Drive | Cliff Martinez

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Probablemente Drive sea la única película que surgió del llanto de un director de cine, en concreto de Nicolas Winding Refn. El tipo se había reunido con Ryan Gosling para hablar sobre un relato del gran James Sallis titulado Drive. Una historia sobre un especialista de cine que aprovecha su talento detrás del volante para conducir en fugas delictivas. Uno de los golpes sale mal y ponen precio a su cabeza. Gosling, que buscaba desde hacía tiempo interpretar a un héroe lo bastante profundo para él, se enamoró del personaje y se metió de lleno en el proyecto. Incluso le dejaron elegir al director. Y ahí llegamos a la reunión entre el actor y Refn que resultó ser un auténtico desastre porque éste último tenía un monumental empacho de antibióticos que le imposibilitaban actuar con coherencia. Sin hablar apenas del proyecto se montaron en el coche y Gosling, para evitar más silencios incómodos, puso la radio muy alta. Entonces sonó Can’t Fight This Feeling de REO Speedwagon y Winding Refn se puso a llorar y a cantar a voz en grito.

“La película tratará de un tío que conduce por Los Ángeles de noche y escucha música pop”, sentenció Refn limpiándose las lágrimas…

Drive es una película que antes de estrenarse ya se consideró de culto. Un filme que un año después ya es pura mitología cinematográfica. Drive fue el mejor thriller de su año pero además marcó un punto de inflexión en los héroes modernos. Con Ryan Gosling haciendo de Driver (el personaje no tiene nombre propio) volvimos al Samurái de Jean-Pierre Melville o al Travis de Martin Scorsese. Pero (y ahí voy) sin su banda sonora Drive sería bastante peor película.

Fue Refn quien, después de rechazar a Johnny Jewel  de Chromatics-que más tarde utilizó ese material para el álbum Kill For Love, osea que todos contentos-, llamó a Cliff Martinez. El director le pidió que imitara el sonido retro de los sintetizadores de los 80’, haciendo hincapié en el pop europeo. Martinez tardó en encontrar esa atmósfera pero acabó por superar las expectativas con una banda sonora oscura y evocadora que parecía hablar más de sus personajes que ellos mismos. Dentro de la BSO se pueden encontrar piezas como On The Beach llena de violencia y ruido, encargada de enmarcar esa escena maravillosa en la que Gosling intenta ahogar en la playa al feo de Ron Perlman o la contradictoria e insinuante Wrong Floor, protagonista de una de las mejores escenas del filme. La del ascensor, todos sabéis a cuál me refiero.

El beso a cámara lenta bajo esa luz que se transforma y ese sintetizador de Martinez componen la escena más romántica y onírica del filme. Los claroscuros definen al protagonista. El beso termina y la pista musical también, es entonces cuando volvemos a la realidad y Drive ataca con mucha (demasiada) violencia a ese desconocido que claramente suponía una amenaza. El protagonista de Drive es un tipo solitario que no busca la violencia pero que no tiene reparos en utilizarla si se ve amenazado. Y siempre llega hasta el extremo.

Pero la línea musical del filme contiene además, o más bien sobretodo, temas pop que construyen no sólo la película sino el recuerdo de la misma en la mente del espectador. Canciones como Under Your Spell del álbum II de Desire y sus sintetizadores llenos de nostalgia abastecen de signos melancólicos la historia de este fulano de chupa hortera (a nadie le hubiera quedado mejor) que conduce de noche por Los Ángeles. Pero sobre todo hay romanticismo, en la película y en su banda sonora. Y el romanticismo es abrumador en secuencias como la del paseo (diurno) en coche con A Real Hero -firmada por Collage y Electric Youth– de fondo. No hay apenas diálogo entre Gosling y Carey Mulligan pero su historia de amor es infinita y en esta escena donde las medias sonrisas dicen más que mil braguetas abiertas la música es la herramienta capaz de reducir a minutos lo que otro director no podría contar en una hora y media. La voz insinuante que gimotea por ese héroe y también ser humano acompañada por esa melodía ochentera ya es parte de todos aquellos que se sentaron en la sala hace casi un año.

Un tema descontextualizado titulado Oh My Love de Riz Ortolani con la voz de Katyna Ranieri (actriz italiana de los 50’) supone un golpe de ironía para el personaje de Gosling que mira desde la puerta como los malos (al final Drive no deja de ser un cuento de hadas) no paran de pasárselo estupendamente a costa de su sufrimiento. La voz operística de Ranieri con Perlman doblándose de risa es otro de los magníficos momentos del filme.

Y entre esta pequeña recopilación de éxitos también encontramos, mira por donde, un tema de Chromatics: Tick of the Clock; de el álbum titulado Night Drive. Todo tiene que ver.

Pero la obra maestra, la canción destinada a enganchar al espectador definitivamente cuando aparecen los títulos de crédito de color rosa se llama Nightcall. A alguien del equipo se le ocurrió meter este tema, bendito sea. El francés Kavinsky es el autor de esta canción enérgica a tres voces que habla sobre un conductor que se siente solo, perdido…  Los carteles fluorescentes se asoman a la pantalla después de un comienzo de infarto y suenan los primeros golpes eléctricos de Nightcall. Lo que sigue es una de las películas más irreverentes, brutalmente violentas, sombrías y extrañas que se han hecho. Después de verla todos querrán tener un palillo descansando en su boca, una chupa con un escorpión detrás, todos querrán conducir por Los Ángeles de noche con electro pop de fondo, todos se apoyarán en la pared con la misma chulería que Ryan Gosling.

Gracias a esta película podemos considerar al actor como el nuevo James Dean.

Pedro Moral
Periodista especializado en Cine, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014. Actualmente, prosigue su carrera en diversos medios.

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