Ayer llegó a la redacción de HABLATUMÚSICA un estudio encargado por Spotify a la Doctora en Psicología Clínica, Emma Gray, que revelaba que escuchar el género de música correcto mientras se estudia incrementa la concentración. Hasta ahí todo correcto. Como ya desvelaron otros estudios anteriores (en la dos de TVE algo sacaron hace poco) los alumnos que escuchan música clásica mientras estudian alcanzan una puntuación media de 12%.

La bomba del estudio llega cuando Spotify revela que escuchar ‘We Can’t Stop’ de Miley Cyrus y ‘Mirrors’ de Justin Timberlake tienen un efecto calmante en la mente, lo que propicia el pensamiento lógico, lo que a su vez, siempre según la doctora Gray, permite al cerebro aprender y recordar nuevos datos.

Pero hay más, con asignaturas como Lengua, Literatura o Arte el estudio revela que es bueno escuchar música pop y rock emotiva, como ‘Firework’ de Katy Perry o ‘I Can’t Get No (Satisfaction)’ de The Rolling Stones. Estas canciones producen un elevado estado de excitación que ensalza la creatividad, o eso dice Emma Gray.

Para comprobar la verosimilitud del estudio mandamos a dos redactores que salieran a investigar, esto es lo que sacaron en claro:

La experiencia de José Roa

No pude resistir la tentación de probar por mi propia mano este estudio “publicientífico”. Algo no casaba enteramente y yo, pobre inexperto, me dispuse a buscar una mente ilustrada que contestara a todas mis preguntas.

Encontré esas respuestas en Julia Silva, directora del centro de psicología y salud Terapia Y Más. Si bien ella no era conocedora de la información que nos empujó a buscar una explicación, la información que me proporcionó salvaba todo desconocimiento de antecedentes que yo, escéptico por naturaleza, erróneamente suponía obligatorio. Efecto de sonido irrelevante, ese término que de memoria pudo transmitirme la psicóloga significa que todo ruido continuo dificulta la concentración y la retención de memoria, como fue publicado en julio de 2010 por Applied Cognitive Psychology, un periódico científico de la afamada editorial Wiley; un detalle a mi parecer a tener en cuenta antes de señalar ‘We Can’t Stop’ -cuyo machacante sintetizador atraviesa la canción cual motosierra- como un tema apropiado para estudiar.

Pero esto no es lo único contradictorio con la teoría presentada por Spotify. Como también pudo informarme Julia Silva, la música idónea para estudiar requiere ciertos parámetros. La música barroca, como indica Spotify, ayuda a retener la información en mayor medida; el truco es que es una investigación de los años 50 y 60 conducida por el psicólogo búlgaro Dr. Georgi Lozanov. En adición, se recomiendo el uso de música instrumental, ya que las letras interfieren en la memorización que se debe llevar a cabo a la hora de estudiar, un requisito que sólo el ‘Para Elisa’ de Beethoven cumple dentro de la lista de la compañía de streaming musical.

Todo esto podría compararse con el conocido “Efecto Mozart”, un experimento en el que la psicóloga Frances Rauscher y el neurobiólogo Gordon Shaw ponían diez minutos de una pieza de Mozart a 36 personas y, según sus resultados, mejoraba su razonamiento espacio temporal, experimento secundado por la revista ‘Nature’ en 2003 y, sin embargo, desmentido por el Ministerio alemán de investigación con un estudio a 3000 personas. Al fin y al cabo, cualquiera de estos estudios aún dista mucho de ser científicamente definitivo.

La experiencia de Pedro Moral

La suerte de tener una hermana adolescente es que puedo acceder cuando quiera a los sinsabores y complicaciones de la edad más salvaje e incómoda de la vida de un ser humano. Ayer tras leer el estudio me pregunté qué impacto tendría en su vida la noticia de que si empezaba a escuchar a Katy Perry podría por fin aprobar Lengua y Literatura. Cuando atravesé la puerta de su habitación me encontré con ella y dos de sus amigas.

Les propuse escuchar Katy Perry -’We Can’t Stop’ de Miley Cyrus habla de drogas y no me parecía adecuado- mientras leían un par de párrafos de su libro de literatura.  Tras unos diez minutos con la pista en bucle esto es lo que me dijo Carolina, de 16 años: “Pues he intentado memorizar este párrafo sobre la Generación del 27 pero con ‘Firework’ de fondo ha sido imposible porque constantemente me venía el estribillo a la cabeza. La verdad es que me daban más ganas de ponerme a bailar que de seguir estudiando”.

Pensé que igual probando alguna de sus facetas artísticas podría comprobar si efectivamente la dulce voz de Perry aumentaba su creatividad… Volví a poner la canción y les dije que dibujaran, escribieran poemas o que hicieran la actividad que se les antojara. Y tras unos 20 minutos esperando entré a la habitación y me encontré con que una había hecho un par de fotos artísticas en Instagram, otra una firma “guapa” para pegarla en las farolas y la última había confeccionado un ramo de flores con papiroflexia.

Conclusiones

No parece que las conclusiones de la profesora Gray sean similares a las nuestras. Cualquier estudio científico-musical es siempre de interés, pero siempre y cuando no sea una repetición de otros llevados a cabo durante décadas. En la comunidad científica eso no pasa desapercibido. Las canciones escogidas por el estudio encargado por Spotify no resultan las correctas, aunque la primera mención al ‘Para Elisa’ intente desviarnos de la pista publicista que, de hecho, no ha sido disfrazada como para ser ilocalizable. Si no es comprendida de la manera correcta, esta recomendación por parte de la empresa sueca puede llevar, inclusive, al resultado contrario, obviando la responsabilidad social que siempre ha de prevalecer por encima del interés promocional.

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