Juan de los Muertos | Alejandro Brugues

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Portada de Juan de los Muertos | HTM

El calor aprieta en La Habana. Un teléfono azul celeste suena, un hombre moreno y flaco descuelga y dice: “Juan de los muertos, matamos a sus seres queridos”. Era cuestión de tiempo que los zombies (cansados de la carne demasiado hecha made in USA) se dieran un paseo por el malecón y probaran algo más sabroso.

Según información oficial del gobierno un grupo  de “disidentes” pretenden acabar con el régimen castrista. El grupo inicial se hace cada vez más grande hasta que hordas de no muertos acaban por abarrotar las calles de la isla. Entre el pánico generalizado aparece Juan, algo así como un héroe, que decide montar un negocio y aprovecharse de la situación. El hambre agudiza el ingenio, ya se sabe. Y en Cuba, como dijo Sabina, están “flaquitos, flaquitos”.

La primera película de zombies de la historia de Cuba pasea plácidamente entre la mofa y la crítica mordaz. De la boca de Alexis Díaz de Villegas (el actor que interpreta a Juan) salen frases demoledoras pero dichas con tanta gracia y con tanta naturalidad que al final perdura el afecto de los personajes por la isla en vez de su marcada apatía por un sistema político. Con la excusa de los no muertos Alejandro Brugués ha rodado un chiste violento, divertido y con un mensaje afiladísimo.

Juan de los Muertos es “la nueva revolución cubana”, como anunciaban en algunos carteles. Con un presupuesto irrisorio Brugués ha realizado un ejercicio desternillante que se nutre de acción bien hecha y de sentimentalismos poco alimentados. Contiene matanzas que recuerdan a la maravillosa Zombieland y se apoya en un ritmo semejante al de Zombies party (la primera gran comedia sobre zombies).

A pesar de su corta duración, 94 minutos, a la película le sobra metraje. El final está alargado hasta la saciedad y hay personajes que sobran, como ese americano interpretado por Antonio Dechent, que por otro lado es un verdadero animal de la actuación, que conste.

Juan de los muertos | HTM

Andrea Duro, esa actriz que parió la serie Física o Química, tiene aquí un papel vital. ¿En qué estaba pensando Brugués? No se puede estar más sosa y menos creíble.

Afortunadamente la película se nutre de sus hallazgos y no de sus lastres. Hablo, por ejemplo, de escenas como la del baile que se marca el protagonista con un zombi, una danza a vida o muerte a ritmo de salsa.

El personaje de Juan y su inseparable amigo Lázaro (Jorge García) son dos héroes en un lugar en el que no hay sitio para las heroicidades. Huir de la isla o quedarse. Los zombies son sólo un pretexto para reírse de un problema que se alarga demasiado. Antes se llamaba Fidel y ahora se llama Raúl. La contradicción marca el destino de estos dos “sobrevientes”.

Por Pedro Moral