Primavera Sound: Esto no es una cronica

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EL ELEFANTE ESTÁ BORRACHO | por Dani García

¿Os acordáis cuando Dumbo se la pilló doblada? “Picos” de surrealismo semanales

Mamarrachismo. El más exquisito y degradante mamarrachismo del Primavera Sound 2012.

Todo empezó en un avión de Vueling el miércoles por la mañana. La bloguera que escribe principalmente para una publicación cuyo nombre no quiero acordarme pregonaba a voz de butanero a los cien pasajeros del vuelo como se le caían las bragas. Antes, me había dejado parte de la prótesis de mi brazo que tiene un tatuaje de manzana en el autobús, por lo que había corrido los 100 metros detrás a ritmo de Usain Bolt, y fue difícil preparar una siesta mientras el dichoso elemento vociferaba su heterosexualidad, dudoso a la vista que esta chica pueda contener como característica física el sufijo “sexualidad”. Ella, engalanada tendenciosamente, de acento chabacano y tono cancerígeno, solo quería manifestar a los cuatro vientos, a través de las descripciones de su ciclo menstrual y ahogada vida nocturna, dos cosas: “tengo un blooooooooooooog” y, como no, como suele ocurrir en este tipo de plásticos, “tengo un gatooooooooooooooooooooo”. Me parpadeaba en el cerebro esa escena de Requiem Por Un Sueño donde la chica le clava un tenedor en la mano al psiquiatra, pero realmente es lo que le gustaría hacer y no lo hace.

Llegado a Barcelona lo primero que recibí es una oferta para compra-venta de sustancias estimulantes: la ciencia es exacta. Ciudad que piso, ciudad en la me ofrecen drogas. Tengo una mirada muy profunda cuando miro a la gente, eso es cierto. Ya curtido del Primavera Sound de otros años, aún así Barcelona me sorprendió. La ciudad acogía el Halloween de primavera en un concurso de looks esperpénticos que me hacen dejar desangrar la cordura de mi juicio. Mogollón de hipsters destrozando la palabra hipster envasada en paquetitos de plástico. El momento en que la normalidad es grotesca y el grotesco es normal. Cerebros con sobredosis de morfina ante el espejo. Normalidad grotesca y grotesca normalidad que, por cierto, en Madrid iluminamos más con el molesto fluorescente que en Barcelona.

¿iba a un festival de música? Era lo único que me importaba, el mejor festival de música de Europa. Le dije a Berto Barros si quería perder cinco litros en sudor en un concierto, acabé tirando del brazo de Fer Naval, le puse en quinta fila de Black Lips y en la primera nota toda su cepa aragonesa estaba dando hostias como panes a los de su alrededor. Black Lips, sin más, cada concierto tiene una actitud diferente y los americanos despiertan el lado más primitivo de un humano, golpear. Y lo que me gusta golpear. Era miércoles noche, un experimentado en el Primavera sabía que la apertura del Parc del Forum al día siguiente suponía muchos kilómetros en los pies.

Primavera ideal | El elefante esta borracho | HTM

Conocí a la muerte el jueves, y es una de las mejores experiencias espirituales que he tenido. La muerte reflejada en Jason Pierce, el tío de Spiritualized, con el que tuve un diálogo existencialista (que podréis ver en forma de entrevista en unos días) que me recargó el espíritu. Un ser esotérico, vital, de otro mundo, que intenté alcanzar pero que solo llegué a observar el lastre que cargaba. Luego su concierto, que empezó tarde cuando parecía que ya le había dado un chungo, fue chirriante pero probablemente no fuera su culpa sino de mi estado esquizofrénico. El impacto de J. Spaceman me hizo asimilar mal y poco un cartel de jueves al que le faltó la prueba del algodón. Wilco, les admiro enormemente porque son unos genios musicales, pero es una banda que no conecta conmigo; Mazzy Star era una cita obligada en mi super-mega-chuli-app para iPhone que me avisaba de los solapamientos, pero creyendo que iba a tomar té con frutas del bosque aquello se convirtió en el café de la oficina, tenía ganas de ir a cagar; Beirut se ha puesto un poco gordo fanegas, me invita a pensar que ya no tiene tendencias suicidas, y molaba más cuando quería suicidarse, al menos se traía una banda; y Franz Ferdinand, ¡oh, sacrilegio! No fui a Franz Ferdinand. Hice el reventón con Japandroids, reventón del bueno.

En esa madrugada llegó a mis oídos la polémica del diario ‘El Periódico’ con la organización del festival. El periodista del diario catalán Jordi Bianciotto hizo una columna denunciando la poca importancia en el cartel de los artistas locales. Vamos, que venía a decir que ninguno tocaba más allá de las 8 de la tarde. Extrapolado a la escena española es algo que ya comentamos en una de las partes de “Typical Spanish”, las bandas españolas están en cuarta y quinta fila en la creatividad cartelera de los festivales. Desconozco si había roces previos de por medio, pero un arrebato de insensatez, la organización y en concreto su director retiraron las acreditaciones de prensa a Bianciotto y ‘El Periódico’. Que se coaccione a año 2012 la libertad de prensa me parece propio del México tomado por los cárteles, pero en España somos muy dados a pegarnos un buen baño de barro subdesarrollado. ‘El Periódico’ puso toda su maquinaria mediática a funcionar y, según sé por varias fuentes, tenían preparado un editorial con apoyo de los principales periódicos de España pero fue cuando el Primavera echó marcha atrás.

¿iba a un festival de música? Era lo único que me importaba, el mejor festival de música de Europa. Empezamos con buenos bailes el viernes: donde vaya Bigott dentro del universo allí estaré yo, se le notó algo cortado y esta vez no se quitó la camiseta pese a que hiciera un amago. Borja es siempre 100% acierto con su particular espectáculo que solo unos pocos mamarrachos entendemos. De gays a gays y tiro porque me toca, Rufus y Girls: empecé con Wainwright por esa necesidad de tachar en la lista de conciertos a un enorme talento como el americano, empezó resaltando esa desnuda voz, a capella, pero mi carne es débil a los guitarreos del Pacífico y me entusiasmó un concierto de Girls muy completo con tres coristas afroamericanas que dieron florituras vocales al pop chorri-molón de los de San Francisco. Cuando escuché Radio Quito de fondo sabía que era Joe Crepúsculo y procedí a tirar de la cadena del váter para recibir mejor armonía, después The Cure era el momento de disfrutar de la variada oferta de restauración del Primavera Sound, sin desprecio a una de las mejores bandas de los últimos treinta años, simplemente ya había visto la muerte en persona in the stage el día anterior.

Hace año y medio entrevisté a Wavves en el backstage de la Sala Caracol antes de un concierto para el Primavera Club y los quince minutos de entrevista hablamos sobre marihuana. Quiero creer que Nathan Williams va siempre fumado para ser tan malo con la guitarra, porque realmente tiene la misma coordinación guitarra-voz que el doblaje en castellano de El Resplandor. Ha creado una buena imagen de marca este chico con su banda porque éramos unos cuantos macarras golpeándonos ante el aporreo sin sentido de los instrumentos. A M83 fui escéptico y me conquistaron, quizá fue por ese espectáculo visual, quizá fue porque transmiten mucho a su audiencia dejándose la piel, quizá porque el 80% de su repertorio fue dubstep y estamos hoy en día todos que se nos cae la baba con el dubstep, quizá porque echaba de menos a alguien, pero fue un conciertazo. Mención especial al señor saxofonista de M83, llega en taxi, le dice al taxista que deje el motor en marcha, jump in the stage, hace su solo, caja y hasta luego. El puto amo. Me pareció que le reciclaron en The Rapture después.

Luego la buena tralla, y le estoy cogiendo un especial gusto a la electrónica delicatesen en los últimos tiempos, con lo rockero que era yo. Lo de Araab Muzik era batería de metralletas más bien, un tipo que practica cerca de 10 horas al día con el sampler con el resultado que veis en el video. Así una hora, no me puedo imaginar las pedazo de pajas que se debe hacer. Obits de refilón y para cerrar un buen viernes Aeroplane en estado ya de catarsis. De vuelta al agujero del metro en un episodio más de Callejeros Metro Barcelona: una mujer azul, tres mujeres rosas, un hombre invisible, mesascamillas inglesas, morcones gallegos británicos, zanahorios escoceses…

Por un momento quise analizar y lo conseguí. Primero, se ha vendido todo en el Primavera Sound este año, sí, pero la sensación de menos gente respecto a otros años era considerable; algunos detalles como salir poco agobiado del bollo de un concierto me lo confirman. Segundo, un acierto mover el escenario del fondo más lejos (el MINI), aunque haya que andar el Camino de Santiago para llegar a él, pero ahora es sobre una zona asfaltada y no un rally. Tercero, la organización tiene un año más un enorme problema, las barras: si el año pasado fue la tarjeta-timo-acabo-pagando-en-rupias, este año ha sido el campamento de intercambio de camareros con el Optimus portugués; ¿fueron a Portugal en furgonetas y empezaron a recoger jóvenes portugueses al estilo marroquí? Si me pido una copa me gusta que me entiendan, no es una cuestión xenófoba, es práctica porque no quiero hacer mímica y un principio básico del marketing, el primero diría, si quieres vender habla el mismo idioma que el cliente. Lo mismo con los camellos que se cuelan, que no te voy a comprar la droga tío, pero por lo menos hazme una venta en condiciones. Cuarto, ¿ese olor a perro o a tienda de animales de dónde viene? Viene por ráfagas y es realmente desagradable, no se si son las instalaciones o lo trae el propio tufo mar pero lleva pasando varios años.

¿iba a un festival de música? Era lo único que me importaba, el mejor festival de música de Europa. El sábado me recordó alguien de cuando Bon Iver tocaba en el Auditori e iban Perico el de los palotes y dos más a verle, ahora que este señor tiene Grammys; surgió un acalorado debate sobre si, cuando se refugió en el invierno a escribir canciones, se hacía dos o cinco pajas al día. Todo esto con Beach House por en medio claro, porque aunque adoro la propuesta de los neoyorquinos mi teoría es que hay bandas que no son de festivales. En un teatro, vale, en un auditorio, vale, en un festival a las 10 de la noche lo único que me apetecía era cogerme la mantita tumbadito en el asfalto. Misma fórmula para Yo La Tengo, un grupazo musicalmente hablando, no comparto el “cómo mola suicidarse” de los noventa, les respeto pero fueron Yo La Duermo. De paso por Saint Etienne, que es una de las actuaciones más dantescas que he visto por un escenario, la planta de Norma Duval con el tono de Rita Irasema, esperé a Justice con impaciencia para dejar todo mi aparato digestivo sobre el Parc del Forum. Los franceses se atascan en directo con las transiciones, les falta ese punto, pero son otro ejemplo, como M83, de cómo saber exportar talento no-anglosajón al mundo musical dominado por lo anglosajón. Repito lo pringaos que somos. Para cerrar esta edición, Neon Indian, el único artista de todo el festival que no hizo el 80% de su repertorio en versión dubstep. El colofón, toda la indiada española que nos conocemos todos de esta pequeña secta del postureo (y algún guiri etílico que se apunta a un bombardeo) nos reunimos en torno a DJ Coco que como decían @indiescabreados: solo un segundo de transición entre canción y canción. En fin, que tuviera ahí la lista de Spotify Premium, aunque no supiera que existe una función de crossfade editable en segundos muy chula, es lo de menos porque en el estado que estábamos nos caían redondos hitazos como Don’t Stop Believing de Journey y el más break que dance de Johann de la MTV. Todo muy mamarracho.

Vuelta a Madrid en odisea de 12 horas road trip, Arcade Fire y el atardecer en La Mancha quien lo iba a decir que en una misma frase cabrían. Depresión-nostalgia pos Primavera Sound, vacío estomacal, chequear el propio cartel para escribir esta no-crónica me provoca dolor. Quedan 358 días, que me criogenicen y me avisen,

Dani Garcia
Dani Garcia
Periodista. Formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2013, alcanzando especial repercusión con su columna 'El Elefante Está Borracho'. Actualmente prosigue su carrera en Doist PR.

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