Y lo llamarán música

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Qué curioso es el tiempo. Cada momento se sucede de nuevo; horas, días, meses, años, lustros y siglos, todos uno detrás de otro, siempre en constante bucle. Lo que hagas en cada una de las repeticiones es, por supuesto, una opción que se te presenta. El problema surge en el momento en que esos eventos insisten en volver y no puedes hacer nada contra ello. Llega el verano y quien no soporta los 40 grados de turno tiene que acostumbrarse; llega mayo y sí, va a llover; llegan los Premios 40 Principales y yo me tengo que aguantar.

No lo veré, no lo seguiré, pero su existencia es como un amasijo de metralla que reside en tu pierna y cada vez que azota el calor notas como se dilata y te hunde el día en la miseria. Así me siento cuando alguien felicita a Pablo Alborán por tener cinco nominaciones a estos susodichos premios.

Si el grupo de niñas que duerme durante una semana a las puertas del Palacio de los Deportes para ver a One Direction quiere pasar otra semana fuera de su casa para asistir, elogiar o simplemente llorar cual energúmena por esta celebración, adelante. Pero que no me vendan que son premios a la música. Son premios al nivel de ventas, al baile más llamativo o al videoclip más provocador. La música quedó apartada de los 40 Principales desde el momento en que el ‘Rockola 40’ de Guillem Caballé pasó a mejor vida y no ha vuelto jamás.

Los afortunados nominados son… mejor intentad adivinarlo.

(1)…

(2)…

(3)… ¿Ya?

Pues sí, son los mismos de siempre. Una de Alejandro Sanz por aquí, cuarto y mitad de Menlendi por allá y así construimos nuestros premios de música españoles. El acento vasco con el que leo esto mientras escribo no logra borrar toda la pena que me da la existencia de Los 40. Porque es la mejor estrategia de promoción que se ha creado en la música española. “Mire a nuestros grupos, son lo mejor del panorama nacional”, si no les crees se inventan unos premios propios y entonces, magia: “pero señora, ¡qué tienen 4 premios este año!”. Entonces la gente ve sus vídeos, atiende a sus conciertos, compra sus discos y todos son felices en el país de la piruleta. Pero en ese país no hay música, solo hay marketing.

Todo el dinero que mueven esas personalidades, el españolísimo amiguismo entre cadenas y discográficas y la publicidad que fija como primordiales estándares irrelevantes para el artista musical son los grandes problemas enemigos detrás de estos eventos.

La composición de sus temas es a) impersonal, b) transcrita, c) planificada y d) de dinero, porque es lo que mueve nuestra industria musical. Cada año las mismas canciones, los mismos artistas y otros nuevos que, sorpresa, hacen lo mismo que los antiguos. Y no entremos con los nominados internacionales, porque no he puesto el aviso a los pacientes con problemas cardiovasculares.

Pero nada, la cosa va genial, sigamos amparando los trapicheos que cadenas como ésta hacen con el concepto de música, que es lo que más nos apasiona.

José Roa
José Roa
Músico y periodista, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2010 a 2014, llegando a ser editor jefe y alcanzando especial repercusión con su columna 'La Guillotina', editada en 2013 y 2014.

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