Carnage | Roman Polanski

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Encerrado entre cuatro paredes, con la posibilidad de salir pero siempre bajo vigilancia. Así escribió Roman Polanski el guión de Carnage junto a Yasmina Reza, autora de la obra teatral homónima en la que se basa el filme. El director se encontraba en pleno arresto domiciliario, en Suiza. Cada página tuvo que pasar por la policía, por un abogado y hasta por las manos de un juez. Sin embargo, viendo Carnage uno deduce que Polanski se lo pasó en grande realizando esta brillante sátira sobre las responsabilidades, los miedos y las apariencias.

La premisa es sencilla, dos matrimonios se reúnen para hablar acerca de la pelea que han tenido sus hijos en el parque. A priori intentarán solucionar sus diferencias de manera civilizada pero poco a poco el encuentro se complica. Como ocurría en ese cuento bizarro de Luis Buñuel llamado El ángel exterminador ningún personaje es capaz de salir de la casa. Y ya se sabe que una de las aficiones preferidas de Polanski es confinar a sus criaturas entre cuatro paredes, ahí quedan Repulsion, Cul-de-sac o Le locataire. Esta vez el director polaco también estaba  encerrado mientras creaba su obra, lo que hace de ella un ejercicio más morboso que ningún otro.

Un sólo escenario (sin contar el prólogo y el epílogo) y cuatro actores. Nada más. Con estas herramientas Polanski alterna escenas angustiosas y situaciones hilarantes durante 80 minutos. No hay tregua. La historia está narrada a tiempo real por lo que los espectadores  son testigos directos de la transformación de una situación que pasa de ser incómoda a tener tintes macabros y surrealistas. El resultado será un intercambio fluido entre la risa nerviosa  y la carcajada limpia.

Los encargados de emprender este oscuro viaje lingüístico son Kate Winslet, Christoph Waltz, Jodie Foster y John C. Reilly, este último sustituyó a Matt Dillon en el último momento. Al comienzo todo son buenos modales, amables gestos y alguna que otra puyita sin importancia. Pero la crispación no tarda en llegar cuando estos cuatro adultos comienzan a quitarse las máscaras. Los cuatro están soberbios. Aunque sí  destacan Waltz, por su cinismo y por sus modales y Foster, por ser el personaje con más contradicciones. El rostro imperturbablemente irónico de él choca, con gran comicidad, con la falsa serenidad de ella. Las hipócritas frases escupidas por unos y por otros moldean los brillantes diálogos. Todos protagonizan momentos pletóricos con altas dosis de un ácido sentido del humor, incluso hay tiempo para gags escatológicos.

Polanski se mueve a la perfección entre las cuatro paredes. Se sirve de un móvil, un libro de arte, una botella de whisky y una docena de flores para poner los puntos dramáticos. Mientras, los primeros planos, que por cierto Waltz agradece (su rostro es perfecto para la comedia negra), son la excusa del director para evitar que tiñan su película de teatral. No seré yo quien la defina así, aunque la película peque de ser excesivamente sencilla. Lo que sí se echa en falta es más mala baba -la que sobra en Death and the Maiden o Frantic-. Polanski no evita que al final Carnage no sea más que un juego de niños. Quizá esa fue su pretensión inicial… pero tengo mis dudas.