Batalla de bandas: Oasis vs Blur

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Los años 90 fueron una época brillante con respecto a la música, sobre todo si hablamos del britpop, que tomó forma y ganó adeptos a lo largo y ancho del planeta. Dos bandas se encargaron de que el protagonismo de esta corriente se asociara con varios nombres propios: Oasis y Blur, Blur y Oasis, esa dicotomía que obligó a posicionarse del lado de alguna de estas dos genuinas bandas. En Hablatumúsica recuperamos este conflicto. En un lado J Castellanos, en el otro Carlos Naval. ¿Listos?

Este es un debate mil veces repetido del que a uno le encanta opinar porque siempre ganan los de Manchester. No quiero empezar estas líneas clavando directamente la daga sobre el lomo de Albarn ni mucho menos al de Carlos. Pobre diablo. Admiro profundamente al líder de Blur. Uno de los nombres del presente que ha sabido crear grandes proyectos musicales. Si hablamos de Blur no tengo peores palabras: ha marcado una época dentro de los noventa como excelente segundón de Oasis.

No está nada mal ser eclipsado por Noel Gallagher, Liam Gallagher y su equipo en rotación, reyes de Gran Bretaña. La última banda rock, el himno de guitarras, barro y pecho alzado, los ilegítimos de un Lennon alejado de sus años comprometidos y entregado a los placeres de la cerveza, las cafradas y el hooliganismo. La quinta esencia de la actitud de una estrella, un Mourinho que no resulta repetitivo.

La aparición de los Gallagher en la escena musical fue el verdadero detonante del resurgimiento de la música británica y la última banda que no arrastró ningún tipo de campaña tras ellos. Oasis siempre apostó por lo que eran. Nada menos. Mientras, Blur tuvo que pasar la primera mitad de su carrera desvinculándose de aquel Leisure con el que llenaban salas de jóvenes chicas forracarpetas que coreaban aquella de She’s So High, los de Manchester se bastaban con ser lo que siempre han sido: unos cafres adorables, lenguas viperinas que preferían actuar a pensar, regla dorada del rock and roll. Y Live Forever. Un Albarn vencido tuvo que volver a las islas en un resurgimiento sospechoso de orgullo británico reinventado que ya habían conquistado los Gallagher con solo sonreír. Conquistadores de tierra pisada. Si Blur representaba la estela del buen comportamiento y los modales de clase media bien avenida de instituto de artes en la época post Tatcher, Oasis mostraba al mundo que los obreros no llevaban el peinado perfecto de Alex James ni la pose de incomprendido pasada de Graham Coxon. La calle era la alopecia de Bonehead o la chulería Gallagher.

Blur nunca consiguió marcarse un álbum completo. Oasis lo enfundó a la primera. Dos veces. Definitely Maybe y (What’s the Story) Morning Glory? Dos. Viajes tan perfectos que no les quedó más remedio que seguir buscando repetir la fórmula una y otra vez. Aquí solo fue capaz de hacer la mueca Blur cuando los hermanos vomitaron Be Here Now. Estaban tan blancos como sus orificios nasales. No hay abismo más oscuro que el que sigue al mayor de los éxitos. El disco es tan malo que hasta supone un punto más para la banda del norte inglés. Pese a todo aún sacaron The Masterplan, álbum recopilatorio compuesto por caras B, restos que a Albarn le habría encantado firmar. No es lo único. Don’t Believe The Truth o Dig Out Your Soul seguirían siendo buenos álbumes de no ser porque tienen el sello Oasis. Criticable, pero nunca se vendieron a un sonido nuevo. Think Tank o la forma de continuar Blur sin Coxon, mitad de la banda. Buen disco no exento de cierta dosis de traición. Y así podríamos tirar líneas y líneas en las que siguiéramos explicando una u otra cosa para acabar llegando a la conclusión bendita y única en la que, donde Blur siempre será una buena banda, Oasis será la banda.

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  • Carlos Naval vota por Blur

Vuelven Blur. Vuelve Damon Albarn. Vuelve Graham «gafasdepasta» Coxon. Vuelven los genios que han hecho historia, puesto que consiguieron que en el futuro no se recuerde el britpop genuino de los ’90 como un simple e irónico dejá vu con la única aspiración de conseguir el riff más pegadizo de la historia. Cierto que, en ese sentido, tuvieron la mala suerte de coincidir con su némesis, una pseudo-versión gamberra de los beatles llamada Oasis que tenían más de caraduras que de músicos, y cuya única aspiración era sacar más singles por segundo y pelearse entre ellos. Eso retrasó el camino de Blur al éxito en los estadios, pues para entrar en los lugares donde había más gente por metro cuadrado era obligatorio el la la la y el uh uh, lo que también les facilitó tiempo para mirar con más perspectiva y aprovechar su verdadera genialidad, que de otro modo habría caído en el saco roto de las casacas de los bearskinhat del Buckingham Palace.

Blur cambiaron el guion que tenía previsto el planeta para esos años y remaron contracorriente para hablar una lengua diferente a la de sus contemporáneos. Fueron directos por aquellos que aprecian la buena música y la valoran tal como es, más allá de la reivindicación de la insultante juventud. Cierto que tenían todas las papeletas para ser una versión adelantada de los Backstreet Boys, sobre todo por el aspecto de rubio-kiwi de Albarn como la versión británica de Leonardo DiCaprio, pero incluso entonces cualquiera caía desarmado ante un tema como Sing, que ya marcó desde el principio cuál era la línea. Y no nos engañemos, si miramos hacia atrás, qué melómano desquiciado no prefiere sorprenderse cada mañana con un disco de Blur, con cientos de puntos de vista posibles, que satisfacer su hambre con un poco de comida rápida de Oasis. Es como comparar el sexo del bueno con el onanismo por compasión.

Así, los de Albarn han pasado por todos los tipos de estado de ánimo posible, desde el flamante y dadivoso pop del inolvidable Parklife, que le ganó la batalla en su terreno al (What’s the Story) Morning Glory?, hasta la introspección sentimental de 13. Sin embargo, decir «los de Albarn» es quedarse a medias. Todos sabemos que es una cuestión de duplas, y si a un lado del ring están Liam Gallagher Noel Gallagher, un cantante y guitarrista a cuál más predecible, al otro están Damon AlbarnGraham Coxon, este segundo un músico que era capaz de hacer un riff con acordes que a otros le habrían sonado a chino. Sin hablar de la trayectoria hasta la actualidad de unos y de otros, cabe señalar que ninguno de ellos ha cambiado de filosofía, ni siquiera cuando ha acabado su proyección en ambos grupos, lo que se convierte en un elogio y en una burla según la personalidad que escojamos. Sobre todo si atendemos con rigor a la actualidad musical. No hay que confundirse, el tiempo siempre pone a cada uno en su lugar, y aunque ambos grupos serán recordados durante décadas, no sería justo dar más mérito a grandes temas como WonderwallDon’t Look Back in Anger respecto a la creatividad desbordante de un par de superdotados musicales. Ellos sí han dado su vida por la música.

Pero estamos de enhorabuena, en cualquier caso. Vuelven Blur. Vuelve Albarn. Vuelve Coxon. Allí estaremos en el Primavera Sound. Sin embargo, los estadios tendrán que esperar algunos años más. Eso es cosa de otros.

  • Y tú, ¿votas por Oasis o por Blur?

 

Redacción #HTM
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