No podrías aguantar la vida de estas estrellas de rock

Despertarte a media tarde. Desayunar vodka con zumo de naranja. Ir al estudio. Ensayar. Un sandwich entre polvos mágicos. Entrar a un bar. Alcohol. Peleas. Más alcohol. Más drogas. Ligar. Posiblemente orgías de números variables. Dormir poco, aunque acompañado. Es una vida con la que muchos sueñan y que muy pocos podrían aguantar.

La redundancia y la costumbre han convertido la historia de la estrella de rock en un cliché, uno que muchos desprecian y otros ansían. La verdad es que es una vida complicada, llena de excesos ante los que muchos han sucumbido. Ya sea por las drogas o el alcohol, hay que desarrollar una fortaleza extrema para poder sobrevivir a las hazañas de la mitología del rock y solo unos pocos imprudentes audaces han conseguido mantener una vida que difícilmente se podría tolerar.

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Si sobrevives a morder murciélagos, lamer orina y esnifar hormigas -además del paquete básico de músico drogodependiente-, debes ser un Osbourne. Su partida de Black Sabbath se debió, de hecho, al abuso de drogas y cómo este afectaba al rendimiento y carácter del carismático cantante. Tras un largo tiempo de autocomplacencia, alienación y penurias, el cantante volvería a ponerse en pie y regresaría más perturbado que nunca.

Su carrera en solitario ha dado pie a multitud de leyendas, unas ciertas y otras no, sobre las excentricidades del de Brighton, mayormente impulsadas por el consumo de estupefacientes. Décadas de abusos e insensateces han podido acabar con él en cualquier momento, pero no ha tirado la toalla. Ozzy es un mito, pero incluso él se arrodilla ante el siguiente ídolo de la decadencia.

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La diferencia entre Lemmy y todos los demás seres humanos del planeta, es que él sigue al mismo ritmo a sus 68 años y no parece querer frenar. Dos botellas de Jack Daniels diarias son la herencia de una vida de drogas baratas y desenfreno animal. Aun así, nadie afirma haberle visto borracho en la vida. El speed, la cocaína, el alcohol -eso sí, de la heroína es acérrimo enemigo-, nada ha podido con él, el tipo más duro que jamás haya visto el rock and roll.

Sus actuales problemas de salud no han mermado su mentalidad. Entre la incredulidad y la admiración, sus camaradas del vicioso exceso siguen sin saber cuál es el secreto que le ha mantenido con vida, energía y sin aparentes secuelas durante tantos años y tantas sustancias. No le gustará clasificar a Motörhead como heavy metal, pero él es de hierro inoxidable.

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Las drogas forman parte de un pasado muy lejano en la historia del vocalista de The Rolling Stones (que se sepa), por lo que su inhumana resistencia no se ve reflejada en el consumo de narcóticos: muy poca gente llega a los 70 años y aún se mueve como si fuera de chicle sin fracturarse una cadera.

Jagger arrasa con cada escenario que pisa, sea cual sea la apreciación que se tenga hacia su persona o su música. Tras ser una de las bandas estandarte del “sexo, drogas y rock and roll”, es casi irreal la resistencia que mantienen; ojalá su nueva música siguiera en tan buena forma como sus vetustos integrantes. Pensándolo bien, tampoco hay gente que lleve su estilo de ropa a su edad, pero esa ya es otra cuestión.

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La historia actual también cuenta con sus particulares semidioses del vicio, ejemplos equívocos cuya idolatría se perpetúa, queramos o no. El título de último hijo pródigo recae en Pete Doherty. El líder de Babyshambles y mitad a vanguardia de The Libertines ha supuesto la primera mediatización masiva de la debacle humana en la eterna relación entre músicos y drogadicción. De artista a personaje, su flirteo con la muerte mostró la cara más hiriente del exceso salvaje.

Si Lemmy muestra el lado “romántico” de este estilo de vida, Doherty mostró al mundo sus miserias. Dejó la música completamente de lado para imbuirse en la satisfacción de sus adicciones, dejando que la heroína se convirtiera en una nueva musa fútil, jamás puesta en práctica. Compañeros de vicio como Amy Winehouse sucumbieron ante él, pero Doherty no. Él ha sobrevivido lo que para muchos otros ha significado su final.

José Roa
Músico y periodista, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2010 a 2014, llegando a ser editor jefe y alcanzando especial repercusión con su columna 'La Guillotina', editada en 2013 y 2014.