2011: El Chillwave como nombre propio

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El 2011 no ha hecho sino confirmar unas previsiones que se llevaban tiempo manejando en muchas revistas de música especializada: la electrónica es uno de los mejores caldos de cultivo para aquellos artistas independientes que buscan romper los límites del manido mensaje de una etiqueta como la «indie». Algunos, como James Blake, ya han puesto los puntos sobre las íes en este aspecto y prefieren ser denominados simplemente como músicos electrónicos que como «vulgares cantautores» o «simples artistas» fuera del circuito de la música prefabricada.

Si este género está llamado a dar mucho más que hablar en el futuro, es un hecho que ya han copado gran parte del público con inquietud musical que busca algo nuevo con lo que satisfacer sus ansias de salir de lo cotidiano. Artistas indescifrables y casi mareantes como Balam Acab ya no son considerados unos freaks por hacer witch house y ahondar en la ruptura de la música electrónica con su idílico affair con la cultura pop. Ahora, encajar todas las piezas de un mecanismo de relojería perfecto y sin ningún margen al error o a la espontaneidad ya no es sólo dadaísmo, ya no es sólo música abstracta, ya no es una fuga o una coral de Bach. De hecho, el espectro de influencia sobre las herramientas que se utilizan desde la electrónica se parecen más a los de estos formatos de lo que se piensa. Tanto que Alec Koone, aka Balam Acab, nunca ha escondido su intención de que su primer trabajo  Wander/Wonder se acercara a la música clásica. Sin embargo, y a pesar de que la música parece tener por aquí una bocanada de aire fresco, tantas veces como he escuchado ese disco, tengo la asfixiante sensación de que la historia se repite, y de que la experimentación musical tiende a alejarse una vez más de los gustos del público de forma casi directamente proporcional a la que lo hace la cantidad de información que almacena internet respecto del saber de un ser humano normal y corriente.

Y ha sido frente a esta corriente que avanza sin frenos donde se ha consolidado una corriente que se inició hace relativamente poco y que algunos daban ya por muerta. Hablo por supuesto del chillwave, que dio a conocer Panda Bear en su exitoso Person Pitch en 2007 y que ha llegado este año a su máxima expresión. Una vez más, ha sido gracias a unos auténticos superdotados contemporáneos a la hora de usar el sampler, el sintetizador y recuperar la sonoridad retro, cuyo origen se remonta incluso a The Beach Boys en su visionaria All I Wanna Do, de hace nada menos que la friolera de 40 años. Así, la rítmica funky, la sonoridad ambiental y los filtros en las voces se han adueñado de algunas de las más interesantes apuestas de estos últimos 365 días, como lo son el trabajo debut de Ernest Green, aka Washed Out, el segundo LP y un EP del conocido Toro y Moi, y el genial disco de Neon Indian, Era Extraña -cuyo título define bastante bien lo que nos espera de cara al futuro-.

Así, un grupo de varios aristas bastante jóvenes nos han podido descubrir los recovecos más apasionantes de la música chill, agotando en gran parte la inspiradora y refrescante visión que hacen de una sonoridad más propia de los años 80. Con canciones que quedan para el Hall de la fama, como Polish Girl o Still Sound, han deconstruído los fundamentos de la música popular sin dinamitar sus principios fundamentales. Eso es lo realmente admirable de este movimiento, que seguramente nos ha llevado al clímax del género, después de mucho esfuerzo y muchos años a la hora de allanar el camino, aunque siempre puede haber sorpresas el día de mañana. Muchas de estas nuevas tendencias fugaces de formatos tan atractivos, una vez alcanzan la cumbre, llegado el momento de su éxito mundial pueden caer sin más de forma definitiva y pasar a ser una imagen más en la vitrina de la historia de la música, que no para el tren por nada ni por nadie.

¿Qué será de esta ‘Era Extraña’? ¿Nos deparará artistas que cada vez tienen que ser más incomprensibles si quieren transmitir un mensaje? ¿Tendrán que unirse a ellos quienes quieran que realmente se les considere como responsables de un proyecto trascendente? El mecanismo de desahucio se acelera todavía más y ya no hay ídolos. La máquina, los circuitos, la red les roba pronto el protagonismo. Estamos adentrándonos una realidad musical apabullante a la que resulta imposible aclimatarse siempre y en cada segundo. Ojalá el mundo de la electrónica no se convierta el año que viene de forma definitiva en ese Leviatán de Thomas Hobbes capaz de dominar todo y de arrebatar la libertad a quienes buscan liberarse de las cadenas del mercado y de los beneficios de la mercadotecnia.

Carlos Naval

Carlos Naval
Carlos Naval
Periodista. Formó parte de la redacción de HABLATUMÚSICA de 2010 a 2013. Actualmente continúa su carrera en diversas compañías del sector de la Comunicación.

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