¿Quién diablos es Mozart?

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¿Quién no se enamoró alguna vez de Anita Ekberg? Mastrioianni matando el cigarro por no consumirse a sí mismo en aquel baño lleno de vida en un Trevi de blanco y negro postguerrero. Impepinable argumento en forma de sueca el de la insinuación sobre la muestra.

El problema de las materias artísticas -y de la Educación española en general- era esa falta de insinuación, esa muestra en bloque incapaz de seducir al pequeño alumno, piedra sin pulir que se quiere trabajar a base de bloques de hormigón armado.  Entre todas ellas: la Música. La materia es -era- una asignatura que podría resultar incompleta, carente de un estudio inteligente que determinase qué podría resultar atractivo para el estudiante. Tanto la primaria como la secundaria deben ofrecer al alumno conocimientos con los que encandilarse, capacidad de seducción. Insinuar siempre es mejor que mostrar.

Ahora el dedo de Lucía Figar, Consejera de Educación en Madrid, apunta directamente a Mozart, Schubert, Elvis o Joe Strummer. Parece que la asignatura de Música tiene los días contados en Primaria en favor de más Matemáticas. Así lo cuentan las diferentes fuentes de profesores madrileños que se mueven por Internet. La Música va por gustos, los números son lo que son y no admiten críticas.

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Mastrioianni descompuesto ante el poder de Ekberg en ‘La Dolce Vita’.

Sabemos de sobra que el mundo actual está formado por números. Todos somos porcentajes hambrientos, PIB, Primas de riesgo y un bloque de números que están en paro y pendiendo del futuro que la minoría decida para nosotros. Hoy el Gobierno dice que las familias son un 20% más ricas pero no se dice que hay más pobres, ni españoles menos libres. Es el poder que tienen las cifras; cada uno toma la suya y no admite debate. Detrás de cada número no hay historias personales sino más cifras con las que el ministro de Economía desayuna y que con las que el de Hacienda cena. Este sistema nos ha llevado a un mundo en el que el pensamiento crítico no es plausible si no viene acompañado de datos. La Filosofía no resulta importante porque recae en el pensamiento humano, no en la lógica matemática. No es importante.

El Ministro y su ministerio han decidido que es más importante estudiar los tejidos que el animal. El número crea ciudadanos eficientes que no dedican su tiempo a pensar si una decisión gubernamental es correcta o no. Si eliminamos el pensamiento crítico, del que la música tiene gran importancia, no tendremos ciudadanos críticos. No habrá pensamientos, sí números. Y si hay que pensar, que se piense en Religión, en Dios y en el Papa, que siempre ayuda a consolar las almas.

J. Castellanos
Periodista. Formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014, llegando a ser redactor jefe.

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