The Doors | The Doors

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REVISITAMOS | por José Roa

The Doors | The Doors | 1967

Si hay una banda, por excelencia, que cambió el rumbo del rock n´ roll, esos fueron The Doors. La teatralidad de sus directos, la sexualidad, poesía, seriedad y compromiso socio-político de sus letras, la salvaje irreverencia de su actitud que les enfrentó a todo y a todos definieron la escisión definitiva del rock n´ roll de lo que conocemos ahora como rock. Con su álbum debut, The Doors (1967), llegaron a una fama y un reconocimiento que, desgraciadamente, no se podría mantener más adelante debido a la incontrolable volubilidad de su carismático líder Jim Morrison: poeta y cineasta de carrera, un héroe dionisiaco cuya genialidad y excentricidad catapultó a la banda tanto a la más absoluta fama como a la alienación más insalvable por parte de discográficas, promotoras y demás súcubos de la industria.

Desde un primer momento la censura sobre la banda se hizo patente. En el segundo single del grupo y uno de sus más laureados temas, Break On Through (To The Other Side), ya comenzó un lastre que se viviría tanto en sus álbumes de estudio, con una censura directa sobre las letras de la banda, tal y como se aprecia en el “She get´s high (“ella se coloca”) de este corte, así como en su incendiaria conducta provocativa sobre el escenario. Entre una juventud cuyo estandarte se manifestaba en el movimiento hippie, con toda su paz y todo su amor, apareció un personaje que no respetaba más normas que las suyas, fuera de este mundo y poseído por espíritus del más allá… y eso enamoraba a las masas. Todos querían ser como él o por lo menos tenerlo dentro, cosa que pesaba al resto de esta fabulosa banda, teniendo que sacar adelante espectáculos cada vez más fuera de control.

A pesar de la influencia obligatoria por las circunstancias sociales, inmerso en la época del flower power, la música de este álbum es oscura, es tenebrosa; el apocalipsis como destino infranqueable y el caos como hábitat natural. Desde el perturbador curso hacia el fin de End Of The Night hasta la suave e hipnótica The Crystal Ship, el transcurso del álbum siempre se tiñe de negro. El amor, ineludiblemente, ocupa parte de su obra, así como I Looked At You o el tema que causó el furor que les encumbró al número uno, Light My Fire; es amor, pero no es romántico. Es sucio y es humano, es sexual, provocativo, pero es también honesto y en ocasiones cubierto por una espesa capa de aceptada desilusión. Take It As It Comes puede confundir, puede hacerte pensar que también eran alegres y joviales, pero representa el espíritu indomesticable y feroz que los caracterizaba; Carpe Diem, no hay otra opción.

Cerrando el disco, The End. Una epopeya dramática edípica de casi 12 minutos de duración. La serenidad del comienzo se va transformando lentamente en una vorágine oscura y enfermiza entre poesía y experimentación, una pieza “teatral” que demuestra varios de los factores que engrandecen a la banda. El uso de distintos y distantes estilos, congregados en un solo contexto musical, con el blues de Ray Manzarek al órgano, acompañándolo la distintiva sonoridad de los dedos, técnica inusual en el rock, de Robby Krieger en la guitarra, uniendo el ritmo con los beats jazzísticos de John Densmore, que incluía otros tan dispares como la bossanova o el funk primigenio. Y por supuesto, la voz y la composición de Jim Morrison. A excepción de Light My Fire, de Krieger, Alabama Song (Whiskey Bar) y Back Door Man de Bertolt Brecht y Kurt Weill, y Willie Dixon respectivamente, la creación original de los temas dependía de Morrison, a lo que el resto de la banda completaba para dar a luz al brillante conjunto de canciones que componen este álbum y, por extensión, el resto de su discografía.

Grabado por:

Paul A. Rothchild (producción)

Jim Morrison (voz, percusión)

Ray Manzarek (teclado, coros)

Robby Krieger (guitarra, coros)

John Densmore (batería, coros)

Larry Knechtel (bajo, músico de estudio) 

– Lanzado por: Elektra el 4 de enero de 1967

– Grabación: 24 al 31 de agosto de 1966, Hollywood, CA, EE.UU.

– Duración: 44:28 min.

– 4 discos de platino en EE.UU y Canadá, 1 de oro Argentina y Austria, 1 de platino en Alemania y 2 de platino en Reino Unido.

The Who y The Rolling Stones eran salvajes, The Beatles atraían todas las miradas, pero The Doors aportaba algo que ninguna otra banda más poseía: la intelectualidad, la anarquía y el nihilismo nacido del caos como leitmotiv, alejada de insignias y usando la alienación como escudo; el realismo crudo y brutal que los diferenciaba y mostraba una perspectiva alejada del naif movimiento hippie, sin deberse a nada ni a nadie más que a su propia personalidad; ellos representaban el fin del mundo, la pira moral de Nietzsche convertida en música. Una oscuridad seductora que ardió demasiado rápido pero que, paradójicamente, iluminó a toda una generación y prendió fuego a las nubes en las que habitaban.

Honestamente, no sabía por cuál decidirme, la elección entre sus discos es tediosamente complicada. Una escucha tras otra entre su debut, Strange Days (1967), pero lo que tenía claro es que el turno era de esta banda. Habrán existido grupos con mayor reconocimiento, una carrera más longeva o unas ventas de mayor envergadura, pero nadie, repito, nadie significó tanto para el nacimiento del Rock como los californianos de Jim Morrison. La creatividad de la ola psicodélica encontró en The Doors unos líderes que no nacieron para manejar más ejército que a sí mismos, las drogas como fruto del edén y autodestrucción al mismo tiempo; una figura que no pudo dar para más, pero dio absolutamente todo lo que tenía.

“En este disco hay magia, no se, cuesta definirlo. La magia llega a través de ti, no la posees. La musa estaba cerca y yo la estoy agradecido”

–  John Densmore, batería de The Doors

José Roa
Músico y periodista, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2010 a 2014, llegando a ser editor jefe y alcanzando especial repercusión con su columna 'La Guillotina', editada en 2013 y 2014.

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