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EL ELEFANTE ESTÁ BORRACHO  | por Dani García
¿Os acordáis cuando Dumbo se la pilló doblada? “Picos” de surrealismo semanales


  1. __Profunda curiosidad bucear en los artículos antiguos, no solo por los cambios en las formas (ahora la agresividad es más persistente, hay menos cursilería y el vocabulario es más beligerante) sino porque recuerdan a los viejos y añorados tiempos viviendo en Gotham. Haciendo los cálculos, este artículo se escribió en 2009, primavera, la mejor época para vivir en Nueva York, las sensaciones no son comparables en otra ciudad de este planeta donde, ¡hostias!, ya somos 7.000 millones de habitantes, pero no se salva ni uno.

Esta pieza es para acariciar la piel de la música, donde está su alma, en unos días de vagabundeo por las calles de Nueva York conociendo a extraños personajes y experimentando la sensación de amar este arte. Con el tiempo pierdes ese romanticismo.


El sábado se celebró por segundo año consecutivo el día que hace un homenaje a esa inigualable sensación de comprar un disco en la tienda, apartándonos por unas horas de la artificialidad del «click» a la que estamos esclavizados. El Record Store Day es la fecha señalada para dar las gracias a las tiendas de discos independientes. En este mundo de las descargas online, síntoma de que lo artificial es el pan sin sal de cada día que comemos sin rechistar, viviendo en una sociedad amaestrada por la superficialidad, tener visiones tan cálidas se convierte en harto complicado. Los que nacimos en los ochenta pertenecemos a una generación donde Internet, las listas de reproducción, el iPod…están incrustado en nuestra epidermis, sin saber muchos lo que significa el abrazo de sonido que da el vinilo. Por eso, el Record Store Day aviva la llama que nuestros padres disfrutaban, esa sensación de meterte en una tienda de discos y gastarte la paga semanal.

Bañados en la nostalgia, pero sin olvidar las ventajas de la convencionalidad de nuestros días como el conocimiento infinito de la música que da la Red, me recorrí Nueva York durante tres días en busca del abrazo de la música. Un viaje en busca de esa visión idealista y monitorizada por los sentidos de las generaciones pasadas. Un viaje a algunas de las record stores emblemáticas de Nueva York, muchas de ellas en West Village como Bleecker’s Bob, que nació en el 67 y es un auténtico garaje de viejas joyas con encanto de zarrapastroso, incluso encandila el aire de sucio que cubre secciones como ’80 mod-garage o Surf Instrumental. Otras como Generation Records ofrecen un repertorio de metal finlandés, “algo que no puede decir ninguna tienda de la ciudad”, fanfarronea con frialdad neoyorquina el encargado de la tienda, un individuo llamado Rusty, que nos muestra la extensa y única colección de death metal. Y es que en la Gran Manzana siempre encuentras los especímenes más variopintos de la viña del Señor (o de Lucifer), muchos de ellos salen de sus agujeros a la caída del sol, cuando la ciudad se despierta. Desde viejos perros que llevan toda la vida detrás del mostrador como Gary de Bleecker’s Bob, un tipo al que notas que le falta la moto bajo sus piernas y, a Peter Fonda y Dennis Hopper a sus lados, hasta los numerosos hipsters que se agolpan en la secciones de vinilos de las tiendas de Williamsburg en busca de Merriweather Post Pavilion. Es precisamente a la salida de una tienda del barrio de Brooklyn (Sound Fix) cuando el viaje entra en una nueva órbita, en la de los vagabundos de la música, esa gente que hipoteca sus discos en mercadillos callejeros por amor al arte. Es El Rastro de Madrid por las calles del barrio neoyorquino, aventuras a cajas de desconocidos donde puedes encontrar curiosidades como Songs of the Spanish civil war Vol.2, con Woody Guthrie en el repertorio; bucear con paciencia disfrutando de las sensación del deseo de encontrar esa joya que buscas, de descubrir un inesperado álbum entre la velocidad a la que tus dedos pasan los vinilos.

En esta tesitura en la que mis intercambios de impresiones con los vendedores ambulantes se intensificaban, un hombre que derrochaba aspecto de jugador de billar de bar me hizo viajar a su particular mundo.  Ni siquiera sabía de la existencia del Record Store Day pero tenía tres cajas de vinilos con mayor valor artístico que todas las bandas modernas de Williamsburg. Tres cajas que eran mejores que la tienda entera, abarrotada de residentes del barrio ansiosos por el álbum de Bat For Lashes, de la que venía. Era la voz de la sencillez, y según sus palabras, “vendía sus discos porque le gustaba el desafío de venderlos a gente que apreciara la música y luego recuperarlos en los mismos mercadillos al mismo precio”. Siempre está el amor al arte, sobre todo cuando por doce dólares me llevo el Highway 61 Revisited (o cuando Dylan cambió de marcha y decidió hacer rock), el Greatest Hits (1967) de The Byrds y un directo de 1970 de Steppenwolf, todos originales.

Todo tiene dos caminos que coger, dos caras que mirar, sus ventajas y desventajas. El Record Store Day también es así, y la prueba está en el puñado de vendedores callejeros que hipotecan sus discos cada fin de semana en las calles de las ciudades de la geografía norteamericana. Pero sigue siendo una propuesta acertada de la unión de una comunidad, la de las tiendas independientes, sobre todo teniendo en cuenta la superpoblación de cementerios de tiendas de discos; la ristra de cadáveres que la modernización deja es invisible a nuestra mente adoquinada en la globalización. La música online no se puede comparar a esa sensación de encontrar ese vinilo que llevas buscando varios meses, ese Here are The Sonics de The Sonics original de 1965, a gastarte parte de tu sueldo cada mes en reliquias que engordan tu colección a la que recurres en los momentos más estresantes, a la imagen de idiota que crees que dejarás al vendedor cuando preguntes de quién es la canción que están poniendo, a entrar en esa comunidad del arte de la música que es la tienda, donde si eres demasiado romántico puedes pensar que un disco te encuentra a ti y no tu al disco. Las palabras exactas las pronunció Cameron Crowe, periodista de la Rolling Stone, y guionista y director de películas como Jerry McGuire y Casi Famosos: «Es el alma del descubrimiento. Los posters, las importaciones, los vendedores exigentes. Vas hacia el mostrador y haces la pregunta con la que comienzas el viaje: -¿qué es eso que suena?- Larga vida a la tienda de discos, y a los chicos y chicas que giran la llave que abre esos sueños cada día».

Dani Garcia
Periodista. Formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2013, alcanzando especial repercusión con su columna 'El Elefante Está Borracho'. Actualmente prosigue su carrera en Doist PR.

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