Lost In Translation | Soundtrack

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“No volvamos aquí nunca porque no será tan divertido”, dice una jovencita Scarlett Johansson interpretando a Charlotte.

Sofia Coppola escribió esta película basándose en una anécdota de su padre o en una de su ex, Spike Jonze; no está del todo claro. En cualquier caso este precioso filme que retrata la soledad de dos personas en Tokio -y una amistad tan pura que hasta duele-  es la obra maestra de la que fue la hija (vapuleada) de Michael Corleone. Bill “perdido en el tiempo” Murray, es la figura sobre la que recae todo el peso de una película que muchos dirán que no cuenta nada. Es cierto que no hay clímax, que no hay un guión ortodoxo que camine entre las fórmulas que vienen en esos libros escritos por tipos que no han escrito un buen guión en su vida, pero dentro de Lost In Translation hay una enorme fuerza sentimental que abrumará a cualquiera que se deje llevar. Dicen que esta película se siente distinta dependiendo del día en que la veas…

Coppola narra con un fino, colorista y original estilo esta historia de personajes que están solos y rodeados de gente con cuatro pilares fundamentales. Uno es el gran Murray, otro es Johansson, por supuesto la ciudad de Tokio y por último la maravillosa banda sonora, llena de una melancolía diseñada con toques electro pop que le llenan a uno el corazón de de luces, de humo, de rascacielos y de pasos de cebra superpoblados.

Tommib, de Squarepusher, es un buen ejemplo del sonido que Coppola buscó en todo momento para su segunda película. Una canción que abruma con su nostalgia prefabricada muy en el tono industrial y alienado de una ciudad como Tokio.

Pero las enormes cristaleras, los tumultos y las miradas silenciosas en ascensores no son lo único que puebla esta película llena de un humor bastante retorcido. Ahí está Murray mirando perplejo como una prostituta de lujo le dice en un inglés raro “rásgame las medias” en una de las escenas más delirantes. O aquella en la que va a un programa de TV donde el presentador parece tener un grave problema de esquizofrenia. O la juerga que acaba en karaoke donde además suena el temazo de Phoenix, Too Young.

Pop en las venas y una letra con mucho que ver con las carreras nocturnas en la ciudad japonesa. El insomnio que combate Murray y también Johansson traspasa a los sonidos que se entrelazan en la línea musical del filme. Y ahí aparece la poderosa figura de Kevin Shields, el líder de My Bloody Valentine escribe cuatro canciones para cuatro momentos bastante impresionistas de esta extraña historia de amor, por ejemplo City Girl:

Shields también incluye Sometimes, un tema de su banda que dibuja los sonidos de la vuelta a casa tras una noche muy larga que ojalá lo hubiera sido más. Coppola también incluye una canción del grupo hermano, The Jesus and Mary Chain, y no es otra que quizá la más importante de la película. Con la que baja el telón. Just Like Honey. Cuándo suena en la película uno no puede ver nada porque los ojos están demasiado húmedos…

El álbum físico de esta banda sonora incandescente contiene un bonus track. La voz de Bill Murray entonando el More Than This de Roxy Music. El corte pertenece a la escena del karaoke, una de las mejores escenas de la película. En ella Johansson, tras entonar un single de The Pretenders con bastante gracia le pasa el micro a Bill y este convierte una secuencia en principio sólo divertida en una de las más complejas y sensibles. Atentos a las sonrisas de ella. La escena cierra con el cigarro de después, claro:

Pedro Moral
Periodista especializado en Cine, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014. Actualmente, prosigue su carrera en diversos medios.

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