Silver Linings Playbook | Danny Elfman

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Silver Linings Playbook | Danny ElfmanBIG BSO | por Pedro Moral

Entiendo perfectamente a David O. Russell. Después de dirigir ese estimulante drama sobre el boxeo titulado The Fighter debe ser complicado entregar el talento a las leyes que definen la comedia romántica. Y esa falta de impudencia a la hora de bailar en tan distintos géneros es lo que hace de Silver Linings Playbook, una película a tener en cuenta. Tan extraña como la relación de sus protagonistas, tan dispersa como el talento de su creador y tan llena de luces y sombras como los enfermos que habitan en ella. O todos estamos locos o nadie lo está.

Pero ojo, entre las  irregularidades cinematográficas que colman esta película, indispensable si eres de los que revisan la comedia elegante, hay una cualidad laudable. Su banda sonora.

Danny Elfman es el encargado de los temas originales, el creador de las melodías compuestas para enmarcar la diabólica historia de amor que propone Russel entre dos seres desconfiados, rotundamente pesimistas y violentos -en su manera menos física-. Él es Bradley Cooper, un maniaco bipolar bastante violento y ella es Jennifer Lawrence, provocativa, desequilibrada y sexualmente enfermiza. Los dos se encuentran en pleno proceso de recuperación. La melodía principal de Elfman -el señor que compuso la abertura de Los Simpson y casi todas las bandas sonoras de Tim Burton– está compuesta por guitarras, coros que desprenden la sensación redentora de las segundas oportunidades, esas que llegan después de la infidelidad o infelicidad, y todo para desembocar en un acorde que se repite y que retrata la relación entre estos dos perdedores.

Pero lo impactante de la banda sonora no es el trabajo de Elfman sino la valiente mezcla de antiguos temas, con canciones de bandas de éxito emergente, con obras magnánimas del jazz, con cursiladas, con moderneces encomiables, con clásicos del folk, con pop comercial… ¿De quién fue la idea de colocar a Alt-J o Bob Dylan o Stevie Wonder junto a la primera formación de Paul Desmond o la joven británica Jessie J?

Precisamente con My Cherie Amour de Stevie Wonder comienza este irreverente recorrido musical. Pero salvando al genio prefiero detenerme en una canción llamada Always Alright de Alabama Shakes, un grupo estadounidense que practica una fusión de blues y garage de esas que reactivan la sangre de cualquier muerto.

Y como si los productores solo tuvieran dinero para una sola formación de Jazz han elegido The Dave Brubeck para dotar a la banda sonora de elegancia y virtuosismo. Concretamente el del saxo de Paul Desmond. La icónica Unsquare Dance aparece primero, Maria (una de las proezas de Desmond) después.

Los ganadores del Mercury Prize considerados por esta revista el grupo revelación de 2012 son los mismos chicos que firmaron esa obra maestra titulada An Awesome Wave y que junto a la banda de folk Mountain Man han compuesto una de las mejores canciones de la banda sonora de Silver Linings Playbook, Buffalo. Hablo, por supuesto, de Alt-J. La canción comienza con unos acordes sencillos y se restriega con angustia a través de agitadas respiraciones hasta que  se normaliza la melodía que por otro lado se nutre de cambios de ritmo maravillosos.

Un corte hecho a imagen y semejanza de ese animal enfermo interpretado por Cooper que en una de las mejores escenas de la película tira el Adiós a las armas de Hemingway por la ventana con un what the fuck que desemboca en un monólogo ahogado sobre la imposibilidad del escritor para fabricar ficciones esperanzadoras. Bastante tiene uno con la mierda que le rodea.

Y la finísima línea musical se sigue alimentando de maravilloso folk como el que se ejercita en Monster Masch de Crab Corps o de ese hard rock domado del Now I’m A Fool firmado por Eagles Of Death Metal. Uno degusta estas canciones atemporales mientras observa atónito que aquel Robert De Niro que parecía vivir en el país de los actores mediocres vuelve con un papel melodramático espinoso y muy, muy divertido. Ese maniático padre de familia, adicto a las apuestas ilegales, y terriblemente supersticioso pertenece al género de los buenos personajes secundarios.

Pero el verdadero motivo para quedarse clavado en la butaca es el sexo que desprende cada plano que Cooper comparte con Lawrence. El arte de calentar sin enseñar. Y ese erotismo está remarcado por los susurros de Ambrosía Parsley en Goodnight Moon.

La contradicción elegante con la que se ha confeccionado esta banda sonora llega a su auge cuando Bob Dylan y Johnny Cash cantan juntos Girl From The North Country o cuando el blues rock de Rare Earth se hace presente a través de esos gritos que anuncian Hey Big Brother. Ese extremismo enfermizo, esas lunáticos imprevisibles, esa sensibilidad marcada de un guión con poder de convencer y en definitiva, esa bipolaridad se ve representada en la escena de baile entre los dos protagonistas.

De Don’t You Worry ‘Bout A Thing de Stevie Wonder pasamos a Fell In Love With A Girl de The White Stripes para terminar con Maria de Dave Brubeck. Un resumen esquizofrénico del viaje sonoro y espiritual propuesto por Russell.

Pedro Moral
Periodista especializado en Cine, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014. Actualmente, prosigue su carrera en diversos medios.

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