Millennium: The Girl with the Dragon Tattoo | David Fincher

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Scott Rudin es un señor gordo, con barba de tres días y calvo. Su trabajo es producir películas y entre ellas podemos encontrar joyas como The Truman Show, There Will Be Blood o The Social Network. Tras terminar el rodaje de esta última, Rudin compró los derechos del fenómeno literario de Stieg Larsson. Ya se habían hecho tres películas en Suecia, correctas, pero podían mejorar. El elegido para dirigir la nueva versión fue David Fincher, el genio al que antes le había producido aquel drama shakesperiano sobre Facebook. Rudin no es tonto, solo una mente privilegiada como la de Fincher puede hacer algo tan genuino basándose en un bestseller. Aún así, Rudin le aconsejó que leyera los libros de Larsson. El director de Seven ignoró el consejo, claro.

Fincher se leyó directamente el guión de Steven Zaillian (el hombre que escribió Schindler’s List o American Gangster) y con eso tuvo suficiente. El terreno era sombrío, perverso y brutal.

Ningún director es capaz de elevar su película a la máxima expresión de la belleza, de la violencia o del suspense, según toque, como lo hace Fincher. El realizador americano explora el lenguaje cinematográfico hasta crear nuevos límites. Estira la capacidad de expresión de las imágenes como si manoseara un chicle. Cuando no consigue una obra maestra consigue un peliculón.

El tiempo tendrá que pasar por Millennium: The Girl with the Dragon Tatto antes de poder clasificarla. Pero como mínimo nos encontramos ante un thriller oscuro, denso y gélido que nos calará hasta los huesos. Fincher ha rodado la película en Suecia y la ha dotado de una frialdad hipnótica, empezando por los títulos de crédito (una maravilla visual). La historia la cuenta despacio, y las escenas más escabrosas (los que se han leído el libro saben de lo que hablo) las narra con rotundidad y crudeza. Pero lo que más fascinación acarreará alrededor del filme serán los personajes principales. Ni la atmósfera de Seven, ni los diálogos de The Social Network, ni el lirismo de The Curious Case of Benjamin Button, esta vez Fincher ha construido unos protagonistas poderosísimos que caminan entre la heroicidad y la miseria. Dos personalidades magnéticas que se ven atraídas a pesar de ser contrarias. Una historia de amistad y amor trastocada por violaciones, asesinatos y crímenes nazis.

Él es un periodista con dotes de investigador al que desacreditan por publicar un reportaje fraudulento, su nombre es Mikael Blomkvist y su cara es la de Daniel Craig. Un rostro duro, unos ojos de un azul brillante y una pose de perdedor atractivo son motivos suficientes para creer en las infinitas posibilidades del último James Bond. Rudo pero sensible, Blomkvist se convierte en el único amigo de Lisbeth Salander, la mujer con un dragón tatuado en su espalda. De un casting por el que pasaron Scarlett Johansson o Carey Mulligan Fincher se quedo con Rooney Mara (la novia con la que corta Jesse Eisenberg al comienzo de The Social Network). Otro acierto más de Fincher.

La recién llegada hace un trabajo insuperable. Con su mirada es capaz de mostrar desde el abandono más desesperado a la venganza más colérica. Hermética, extraña y delicadamente bella. Hay mil razones para amar a esta nueva Lisbeth.

Pedro Moral

Pedro Moral
Periodista especializado en Cine, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014. Actualmente, prosigue su carrera en diversos medios.

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