Arctic Monkeys | AM

Cuando los de Sheffield lanzan un álbum, se forman las tropas. Detractores insalvables que apuntan a la cabeza al mínimo movimiento y kamikazes libres de temor que sacrificarían sus vidas por defender a Alex Turner y su banda, Arctic Monkeys. Pero ellos no toman bandos y han sido sutilmente perspicaces, porque esta batalla se libra de noche y ningún bando sabe qué dirección tomarán.

Su título es la reseña que más acertada de todas. Es un disco para después de medianoche, cuando cae el sol y la oscuridad no permite testigos, para lo sucio y para lo romántico. Pero ninguna noche es eterna y, al igual que ella, ‘AM’ (2013) termina por verse sometida a la insípida claridad del día; hermosa de primeras, pero terminas tostado al sol si pasas demasiado tiempo bajo su fulgor.

Si confiáramos en que la oscuridad permanecerá a nuestro lado seríamos demasiado ingenuos, y eso es precisamente lo que nos promete ‘Do I Wanna Know’. Es sensual, mantiene una irreverencia necesaria ante el éxodo nocturno y devuelve aquellos riffs clásicos de la banda hacia un nuevo nivel, poseídos por el desierto que los rodea. A lo largo de esas carreteras han aprendido a desatar ‘R U Mine?’ como un remolino de desenfreno, potente y plagado de aquellos matices que los hacen distinguibles. Obviamente Josh Homme es una inspiración y un mentor para ellos -además de colaborar en ‘One For The Road’ y ‘Knee Socks’-, pero al aproximarse demasiado al sonido de sus QOTSA no hacían más que satisfacer su capricho personal, pero no las necesidades de su música.

Ya en ‘Suck It And See’ (2011) se desviaban de dicho camino, pero aquí ya se puede hablar de uno absolutamente propio, en la línea de ‘Brick By Brick’ pero más oscuro, una mayor severidad que puede no ser perfecta, pero logra destacar en ‘I Want It All’ y arraigar unas raíces más robustas en ‘Arabella’. Con ‘No. 1 Party Anthem’ ya empieza a amanecer, las primeras luces de la mañana asoman en el horizonte y la melancolía de la noche vivida comienza. Puede ser bonita para el que la ha vivido, pero para el que escucha la historia preferiría un resumen, no ‘Mad Sounds’ y una escalada a mitad del disco hacia los temas menos brillantes y más pesados de digerir en su melosidad. Repunta en ‘Snap Out It’, pero sólo para  caer en la cama y esperar la llegada de la resaca con la que el rythm n’ blues de ‘Knee Socks’ desconcierta en un existencial dilema entre el amor y el odio.

Para su suerte y su desgracia, son una banda que ha aprendido a tocar sus instrumentos delante de todo un público expectante de su siguiente movimiento. Eso levanta ampollas entre muchos, del mismo modo que ahora la evolución es aún más notable. La maestría no es una característica que les defina, pero ahora sí, por fin, suena profesional. Matt Helders es un metrónomo, aporta una contundencia que, poco a poco, va sabiendo adaptar a la dinámica de intensidad que solía sacrificar.

El Alex Turner de ‘Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not’ (2006) seguramente habría escrito una canción burlándose del actual, por eso el joven británico habría seguido viviendo en Sheffield soñando con cómo habría sido vivir de sus olvidadas canciones. Si no arriesgas no ganas, ellos han tenido una red en la que confiar durante esta esta evolución y, la verdad, no les ha venido mal.

José Roa
Músico y periodista, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2010 a 2014, llegando a ser editor jefe y alcanzando especial repercusión con su columna 'La Guillotina', editada en 2013 y 2014.