Kyuss | Blues for the Red Sun

El desierto es un lugar insólito y misterioso. Es, quizás me precipite o quizás me quede extremadamente corto, el único lugar en el mundo donde la energía fluye entre los recovecos arenosos de una manera sobrenatural, aunando los secretos poderes celestiales con la curtida crudeza terrenal. Tantos han buscado la redención, una visión trascendental que guiará derroteros ya perdidos, otros conocen de la existencia de ese algo y simplemente acuden a su crucial llamada.

Un paraje de tan enigmáticas condiciones inspira un particular estilo de arte, entrega unas herramientas inauditas que raramente se podrán encontrar en otra localización. Al igual que las inabarcables extensiones del desierto sin oasis, Kyuss tradujo el lenguaje de la arena como un jeroglífico que lucha por no ser descifrado, transcribiendo el ambiente sobrecogedor nota a nota hacia una música árida y adusta, retazos que te elevan al cielo que gobierna la estepa de tierra y sudor.

Ante todo, señalar que es probablemente la banda de culto por excelencia en los últimos 30 años, siendo padres fundadores del stoner rock y habiendo ejercido una influencia colosal en multitud de bandas actuales y perfilando gran parte del rock actual. Su oscuro y contundente estilo recoge detalles contemporáneos a su carrera como el grunge, a una de sus mayores influencias como es el doom metal de Black Sabbath y habiendo calado en el sonido de bandas de renombre como Metallica, compañeros del desierto como Fu Manchu o Monster Magnet, así como podemos atisbar a día de hoy una emergente escena europea que se nutre del sonido que conformaron los californianos, en bandas como Truckfighters o Triggerfinger.

Tras un primer álbum del que la banda, compuesta por cuatro tipos que aun ni siquiera eran mayores de edad según la legislación estadounidense, no se encontraba totalmente satisfecha con su resultado final y cinco años de conciertos constantes en las denominadas generator parties (fiestas del generador) en el desierto, lograron conseguir replicar su pesado sonido de directo en el estudio, gracias a la sabia mano de Chris Goss en la mesa de mezclas. En el momento en el que entraron para grabar Blues for the Red Sun (1992) su situación y su estatus les permitían sentirse en una situación más cómoda, la cual daba una mayor facilidad a la hora de comenzar el trabajo de este álbum.

La concepción del disco marca una evolución notable sobre su anterior trabajo, abriendo el espacio sonoro en el que comienzan realmente a desarrollar su faceta psicodélica y de space rock, vista en 50 Million Year Trip. En su conjunto, este álbum se podría decir que es principalmente instrumental, aunque en tan solo cinco canciones de catorce no aparezca la voz de John García; catorce, claro, si contamos el corte final Yeah de 4 segundos, donde lo único que escuchamos es al cantante diciendo dicha palabra, actuando al fin y al cabo según su edad, sin tomarse a sí mismos tan en serio como a día de hoy les corresponde por su reputación.

Kyuss | HTM

A pesar de que Josh Homme dijera que en su momento no conocía demasiado sobre Black Sabbath, en Molten Universe se aprecia la fuerte influencia que ejerce sobre la banda, con un riff principal absolutamente de la escuela Iommi. Uno de tantos cortes instrumentales, que comprenden la susodicha, Apothecaries’ Weight, Caterpillar March, 800 y el dulce tema de transición de guitarra acústica exclusivamente Capsized. Con estos temas exploran su buen hacer experimental, frescos a cada giro, y su calidad técnica, con una contundencia fluida por parte de Brant Bjork, que en sus baquetas mantiene la directa profundidad del sonido de la banda junto a Nick Oliveri y su siempre agresiva y visceral aproximación a las cuatro cuerdas.

Aunque Homme ya destacaba como un guitarrista de gran personalidad musical, tanto en su sonido a través de un amplificador Ampeg de bajo como en su estilo a la hora de componer, es quizás, aunque superado por García, el miembro con más campo de mejora; haciendo un trabajo preciso en todo el álbum, durante el solo de la claustrofóbica Freedom Run se puede notar, y más aún sabiendo su calidad actual, que estaba muy lejos de su tope.

Desde los dos primeros cortes del álbum, Thumb y Green Machine, ponen de manifiesto sus grandes virtudes: son fuertes, son duros y son aplastantes. Varias de las canciones que forman parte del trabajo giran en torno a una fórmula variable pero repetida, entre las rasgadas melodías de la voz que juguetean con los inventivos riffs de guitarra y una sección rítmica directa, constante, una dúo que ahoga el cerebro en una pura sobredosis de grave rabia incesante, la cual se traslada a lo vocal cuando Oliveri agarra el micrófono en Mondo Generator, tema que daría nombre a su posterior banda.

A pesar de que sus temas se mantengan en la estricta formación del grupo, sin añadir más instrumentos o buscar recursos más allá de ellos mismos, dada su compacta naturaleza no hay lugar donde no llenen todo el rango sonoro, salvo contadas excepciones como Writhe en la que optan por dar un respiro a la dinámica oclusiva del álbum. El trabajo de Goss permitió a la joven banda mostrar su auténtico yo, con una habilidad absoluta a la hora de conjuntar sus factores primordiales: su vertiente psicodélica en las hipnóticas jams espaciales, la robustez de su cuerpo musical y la áspera rugosidad de su sonido en conjunto.

  • Fue grabado por:

Chris Goss (producción)

John García (voz)

Josh Homme (guitarra)

Nick Oliveri (bajo, voz)

Brant Bjork (batería)

  • Lanzado por:

Dali el 20 de junio de 1992

  • Grabación:

principios de 1992 en Sound City Studios, California, EE.UU

  • Duración:

50:39

  • 39.000 copias 

Si bien su carrera fue corta (la banda estuvo en activo desde 1987 a1995) su repercusión internacional es un susurro que todo el mundo ha escuchado, incluso aunque no se haya dado cuenta. En su momento revolucionaron la escena musical de Palm Desert en Estados Unidos y, tres décadas más tarde, su auténtica huella comienza a verse en el resto del mundo. Sus distintos miembros han continuado con sus diversas carreras, siendo el más afortunado Josh Homme con sus Queens of the Stone Age, banda que creo junto a Nick Oliveri para poder desarrollar lo que Kyuss no permitía en una especie de ley no escrita. Tras años de separación pudimos disfrutar de Kyuss Lives!, un pseudo reencuentro sin Homme que, aunque quitara el mono de muchos seguidores y demostrara que no han perdido su popularidad, no sería lo mismo sin una pieza imprescindible del alma de la banda.

Este álbum mantiene el puesto 36º de los “40 mejores álbumes de metal de la historia” según Spin, así como MusicRadar lo incluye en el 48º de los 50 mejores. Con esto solo se trata de mostrar lo que la banda probó realmente a lo largo de cuatro discos únicos. Un chispazo repentino entre dunas y cactus, de los que arden rápido pero su marca se mantiene indeleble, resurgiendo una y otra vez, resonando a través del tiempo y la arena.

“Realmente no me importa el dinero, nunca lo ha hecho. Eso no es de lo que iba Kyuss, por lo que terminar nuestra carrera con ello sería una blasfemia”

–         Josh Homme, guitarrista de Kyuss

José Roa
Músico y periodista, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2010 a 2014, llegando a ser editor jefe y alcanzando especial repercusión con su columna 'La Guillotina', editada en 2013 y 2014.