Vomitando sobre la música

De una Lady Gaga fácil a la falta de escrúpulos con Mick Jagger, la espiral de autodestrucción de esta sociedad sigue su curso.

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Las estrellas murieron con Internet porque las redes sociales nos descubren que aquellos seres subidos al escenario iluminados como luciérnagas en un mundo común comen y cagan como el resto de la plebe. Todo esta inventado en esta espiral de autodestrucción en la que se metió una sociedad que conoció el esplendor hace demasiado.

Es complicado ser único, vender esa exclusividad falsa que raya límites justificados por el Arte, un Arte sin mensaje, sin un fin y carente de voluntad. Lady Gaga, personaje que hace unos años fue la Miley Cyrus, que a su vez fue la Rihanna, que esta fue Britney Spears y que comenzó siendo Madonna, se encuentra en el hoyo. La cantante que un día apareció vestida entre filetes como metáfora máxima de lo que importa la música en el mundo mainstream, se encuentra actualmente en un nivel de atención mediática bajo. Ya no vende porque el público se atragantó de tanto exceso. En un último intento para convertirse en portada de tal o cual portal de noticias, decidió que debían vomitarle encima.

Para ello contactó con Millie Brown, artista que devora zumos de color nuclear para después regurgitar sobre un lienzo, exponerlos y ganarse la vida a toque intenso de campanilla. Puro Arte. Así tenemos a Lady Gaga tocando la batería en el festival SXSW de Texas; reclinada, antiestética, esperando para recibir algo como en esos vídeos de falsas caídas que hay en Youtube. La de Nueva York recibió lo suyo, de color verde y fluorescencia química. Fue sobre el regazo, de una velocidad poco radical, a borbotones e intermitente, como un mal efecto especial del primer Sam Raimi.  

Ni la provocación de Gaga provoca, ni el caso de Mick Jagger nos sorprende. El cantante de los Stones tuvo que ver publicada su cara en las portadas de distintos periódicos británicos tras el suicidio de la que fue su pareja durante más de una década. No fue caso único, ahí queda el texto de Julián Ruiz para El Mundo. La frivolidad no tiene límites porque el dinero tampoco posee barreras.

Mientras Jagger debe pelear contra la naturaleza sanguinaria del público, Gaga espera ser estrella, extraterrestre que no provoca nada, yonki adicto a su trozo mediático que no quiere dejar de ser acosada por el papel maché, más industria que fenómeno que busca animales que engullir para acabar vomitando, como Millie Brown.

J. Castellanos
Periodista. Formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014, llegando a ser redactor jefe.

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