ha planteado hacer él mismo la banda sonora de sus cortos se queda muy pequeña.

“Un director de cine debería ser una persona que se rodea de gente que sabe más que él. Mariano Marín es 1.000 veces mejor músico de lo que yo nunca sería y creo que el corto es mejor porque Mariano hace la música”. El rostro de Giner cuando nos da las últimas frases, que también serán los últimos brochazos de este reportaje, refleja un inmenso orgullo de una obra en la que ha depositado su vida, su fuerza, su dinero, su ilusión y su amor. Y os aseguro que el amor, a Giner, no le queda grande.

Pedro Moral
Periodista especializado en Cine, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014. Actualmente, prosigue su carrera en diversos medios.