Entiendo el anhelo por conseguir un propósito, la lógica que puede encontrarse en ese momento al pensar que el fin justifica los medios y actuar en consecuencia. Pero esto es un problema. Como artistas, el crisol creativo es positivo y hasta necesario, la posibilidad que aporta el empuje de la fama a desarrollar toda idea que pueda deambular por la mente creadora, dándole salida y cuerpo. Por otro lado, podría calificarse casi de especulación artística el hecho de planear una estética, un estilo musical al conocer el gusto del mercado mayoritario, con lo que se planea una estrategia que, desde mi punto de vista, no se ve enteramente representado en lo meramente artístico.
Al igual que en el primer capítulo, tomemos estos ejemplos como representación, no como únicos protagonistas.
Lady Gaga. Me acerco a terrenos muy farragosos por el simple hecho de incluir en esta atacante sección el nombre de Stefani Germanotta, o como la conocen fuera de casa, Lady Gaga. Respeto su talento, su perspectiva artística como una “performance” constante que abarca variopintos registros y dimensiones, encuentro incluso indispensable su excéntrica figura en una escena pop que pecaba de excesiva uniformidad –la cual de nuevo empieza a formarse en una escalada de imitación a su figura por otras artistas-. Su activismo social y político es digno de elogio, el cual se plasma de igual manera en sus composiciones. Pero hechas las premisas aclaratorias, entremos en faena.
Cualquiera que haya podido toparse con su carrera antes de agenciarse su celebérrimo nombre artístico, dudará si realmente se encuentra frente a la misma persona. Ya sea como Germanotta o con su Stefani Germanotta Band, la estética obviamente era distinta, lo cual no me preocupa, pero sí la música. En sus propias palabras: “esto es lo que viene”, refiriéndose al estilo de música que comenzaba a componer para su primer álbum The Fame (2008). Ya huele a estrategia, una muy inteligente, pero la planificación al fin y al cabo escapa de lo natural que conlleva la música. Es extraño verla en conciertos de piano, versionando D’yer Mak’er de Led Zeppelin con su banda en un estilo que, aunque caía en cierta simpleza inventiva, era un claro ejemplo de rock n’ roll que aun se mantiene en su actitud pero no tanto en su música. Música transgresora en cierta medida para la corriente principal, pero al fin y al cabo parte de ella en un giro de 180 grados de su anterior trabajo. Por ello entra de refilón en la guillotina, porque a pesar de muchos aspectos positivos, su transformación en el paso del rock al electro-pop denota una intención mercantil que no logró conseguir con sus proyectos anteriores y es una pena que un artista tenga que adaptarse a un mercado para demostrar su talento, otra alma al bolsillo del diablo.
Juanes. Shakira. Parece ser que este fenómeno está a la orden del día en Colombia. La cantante comenzó con una mezcla entre la música latina y el rock que significó su incursión en el panorama internacional de mano de su Ciega, Sordomuda, una actitud que dista mucho de la sensualidad que ahora vale como su única facultad y exhibe reiteradamente. Las influencias árabes y latinas siempre han estado presentes, optando por la mezcla de ambos factores que, consiguientemente, pasaron a ser una excusa para vender millones contoneando sus caderas.
Pero el caso más llamativo es el de Juanes. Sus inicios en la banda Ekhymosis distan a años luz del cantante que ahora conocemos. ¿Una banda que pasa del trash metal a la música latina? ¿En cuestión de un disco? No es de extrañar que los fans del rock y el metal lo consideren el Judas del rock colombiano. Nadie sabía de ti entonces y ahora haces giras mundiales, felicidades, pero, ¿acaso va de eso tocar música? No, es de expresar algo interno, de ser auténtico y coherente con lo que sientes y eres; aquí encontramos el mayor ejemplo de la poca decencia que necesitas para venderte en la industria musical y faltar el respeto a todos tus seguidores.
La tentación sigue apareciéndose ante cada uno, algunos deciden mantenerse en su posición y otros prefieren darle un bocado al fruto prohibido. Aunque con Gaga sea un nivel controvertido y mucho más amplio, prueba ligeramente lo que los siguientes acaparan desvergonzadamente. Pero a algunos, incluso el diablo les ha hecho la trampa sin darse tan siquiera cuenta…


