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Batalla de Bandas: Leonard Cohen vs Bob Dylan

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El género de cantautor está de capa caída en un nuevo siglo donde las letras pierden irremediablemente la guerra contra la música, aunque hubo un tiempo donde la literatura abandonó los libros para imprimirse en el surco de los vinilos. Es la época de los años 60’s, donde lo que decían los músicos liberaba o encarcelaba ideas, fue la época de los genios, de las leyendas que se forjaron en el aurora del pop más trascendental. Sin duda, Bob Dylan y Leonard Cohen se conocieron en esos años atraídos por lo increíble de sus obras, que han llegado generación tras generación hasta la actualidad, sin perder un ápice de su valor. Pero ha llegado el momento de asistir a una batalla de estos colosos que preferirían tenderse una mano antes que echar un pulso.

Sería un necio si quisiera ensalzar a Leonard Cohen escupiendo sandeces sobre la carrera del músico más influyente del siglo XX, el tipo que agarró el folk más puro y le concedió la virtud de la trascendencia gracias a versos que son para muchos la mejor literatura de finales de siglo. Ese músico es Bob Dylan y ha escrito e interpretado una decena de himnos que dentro de 300 años seguirán sonando. Compararle con Picasso no es ninguna locura, joder, ni siquiera es una locura compararle con Dios. Y… ¿Es posible que Dios pueda admirar a alguien desde su trono? Sí, si ese alguien es Leonard Cohen. Y no lo digo yo, lo dice el propio Dylan: “Si no fuera Bob Dylan me gustaría ser Leonard Cohen”. Un genio admirado por otro genio. ¿Quién es mejor? Eso dependerá de vuestra religión.

El universo de Cohen son las mujeres, el bourbon, las depresiones suicidas de las que nace el arte más salvaje y la espiritualidad de este mundo lleno de carne, tierra y muerte. Cohen es el tipo que me ha guiado por los rincones más oscuros del ser humano, el primero que cantó utilizando el humor negro como canalizador, el hombre que avala la melancolía como estado natural, el del aura mística, el cantautor que me habló de sexo antes que mi padre… Sólo con esa canción titulada I’m your man Leonard es capaz de humedecer más bragas que toda la discografía de Bob Dylan.

El poeta canadiense es el que abraza mis inquietudes. Me cuesta entrar en las distintas fases espirituales y musicales de Dylan. Es cierto que amo a ese cantautor social que firma The Times They Are a-Chaning, al letrista abstracto que versiona a Keoruak, al autor del primer álbum folk-rock (Judas, le llamaron)  o a ese tipo puesto de LSD que escribió Like a Rolling Stone. Pero por desgracia también detesto al Dylan que besó al Papa después de vomitar tres discos cristiano-evangélicos de dudosa calidad atestados de un góspel histriónico (Saved es, probablemente, el peor de ellos). El músico de Minnesota es sin duda más prolífico (35 discos a 18) pero Leonard Cohen nunca ha dejado de mimar sus versos, porque ese adolescente que se inició en el hipnotismo nació con el aura de poeta. En ocasiones ha usado un lirismo cruel y terriblemente bello para pedir perdón -ahí están los versos de Bird on the Wire: Like a bird on the wire / like a drunk in a midnight choir / I have tried in my way to be free…-, también ha sido demasiado explícito:  lo fue con Chelsea Hotel #2 -que se lo digan a Janis Joplin, la autora de la mamada más famosa del folk- y con Don’t Go Home with your Hard-On, osea, no te vayas a casa empalmado. Cohen sólo fue cursi una vez, con Suzanne, una poesía llena de imágenes inolvidables.

Y Cohen, como Dylan, también se alejó del folk visitando los sintetizadores en el álbum I’m your Man. Pero a él no le abuchearon, es más, de ese disco surgieron un par de himnos, entre ellos Take This Waltz basado en el poema de Lorca Pequeño vals vienés. Una auténtica obra maestra donde los violines y la voz profunda de Cohen endulzan el subconsciente. El tono nasal del de Minnesota no puede compararse con el magnetismo que posee el cavernoso carácter de las cuerdas vocales del hombre que compuso Hallelujah.

Y no, no se me escapa, Cohen también recayó en un estado nebuloso de exaltación religiosa. El poeta se hizo monje. Pero Cohen nunca dejó de ser Cohen y poco después de esa etapa alumbró la canción Light as the Breeze, del álbum The Future, donde hace una oda al cunnilingus con una mirada tan grosera como mística. Desgraciadamente Dylan no ha sabido envejecer tan bien como el canadiense y se ha quedado tan anticuado como la figura del mismísimo Dios.

Por si necesitara más argumentos aquí tenéis las críticas de los dos últimos trabajos de cada uno: Old Ideas de Cohen y Tempest de Dylan.

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Yo no soy un buen abogado del diablo. En cuanto me hice por primera vez la pregunta: ¿Bob Dylan o Leonard Cohen? Me di cuenta de que yo ya tenía mi respuesta, sólo había que profundizar en las diferencias. ¿Lo tendría tan claro mi arriesgado compañero, Pedro Moral?

Dos colosos, sí, pero dos colosos muy diferentes.

Para empezar fuerte tenemos que tener en cuenta que Dylan es un animal cuyo hábitat es la música y todo lo que la rodea. No puede parar de crear. No puede llegar a Benicássim a sus 70 años y tocar Tangled Up In Blue como siempre, como lo hacía hace 40 años, porque entonces no sería Dylan. Sin embargo nuestro gran amigo Leonard sí pudo hacerlo cuatro años antes cantando Hallelujah como lo había hecho toda la vida, con más o menos músicos, pero sin cambiar ni una nota.

¿Por qué? Porque ahí reside la principal diferencia entre los dos. Bob Dylan escucha la música de su alrededor, se nutre de música para modificar su estilo folk de los pueblos de la amércia profunda al pop que desarrolló en Nueva York. De la Rolling Thunder Revue (su feria ambulante musical de los años 70) a Like Rolling Stone (la mejor canción pop de la historia de la música), del rock de guitarras punzantes de su concierto titulado Hard Rain a el reggae de su Live At BudokanCohen, en cambio se nutre del misticismo y el carisma de su propio carácter, pero para ser comparable a Robert Zimmerman hay que ser mucho más.

 

El pasado de Bob está lleno de ruido de bares, de quedarse afónico en locales cantando sin amplificación, de un accidente de moto que quiso arrebatarle la vida, de Woodstock, de Highway 61 Revisited, de Blonde On Blonde, de Blood On The Tracks, de Desire, de cristianismo, judaísmo, de un tabique de vidrio por los excesos… Ha tenido una influencia tan grande en tantos estilos que desde el folk más puro hasta el pop más simplón pueden reclamarlo como referencia de cabecera. ¿Se dará cuenta mi compañero Pedro del lío en el que se ha metido?

El tío Bob lleva más de 50 años conociendo y compartiendo escenarios a todos los músicos más influyentes de su tiempo mientras Leonard finge ser budista para que su mujer le deje algo de tiempo libre. No es que Cohen no tenga virtudes, es que al lado del mayor de los colosos todos parecen mucho más pequeños.

Comparando las dos carreras en su totalidad siempre veo a Dylan brillar como músico por delante de su compatriota, incluso al final de sus trayectorias en las que Leonard ha salido de la bruma de su retiro espiritual por falta de dinero y se ha encontrado con que el maestro continuaba en activo. Porque no considera otra forma de vida. Porque Bob Dylan morirá sobre el escenario. Si es que tiene que morir algún día.

 

Redacción #HTM
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