Intrusismo benevolo

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Frank Sinatra fue una de las primeras estrellas musicales en encapricharse con el séptimo arte. Mucha voz, pero como actor, el italoamericano más famoso de la historia, era más bien mediocre. En parte porque no tenía fotogenia, era bajito y feo, por mucho que Ava Gardner dijera eso de: “Frank pesa 50 kilos. 45 de ellos corresponden a su pene”. Tras él muchos han sido los intrusos -al revés también pasa, claro -leed el último Elefante– pero pocos han llegado al atrevimiento de RZA, el rapero y productor neoyorquino ya no solo juega a ser actor, ahora dirige.

RZA o Bobby Digital  pasó de componer letras sobre mujeres, drogas, alcohol y armas para construir bandas sonoras. Su primer éxito llegó con Ghost dog, un trabajo que apenas se diferenciaba del estilo de su banda de hip-hop inspirada en las artes marciales, Wu-Tang Clan. No tiene mucho mérito. Pero Tarantino llamó a su puerta para pedirle ayuda en la BSO de Kill Bill, Volumen 1. Estamos hablando de Tarantino, el tipo cuyas bandas sonoras son una lista de descubrimientos que pasan a ser una lista de clásicos. No solo RZA hizo bien su trabajo, sino que dotó a la BSO tarantiniana de algo que no tenía, continuidad entre hit y hit.

Su contribución al cine era exitosa, pero el rapero de Brooklyn quería más. La interpretación no le pareció muy difícil y se entrometió. De nuevo. Y aunque no es tan brillante como en su faceta de compositor, tampoco desentona. Y si ha trabajado con Jim Jarmusch en Coffe and Cigarettes, con Ridley Scott en American Gangster, con Judd Apatow en Funny People o rifándose a Meagan Good con David Duchovny (batalla perdida) en Californication, no será tan malo. De hecho, es más carismático y menos mainstream que Justin Timberlake, otro intruso que tiene la suerte de haber sido llamado por David Fincher y haber compartido plano con Clint Eastwood.

Pero había hambre de más. No se sabrá nunca si Tarantino le ha apadrinado su capricho porque quería premiar su buen trabajo en la banda sonora de Kill Bill o porque simplemente ambos comparten una obsesión enfermiza por el cine oriental de artes marciales. Además, este capricho titulado El hombre de los puños de hierro tiene guión de Eli Roth. Y aquí es cuando ha RZA le ha explotado el globo de chicle en la cara. La película es mala. Le sobran tres cuartos de hora, los personajes son ridículos, RZA tiene sentido del ritmo musical, pero no tiene ni idea de medir el ritmo cinematográfico, ni siquiera la sangre gratuita llena los espacios aburridos. Algunos la defenderán como gran película de serie B, pero que no nos engañen, la serie B nunca ha estado en los cines, tiene otras vías de exhibición que NO VALEN 9,20 EUROS. Ser un hombre renacentista no es fácil. Que alguien pida a RZA que vuelva al intrusismo benévolo, ese de las BSO y de los papeles secundarios.

Pedro Moral
Periodista especializado en Cine, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014. Actualmente, prosigue su carrera en diversos medios.

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