La metamorfosis estética de Russian Red

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Russian Red, o en su defecto Lourdes Hernández, es la artista del momento. La princesita del folk, aclamada y odiada en infinidad de ocasiones, acaba de publicar ‘Agent Cooper’ (Sony Music, 2014) tras un periodo de exilio en Los Ángeles. La madrileña nos trae un tercer disco en el que no sólo cambia su tradicional música, también su particular estilo remilgado.

Un poco más rubia y con una imagen mucho más guerrera parece que a nuestra querida Lourdes, las Américas le han transformado más de la cuenta. Poco queda de esa timidez de la que hacía gala y que tantos escenarios le llevaron a conquistar. Sin su tradicional amiga, la guitarra acústica que le acompañaba, Russian encuentra en la eléctrica el atrevimiento que le faltaba y la energía que escaseaba en sus composiciones. Rodeada de los hombres de su vida, Lourdes se arma de valor y se nos presenta con paso firme, intentando demostrar que ya no es la chica dulce que cantaba “All the cigarettes that I have never smoked”.

La confianza la ha recuperado, o más bien la ha ganado, en la ciudad californiana enamorada del cine. Se ha comprado un coche y a la vez se ha tropezado con el sonido americano de los 80’,  del que ya nadie la va a poder desposeer. Bloqueada y apenada, huyó de un país que no la trataba del todo bien y que criticó hasta la saciedad cada uno de sus movimientos, hacia un lugar donde reencontrarse consigo misma y con un sonido desconocido. Un desafío que parece haber conseguido. Su nuevo estilo de música ha originado irremediablemente, como si se tratase de un efecto dominó, un cambio de estética en la cantante, dotándola de una energía nueva.

Atrás quedó la imagen de consorte del folk que vestía faldas hasta las rodillas y camisas de cuello baby doll, atrás quedó la Russian Red quebradiza y aniñada. La metamorfosis nos devuelve a una mujer consciente de los miedos que la alejaron de su tierra natal y que ahora brilla con luz propia.

De todos es bien sabido el buen gusto que se gasta la madrileña a la hora de vestir y que en más de una ocasión le ha llevado a protagonizar campañas como la de Kling del verano de 2011. Su imagen ha dado un giro casi extremista desde que se presentasen los primeros avances de ‘Agent Cooper’. Lourdes Hernández aprovechó el tirón del momento para mostrarnos una mujer a la que ya no le importa enseñar carne de más, que se enfunda en chaquetas de cuero y se despide de los vestidos recatados y abotonados.

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Un cambio orgánico que le ha llevado a finalizar su propio proceso de construcción, a comprarse un sombrero rojo y a no quitárselo prácticamente desde que volvió. Olvida el romanticismo de su imagen y lo arrincona en su disco, donde el amor idílico sigue primando desde ‘Michael P’ hasta ‘Tim B’. Al fin y al cabo no todo iba a permutar en la nueva Russian Red.

Si algo llama la atención a primera vista de su cambio es el nuevo estilo del que ha dotado a su pelo. La melena de la que presumía ahora se convierte en un pequeño caniche de textura rizada que en más de una ocasión se aleja de lo atractivo. Siempre ha intentado mostrar una imagen de niña bien, que ahora echa por tierra para acoger la rebeldía entre poses sensuales, intentando disfrazar su anterior influencia tradicional y conservadora.

Lourdes Hernández es examinada a fondo por las redes sociales, sufriendo en más de una ocasión verdaderos linchamientos. Sus inoportunos comentarios le llevaron a abandonar plataformas como Twitter para encomendarse a Instagram, donde ahora nos muestra su aventura americana, rodeada de palmeras, sol y neones.

Muchos pueden pensar que su nuevo estilo es la causa de una estrategia de marketing, otros que es pura espontaneidad de la cantante, pero lo que podemos asegurar es que pocas artistas, sobre todo nacionales, se atreven a realizar cambios tan radicales con el temor de la inevitable crítica.