Cass McCombs (El Sol, MAD) 30.3.12

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Cass McCombs salió un tanto cabreado con el mundo, como quien no ha tenido buen día o simplemente no está seguro de sí mismo. Aquello se dejó sentir al poco e imprimió el directo del viernes de un amargo que marcaría la noche. A Cass McCombs no le gustó la cercanía del público en la sala El Sol de la capital y no tardó mucho en dejarlo patente. Cientos de grupos caen encantados ante la peculiaridad y cercanía que emana una sala como esa, donde el público es uno más en el concierto, pero a Cass McCombs esa idea no le gustaba un pelo. A Cass McCombs le molestaba todo y tal vez por eso trató de dormirlo. El público, que tampoco es muy de respetar el silencio, perdió por completo el interés y pronto comenzó lo común del hablar más fuerte que el sonido del concierto, desarrollando esa especie de vergüenza ajena por la que uno piensa que en algún momento el artista llamará la atención. Pero ya era tarde, no había transcurrido ni media hora y el concierto estaba echado a perder.

Cass McCombs supuso una de las mayores desilusiones de los últimos meses, más si cabe por los dos brillantes discos que publicó el pasado año, Wit’s End y Humor Risk. Tal vez sea que Cass McCombs estaba pensando en su próximo concierto en el teatro Lara o es que no le gusta girar. Tal vez ese ingenio en la grabación se vuelve genio en la reproducción.

Dejando su humor a un lado, el tipo durmió en exceso canciones que no debería, eligiendo mal momento para alargarlas hasta el aburrimiento, dotando al clasicismo de una secura insoportable. Una lástima para lo que pudo ser y no fue, sobretodo por la calidad que demostraban los músicos de acompañamiento.

Comenzó con canciones con las que coló un aura psicodélica que derribó los límites de lo aburrido, perfecto ejemplo de mal manejo y deshizo la magia noise de los temas de Humor Risk que tan bien sentaba en un directo demasiado irregular en el que el orden de las canciones era demoledor. Tan pronto esas lentas canciones que hacían mirar el reloj cada dos minutos deseando que terminara como temas directos que daban pequeñas muestras de lo que podría ser el de California si le apeteciera, que es lo más complicado.

Apareció leve atención cuando agarró la guitarra eléctrica y sonaron los primeros acordes de la brillante Love Thine Enemy y pareció que la cosa mejoraría. Después tocó Equinox y volvió a tornarse insoportable, doblando su minutaje de una forma descontrolada y carente de sentido. Todo un concierto en esa tónica descontrola al mayor de los admiradores del artista. La mala cara del folk alternativo llegó al final dentro del sopor que cerró un show en el que parte del público estaba fuera de la sala y otra, deseosa de poder hacerlo. Marchó el cantante con la banda. Sin bises. Nadie los pidió. Poco más que decir de un directo que dio esa sensación amarga del tiempo perdido que nunca se recupera.  

por J.Castellanos

J. Castellanos
Periodista. Formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014, llegando a ser redactor jefe.

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