• La votación se vive en twitter con los hashtag #loriHTM y #lolHTM

El panorama indie español tiene un sabor único, aunque también se expresa de forma muy diferente según su lugar de procedencia. De toda la geografía, hay dos cunas muy claras desde donde han salido algunos de los nombres más destacados de la actualidad, dos formas de entender la nueva música pop, dos panoramas que sin llegar a chocar, proponen el FC Barcelona vs Real Madrid de la música. Se trata de Granada y Barcelona, con una larga tradición independiente. ¿Y quiénes mejor para personalizar la confrontación de ideas que Lori Meyers y Love of Lesbian?

No es difícil enfrentar a dos de tus bandas nacionales preferidas. Lo complicado es decantarse por una de ellas. Lori Meyers y Love of Lesbian lo son.

A los primeros los descubrí a través de los hechizantes acordes de Alta Fidelidad. A los segundos, en un improvisado concierto en un pequeño pueblo gerundense. Desde entonces, andaluces y catalanes han tenido el privilegio de no abandonar mi iPod. Sin embargo, y aparcando mi lado más romántico y diplomático, debo reconocer que al poco de empezar, los puntos para Santi Balmes y cía no tardaron en brotar.

Me gustan las letras de Lori Meyers, aunque lo que siempre me ha fascinado de verdad ha sido la capacidad de Love of Lesbian de convertir cada trabajo en una historia. Me rindo a los pies de 1999, un disco redondo con una trama deliciosa que recorre las etapas de una relación de pareja. La noche eterna. Los días no vividos es un relato onírico fantástico. Cada estrofa tiene su lugar y cada tema tiene su sentido. Los barceloneses cuentan cuentos a través de su música. Y eso lo han conseguido tras curtirse en mil batallas. No pongo en duda la madurez de la banda granadina, pero creo que la “batalla de las trayectorias” también se la llevan los lesbianos.

Musicalmente es recalcable el mérito de los dos. Lori Meyers se ha decantado más por el rock. Guitarrero, elaborado, agradable. Alta Fidelidad es un temazo. Sus conciertos molan. Noni también mola mucho, y que se quite la camisa en sus actuaciones más. LOL, por su parte, se refugia en ese concepto llamado pop. Y que toda la música de Love of Lesbian se pueda meter en la palabra pop, demuestra la infinita ambigüedad del término. Los nazaríes pisan sobre un terreno más o menos estable, mientras que los de Sant Vicenç dels Horts son capaces de ir de un extremo a otro: del pop atmosférico de Allí Donde Solíamos Gritar hasta las bases electrónicas canallas, pasando por las guitarras acústicas de Un Día En El Parque. Y esa riqueza, esa talentosa diversidad estilística, les proclama ganadores de toda posible comparación. Su público es joven, mayormente, pero el perfil del seguidor de LOL es totalmente impredecible. Y eso es porque las melodías de los catalanes enloquecen tanto a mozos y mozas de 20 años, como de 30, como de 40. Sean indies o sean vaqueros. O que mi padre, amante incondicional del funk setentero, se sepa la letra de Los toros en la Wii – Fantástico.

Traslademos esta batalla a una noche de sábado. Dos chicas esperan en la barra de un local cualquiera. Ambas son guapas, aunque la primera de ellas llama más la atención. Es alta, morena, va bien vestida y bebe (con clase) lo que parece un refinado cóctel. La segunda es más bajita, pelirroja y se le intuye un discreto tatuaje en la muñeca. Bebe con pajita de un vaso de tubo mientras sus ojos azules analizan pensativos uno de los cuadros del local. Un chico observa a las dos y finalmente se acerca a la joven morena. Le parece interesante, aunque le recuerda vagamente a una de sus ex. Lori Meyers es esa chica. Atractiva y con gancho. Y hasta puede que a primera vista sea la que logre más atención, pero las escuchas y la perspectiva demostrarán que la singularidad no es su fuerte. La música de Love of Lesbian es la otra. Peculiar, curiosa, diferente a todas las demás. Única.

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Creo que he explicado varias veces en este medio que el hecho de que una banda avance por sendas más mainstream no significa que la banda sea peor, por mucho que se empeñen los ultras de bandas como Coldplay o The Killers en no saber leer bien (pero claro, cómo puedes esperar que sepan leer esos extremistas) y sacar sus propios titulares. La actual tendencia del boca-oreja moderno es decir que “son una mierda ahora que son mainstream”. Sí que en líneas generales un grupo pierde calidad en su música cuando se “hace más mainstream” porque la música de la corriente general está dirigida a una mayor masa, y la masa es simple, uniforme y moldeable, por lo que la música es más simple.

Me parece lógico y lo defiendo a capa y espada que una banda que viene de la música independiente entre en el mainstream: quieren crecer en fanbase, y la escena indie es un mercado limitado, hay que buscarse las habichuelas, es ley de negocio. Pero hay bandas y bandas que saben encajar esta entrada en el mainstream, generalmente con un disco con tonadas más pegadizas para todos. Esa entrada en el mainstream le dará a la banda un tipo de público, y ello es solo fruto del tipo de música que han hecho y están haciendo. Por eso, con esta batalla de hoy estamos ante el vivo ejemplo de lo que es ser una reconocida mierda por hacerse mainstream y los que, pese a que han perdido cierta esencia de calidad, son un fenómeno de masas en nuestro país merecido por un duro trabajo.

Creo que me parece suficiente argumento para juzgar el séquito de pijo-modernas que vociferan “donde solíamos gritar” cual quinceañeras con los Jonas Brothers en cualquiera de los 1.756 conciertos que Love Of Lesbian tiene cada año en la geografía española. No encuentro ninguna diferencia entre Justin Bieber y Love Of Lesbian (y Vetusta Morla), con toda sinceridad. En el otro lado, Lori Meyers ha sabido ganarse un público generalista, más simple que un cubo, pero es una banda de todos. La progresión de los granadinos es una línea ascendente limpia: de ser una banda independiente pura y dura con los dos primeros discos a empezar a hacer guiños en el tercero para en el cuarto contratar a un productor mainstream como Sebastian Krys. Veremos qué traen en el quinto recientemente grabado. No digo que Love Of Lesbian no haya tenido una línea ascendente sobre una gráfica, pero el salto al mainstream ni se molestaron en taparlo un poquito. Al menos hazlo con elegancia.

Los catalanes además se han quemado demasiado; con la bajada de los cachés han tenido que multiplicar sus conciertos para cubrir costes hasta tal punto que ya van hasta el Festival de Hardcore de La Almunia de Doña Godina. Hombre, Lori están un poquito encasillados también en ciertas esferas, pero se han comedido un poco más en este afán lucrativo de las discográficas. Y si nos centramos en el aspecto meramente musical, Noni y compañía no se han dedicado a hacer adornos pseudo-dramáticos; al menos en inglés ocultaban todas sus carencias, total, la mitad no lo entienden. En cuanto a la voz de su vocalista ya es una cuestión personal que no soporte la tonada agónica de Santi Balmes como si estuviera en pleno orgasmo por la introducción de un supositorio. Claro que todo ese postureo de sus vocales ahogadas y adornitos sin sentido por aquí y por allá, letras inacabadas… tiene mucho tirón en dedicatorias posruptura en muros de Facebook. Tampoco es que Noni tenga la mejor voz del mundo, pero estamos hablando de un váter marca Roca cantando contra el váter de Trainspotting.

Lori Meyers son más simple que un cubo, unos currantes de pura cepa, son unos tíos simples que van a su bola a hacer su música y por eso transmiten tanto con el público general: porque son verdaderos. Y os lo digo porque les he entrevistado tres veces y además son los tipos más majos que te puedes encontrar.

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