La música en la universidad más allá de la tuna

En los Colegios Mayores, las facultades y los festivales existen varias iniciativas de apoyo a la música.

0
894

Sheila Martín y Yaiza Soto

Hay quienes dicen que los años de universidad son los mejores y probablemente no se equivoquen. Es cuando tomas la decisión de enfrentarte a una carrera que abres la veda a una etapa de las que quedan grabadas a fuego en el recuerdo. Probablemente sea el estudio en lo que menos tiempo se invierta, sin embargo, siempre habrá hueco para vivir nuevas peripecias en ese lugar desconocido que después pasará a ser protagonista del día a día. Desayunarás en esa cochambrosa cafetería, pasarás las horas muertas en ese césped que da para tantas cervezas, recorrerás las fiestas de toda facultad y, si te lo propones, puedes incluso llegar a ser una estrella del rock. Aunque cueste apreciarlo a simple vista, en el tiempo de cátedra hay música más allá de la tuna y de su “clavelito, clavelito, clavelito de mi corazón”.

MGMT, Vampire Weekend, Coldplay o Interpol son algunas de las formaciones que compusieron sus primeras canciones entre clase y clase. No es que sea la universidad la mejor plataforma de impulso para este arte que gusta tanto arrinconar desde los entes públicos, pero aún existen algunas propuestas de fomento, para muchos desconocidas, en las que los estudiantes pueden respaldarse. Así es cómo se vive la exigua relación entre música y universidad.

musica-universidad-tuna

Nada más empezar, pensando en la presentación que todo buen estudiante merece, algunas universidades tiran la casa por la ventana y organizan pequeños festivales de bienvenida. El BUM de Murcia y el Benvinguda de Valencia son ejemplo de estos eventos que comenzaron como motivación para el empiece académico y que ahora cuentan con un público masivo. Si antes existía una colaboración considerable del alumnado, con su crecimiento, gran parte de responsabilidad cae en manos de patrocinadores que poco entienden de música y mucho de estrategia comercial. “Como fiesta y forma de dar renombre a la universidad está bien, pero los estudiantes hemos perdido parte de representación”, opina una de las alumnas de la Universidad de Murcia.

Estos festivales, lejos de dejar hueco en su cartel a pequeñas bandas o músicos universitarios, seducen a su público con artistas de la talla de Editors, Wilco o Kaiser Chiefs en el caso del BUM y Sr. Chinarro, Manel o La Habitación Roja en el Benvinguda.

En contraposición, se nos presenta el caso de los Colegios Mayores. Estas residencias de estudiantes organizan jornadas de música en directo, que cuentan ya con una veteranía de casi 20 años y en las que los protagonistas son únicamente grupos formados por universitarios. Ahondando en el tema, encontramos casos como el del ChamiRock, cuya idea “no pretende ser, por su propia naturaleza, una plataforma de lanzamiento para grupos pero sí un evento donde pasar un buen día, con buena música y buen ambiente”. musica-universidad-tuna

Visiones diferentes a la de Dani Gutiérrez, miembro de la banda Calada y responsable del evento del Chaminade, encontramos en otros festivales como el FestiRock o el NegroRock. Uno de los organizadores de este último, Max Martín, nos explica que “aunque la idea nació como actividad festiva y cultural del Colegio Mayor, debido a la gran asistencia de gente y a lo que significa para las bandas ofrecer conciertos con una calidad de sonido superior a la que podrían acceder con su nivel económico, algunas de estas formaciones han llegado a consolidarse como grupos del panorama estatal a un nivel amateur”. Hacha y los Kortantes, Hijos de Chuck Norris o Joe & The Commanders son otros de los valientes que se prestan a estas celebraciones, en las que [inlinetweet prefix=»» tweeter=»» suffix=»»]prima la ilusión por encima del presupuesto[/inlinetweet]: «Es curioso ver cómo colocamos la instalación de las luces, ya que no disponemos de grandes medios. Siempre hay alguien que tiene que subirse a lo alto de los árboles a colocar los focos”.

Javier Burés, miembro de las formaciones Hacha y los Kortantes y Joe & The Commanders, cuenta con su experiencia como músico en algunos de estos certámenes: “Cada festival es diferente. El NegroRock es el más antiguo y es volver siempre a tocar en casa; el Loyola, desde su reforma, es un Colegio nuevo pero muy volcado en este tipo de actividades, y me atrevería a decir que el FestiRock (festival solidario del Johnny) es nuestro favorito”.

Aunque a ojos de puritanos pudiese parecer que estos son simples eventos organizados por inercia en manos de jóvenes, ellos mismos han demostrado el grado de responsabilidad e implicación que conlleva su realización, movida por el anhelo de seguir creciendo y coleccionando anécdotas que van desde “quemar un amplificador de guitarra” hasta sufrir imprevistos con los pedales de efectos teniendo que recurrir “a un amigo que se sabía las canciones, cambiando en el amplificador con su mano de limpio a distorsión”.

Si hay algo que toda banda precise, es un lugar donde ensayar. La búsqueda de locales se hace en muchas ocasiones utópica tratando de enlazar precio y calidad. Para solventar esto y si buscas un sonido mejor que el que pueda proporcionar una cochera cualquiera, puedes acogerte a propuestas como Ensaiamos de la Universidad de Vigo o Club Delta de la Universidad Politécnica de Madrid, esta última fundada en 1982 como iniciativa de los propios alumnos. Ambas proporcionan [inlinetweet prefix=»» tweeter=»» suffix=»»]aulas perfectamente habilitadas y con el equipamiento necesario para que todo estudiante que lo precise pueda alquilarlas y trabajar en sus composiciones[/inlinetweet].

musica-universidad-tuna
Carlos Lázaro, director de la Escuela de Música Moderna en la Universidad de Navarra.

En lo que se refiere a formación musical, la Universidad de Navarra ofrece su innovadora Escuela de Música Moderna, que apuesta por el método Rock School, un modelo de enseñanza de gran éxito. Su director y antiguo alumno, Carlos Lázaro, nos habla sobre la creación de esta iniciativa: “Veía en certámenes universitarios bandas o cantautores con mucho talento y me parecía una lástima que unos años tan importantes en la formación de un músico como son los de la universidad, muchos de ellos no pudieran por tiempo o por dinero, formarse más y mejor en su instrumento o en su voz”.

La demanda por parte del alumnado, que ha dejado a gente sin plaza, demuestra lo urgente que se antojaba esta organización. Carlos, también músico, analiza el papel de la Escuela desde su perspectiva de ex universitario: “En mi época universitaria no había esto y la verdad es que siento envidia cuando les veo en clase pero por otra parte, creo que ellos lo tienen mucho más difícil ahora, porque la competencia es mucho mayor. [inlinetweet prefix=»» tweeter=»» suffix=»»]La música gracias a internet se ha hecho mucho más accesible y donde antes había unas cuantas bandas, ahora hay infinitas de ellas[/inlinetweet]. En la medida en que han aumentado las opciones para el público, se han reducido para el artista”.

Hablando de artistas, en un ámbito completamente diferente, periodismo y música se aúnan para dar lugar al Día del Rock en la Radio en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid desde los estudios de Inforadio. Se trata de una maratón presentada por Alberto Cañas que, durante doce horas, acoge a artistas representantes del panorama del rock nacional. Media jornada que sería imposible llevar a cabo sin ayuda de los alumnos, siempre dispuestos a colaborar. “La cosa se complica a la hora de encontrar músicos dispuestos a venir gratis a la Complutense. Los artistas más mediáticos suelen tener agendas llenas y representantes cautelosos”, explica Daniel Cabornero, organizador del evento. Él mismo cree “que la música profesional se ve poco reforzada, en cambio, estas iniciativas siempre son una gran oportunidad para que los grupos noveles se den a conocer”.

Grupo novel podrían considerarse los granadinos Charlotte, una banda de “indie pop-rock” formada por cinco jóvenes que recientemente plantean cambiar su nombre, dado un giro en su estilo, por Hey, Mister Platypus!. Formándose justamente en el verano pre universitario, en su caso “la universidad no ha ayudado en nada. En varias ocasiones nos han propuesto a tocar en algunas fiestas pero los encargados de los conciertos se creen que organizar un buen espectáculo se trata simplemente de enchufar una guitarra, y obviamente es mucho más que eso”.

Carlos Jiménez, vocalista del grupo, reclama que [inlinetweet prefix=»» tweeter=»» suffix=»»]“la música es un modo de educar, por ello la universidad debería darle muchísima más importancia. Hoy día parece que incentiva más el consumo de alcohol en fiestas que la cultura”[/inlinetweet].

Así lo demuestran datos recogidos en una encuesta, realizada expresamente para este reportaje, a estudiantes universitarios de entre 19 y 23 años. Planteando el supuesto de que sus universidades organizasen certámenes donde dar a conocer músicos emergentes, el 24% mostraron rechazo hacia la idea de asistir, un 56% no se pensarían el ir en el caso de que fuese gratis y, finalmente, sólo un 20% estarían dispuestos a pagar un precio asequible por acudir. Yendo más allá, al porcentaje de alumnos que aseguraron no irían se les adornó la propuesta imaginando que se repartiría cerveza gratis a los asistentes. Todos ellos cambiaron su respuesta de inmediato. ¿Tiene en todo esto algo de culpa la universidad?

Cuando un espacio se ve tan ignorado en lo instructivo y tan magreado en lo económico, los pequeños remedios se hacen imprescindibles. Es el caso de la música profesional emergente, tan poco protegida, que ve en las pequeñas iniciativas la única salvación para limar diferencias entre nuevos artistas y grandes músicos consolidados. Sin embargo, aún queda mucho por hacer. Tal vez si las instituciones públicas ejerciesen completamente como tal, abarcando la educación en todas sus áreas, quién sabe si habría sido necesario realizar este reportaje.