‘Baby Blue’: del lastre de The Beatles a la redención de ‘Breaking Bad’

Todos los que hemos seguido fervorosamente ‘Breaking Bad’ tenemos grabado en el corazón ‘Baby Blue’. Escucharlo nos inunda de melancolía, lo que no sé es si es por la relación que hacemos con el clímax de la serie o si la canción en sí está dotada de ese poder evocador. Lo cierto es que la canción ha re-colocado a sus autores, Badfinger, en el punto de mira, presentando la banda a muchos que no la conocían y desenterrando su valor para los que sí.

Muchos son los artículos que han aparecido sobre la banda desde aquel último capítulo. Es posible que sea redundante sacar otro, pero su historia merece la pena ser escuchada. La historia de una banda potencialmente millonaria que agonizó durante la mayor parte de su carrera, pese a ser autores de grandes éxitos como ‘Without You’, ‘Baby Blue’ o ‘Day After Day’.

La indecisión condujo a la banda entre distintos nombres. The Black Velvets y The Wild Ones serían algunos de los nombres que utilizarían hasta establecerse como The Iveys. La formación configurada por Peter William Ham, Ronald Llewellyn Griffiths, Thomas Evans y Michael George Gibbins conseguiría firmar con Apple, la decadente discográfica de The Beatles. Tras pasar la aprobación de cada uno de los “Fab Four”, la banda pasaría a formar parte del catálogo gracias a la insistencia de su manager, Bill Collins.

Tras lanzar el pobremente promocionado ‘Maybe Tomorrow’ (Apple, 1969), banda y sello decidieron que era el momento de renovarse reemplazando a Griffiths a la guitarra por Molland y con un necesario cambio de nombre: así nació Badfinger. Desde entonces, las penurias se agolpaban en su puerta. Veamos quiénes fueron los culpables de esta trágica odisea musical.

Discográfica

La banda componía sin parar, enviando cada uno de los singles a un sello que siempre respondía con negativas. La desesperación por parte de la casa de discos llevó a Paul McCartney, a cederles ‘Come and Get It’. A pesar de los intentos de la banda por dotarlo de su propia personalidad, McCartney no permitió ningún cambio en el tema y supuso el comienzo de un estigma por el que la prensa no dejaría de compararlos con The Beatles. Así se aseguraban un hit absoluto como el que fue, que poco significó realmente para una carrera siempre zarandeada por agentes externos.

Con cinco discos en su catálogo, algunos tremendamente exitosos, la penosa situación financiera de la discográfica no permitió a la banda disfrutar de su notoriedad. La banda debería ser millonaria y, sin embargo, no tenían frigorífico o televisión en sus casas. El conglomerado de Apple representó la codicia empresarial de los de Liverpool, pero el precio lo pagaron bandas como Badfinger, arruinadas por una pésima gestión y una visión especulativa de la música.

Manager

Desde que Collins, su representante desde sus inicios, conociera a Stan Polley, la debacle se aceleraría por momentos. El magnate empresarial firmaría un contrato con la banda con unas cifras completamente desproporcionadas: los salarios de la banda iban desde 5.959 $ hasta 8.339 $; Polley cobraba 75.744 $. Y esta es sólo uno de tantas estafas que el manager escondería bajo la manga, como los millones en royalties que deberían haber recibido tras la celebérrima versión de ‘Without You’ por parte de Harry Nilsson; la definitiva llegaría bajo el auspicio de la banda en Warner Bros., quienes descubrirían dónde había ido realmente a parar el dinero del grupo.

La cuenta conjunta entre banda, manager y sello estaba pelada. A cero. Todos los adelantos de Warner (llegando a cifrarse 225.000 $ como adelanto por disco) habían desaparecido, las cuentas de los miembros estaban vacías y Polley en el aire, a la fuga. Las llamadas no sirvieron de nada. Las ganancias de su último y bien recibido ‘Wish You Were Here’ (Warner Bros., 1974) no llegaron jamás a la banda, la cual Ham ya había tratado de abandonar y volvió debido a presiones de la discográfica.

Badfinger

No los mayores responsables, pero desde luego no se les puede exculpar. Las tensiones no tardaron en llegar, con despidos a distintos miembros, puñaladas y, como no, el famoso factor “Yoko Ono” con la mujer de Molland, Kathie Wiggins, en otro cruel símil con los de Lennon. La precariedad a la que se enfrentaban diariamente no favorecía la relación entre unos integrantes que, durante todos sus inicios, vivieron en la misma comuna junto a su manager, Collins. Al igual que la constante batalla contra representantes y discográficas.

Todo ello, sumado a los inhumanos problemas económicos, empujaron al cantante y guitarrista Pete Ham a suicidarse la mañana del 25 de abril de 1975. Su compañero Thomas Evans seguiría el mismo ejemplo el 19 de noviembre de 1983, ahorcándose en su jardín tras una agitada discusión con Molland sobre el dinero que el resto de la banda no recibía y Evans sí.

Seguramente haya más culpables, historias y secretos aún sin descubrir. Lo que está claro es la injusticia de una truculenta historia en la que una talentosa banda se vio exprimida por cada engranaje de una maquinaria que en aquella década se daba cuenta de su poder, impune ante el desconocimiento del resto del mundo. Víctimas del nacimiento de la mercantilización de la industria musical, su trágica historia representa uno de los mayores secretos enterrados del rock and roll.
José Roa
Músico y periodista, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2010 a 2014, llegando a ser editor jefe y alcanzando especial repercusión con su columna 'La Guillotina', editada en 2013 y 2014.