Un tipo analógico en una era digital

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Como muchos aspectos de nuestra cultura contemporánea, la revisitación de antiguas tendencias o costumbres, sobre todo en el arte o la moda, es algo cada vez más común y a la vez característico de la personalidad colectiva de nuestra sociedad. Grupos actuales que reviven el sonido de hace más de cuatro décadas o, en cuanto al tema que toca abordar, la resurrección de un soporte al que se dio por finiquitado comercialmente hace mucho tiempo: el vinilo.

La industria, igual que nos lo quitó, nos lo devuelve. En una época en la que entre ipods, ipads, smartphones, mp3, mp4 y demás inventos atraen a la mayoría de consumidores, resurge el vinilo, en contraposición a todo lo anterior. ¿Y por qué voy a comprarme un reproductor que ocupa medio salón y un disco que no cabría ni en un microondas, teniendo un aparato que cabe en un bolsillo en el que puedo almacenar miles de canciones? Para que quede claro, no soy un experto en audio, ni un ingeniero, ni nada parecido, simplemente amo la música, y como todos los que sentimos como yo necesitamos que la música te diga algo, toque algo profundo y no simplemente vaya en una cajita fácil de llevar. Cada cosa tiene su sitio y, como es lógico, no te vas a llevar el tocadiscos para ir escuchándolo en el coche, para eso tienes tu reproductor (de la marca que sea) en el que llevas tus 8 gigas de canciones y tan contento. Pero ese momento en el que realmente quieres disfrutar del sonido, en el que te sientas tranquilo, cierras los ojos, y lo único en lo que centras tu atención es la música, ahí desde luego el vinilo no tiene parangón. La calidez del sonido, esa sensación compacta de los instrumentos deslizándose conjuntamente por el aire, eso es lo que realmente te vende el vinilo frente a la frialdad de lo digital. Navegando un rato por la red te encuentras con cientos de discusiones sobre cuál es mejor, cuál te ofrece una mejor calidad; lees durante horas datos técnicos: por un lado el problema no es del cd, si no que es del lenguaje informático, por otro lado se pierden frecuencias en el vinilo, o los altavoces actuales están adecuados a escuchar música mal masterizada y en los 60 los equipos hi-fi eran los mejores. Al final empiezas peor que acabas cuando la solución era fácil desde un principio: relájate, escucha un álbum y déjate guiar por tus sentidos. Aunque caso aparte es el del mp3, que eso ya es un ataque directo a la integridad de la grabación con tal de ahorrar espacio pero claro, al fin y al cabo nos dejamos llevar por la comodidad.

Cualquier edición en vinilo trae consigo una presentación muy cuidada, libretos, fotos y el arte que acompaña y complementa a la música. La mística que lo rodea, el hecho de que al cogerlo estás sosteniendo en tus manos, literalmente, la música que un determinado artista ha creado te otorga todo lo que necesitas como melómano. Por si no ha quedado claro, esto no es una comparación objetiva ni técnica de un formato u otro, pero cuando escucho los surcos del vinilo y el roce de la aguja con estos siento más cerca al grupo que estoy escuchando que si le doy al play en el winamp, podría incluso jurar que están en la habitación de al lado.

Ahora está de moda y el hecho de preferir el vinilo parece transformarte en un snob, y mucha gente, como todo en la vida, lo hará por este motivo y desde luego es lo que la industria pretende promover (además de ser un intento, ya veremos si fallido o no, de reducir la piratería), pero el vinilo tiene esa magia que lo digital hace desaparecer.

Mientras escarbas e indagas, buscando una respuesta o una conclusión más versada sobre el tema, descubres que la discusión va más allá del formato, mejor dicho, antes que el formato y esto es algo muy preocupante desde la perspectiva creativa. La tendencia actual marca que en el proceso de producción de un disco el volumen tienda a subir para sonar siempre más fuerte que la competencia, con la consiguiente perdida de definición y calidad del sonido; al emitirla en la radio, cuanto más alta la canción más fácilmente permanece en la memoria del oyente (como ejemplos extremadamente opuestos, comparad al mismo volumen en el reproductor el “Death Magnetic” (2008) de Metallica con el “Nevermind” (1991) de Nirvana). Es un hecho fácilmente perceptible pero en el que no se hace hincapié hasta verlo claramente.

La tecnología avanza y las personas nos vemos “obligadas” a avanzar con ella, pasamos de válvulas a transistores, de vinilos a cassettes, de estos a cd´s y finalmente a información pura e intangible. Lo analógico podrá ser más caro, inestable y perecedero, no lo niego, y cada vez lo digital reproducirá con más fidelidad lo grabado, pero al igual que muchos músicos graban una jam en directo buscando ese “feeling” que logra transmitir, más que la perfección y la exactitud en la ejecución, lo mismo buscamos nosotros como amantes de la música, que nos llegue y nos transmita algo. Pero, ¿para qué discutir? Para disfrutar completamente de la música vamos a un concierto, que ahí es donde la vives realmente.

Así que con esto me estreno. Si te has quedado con ganas de dar tu opinión, adelante. ¿Eres digital o analógico?, ¿has escuchado ambas versiones de un mismo álbum?, ¿y cuál te ha gustado más? Esperamos tu contribución.

“Mientras escribo: escucho el “Queen” (1973) de Queen, y en vinilo.”

J. Roa

Berto Barros
Berto Barros
Creador y director de HABLATUMUSICA.COM.

2 COMENTARIOS

  1. Analógico a tope. La primera vez que escuché mi Queen II en vinilo es una experiencia que jamás he podido repetir. Y hablando de volúmen, escucha el mismo disco en cd y en vinilo, pero en volúmen alto, si no bajito…flipas.
    Un buen giradiscos y unos buenos auriculares donde Jim te cante poemas…poco más se puede pedir a la vida.

  2. yo comparto mi opinion con el gran neil young y que comentas bien en este artículo, de que los CD son superficiales, les falta la profundidad del sonido analógico. Donde antes había todo un universo de sonido, una zona de ecos y ruido, millones de partículas sonoras, ya no hay nada.

    el hecho de escuchar un vinilo lo convierte en algo especial, un ritual para disfrutar de la música en toda su esencia

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