Havalina | H

Havalina | H

A algunos nos cuesta creer que aún hay bandas españolas por las que perder la razón. No todo es culpa nuestra, la verdad es que son realmente difíciles de encontrar. Mientras vas desechando las elecciones erróneas y las desalentadoras decepciones de una equivocada primera impresión, sin darte tan siquiera cuenta, te topas con una joya reluciente que ilumina tu mirada y sobrecoge tu interior. Palabras muy decorosas para describir un tesoro muy concreto, uno que va por su séptimo álbum de estudio y aun así se encuentran por debajo del radar colectivo, injustamente inadvertidos. La banda es Havalina y su escueto en título y valioso en contenido álbum es H (2012).

El trío de Madrid a cada disco se aleja de sus iniciales derroteros, acercándose con paso firme al stoner de bandas como Kyuss, en una extrañamente funcional mezcla con el dark pop o tintes del new wave. En sus etéreas atmósferas encontrarás eso y más, pero sobre todo un disco de calidad repleto de cambios de dinámica como base y heterogéneos cortes excepcionales. Se debe a tantos matices que su simple cantidad ya es motivo de alabanza, pero sobre todo a su singularidad, no solo entre sus compañeros españoles, si no como sonido global, con claras referencias a otros artistas, asumidas de una manera personal. Sus ganchos melódicos aparecen de manera exacta, deambulando entre saturadas reverberaciones y arreglos inusuales y perfectamente estudiados en su armoniosa particularidad. Con cortes como Norte o Compañía Felina muestran, con una calmada sensualidad y un diferente deje hacia el indie rock actual respectivamente, formatos de sencillo en una combinación que resulta tan accesible, como original y sólida.

Cuando quieren ser agresivos saben donde deben golpear. Desde un principio arrebatador, Viaje Al Sol es un corte directo de poco más de dos minutos que no da tregua ni un instante para coger aire. Su tremendo trabajo no se debe solo a sus cualidades en composición, si no que estas se ven sustentadas en una técnica digna de mención. En la guitarra de Manuel Cabezalí encontramos muchos detalles técnicos cohesionados a su peculiar sonido, que despliega a lo largo tanto de las secciones rítmicas como en fabulosos solos como en el cautivador corte de acuática ambientación, como bien reza en la canción, de sonidos embrujados e inquietantes Música Para Peces. Sus compañeros no se quedan rezagados, con unas líneas de bajo por parte de Ignacio Celma contundentes, dotando ese grave fondo necesario con algo más que un simple soporte para la canción, al que aporta de igual modo Javier Couceiro al mando de la batería. Si esto se expone en algún tema, es desde luego en el magnífico y sobresaliente El Estruendo. Un tema que, personalmente, ya ocupa un claro favorito en lo que llevamos de año y, sin duda posible, en cuanto a referentes nacionales. El tema que más claramente muestra su nuevo sonido e influencias, en una meditada pseudo improvisación íntegramente instrumental desde que la voz le abre paso, divagan entre variaciones de un fantástico riff de guitarra en una sobresaliente demostración de absoluto talento musical. Un tema excepcional en todos los sentidos.

La voz de Cabezalí se mueve en registros similares al pop nacional de Alex Ferreira o La Habitación Roja, con voces melosas que encuentran su hábitat en la suavidad pasiva de sus líneas melódicas, pero a diferencia de otros artistas, junto a la potencia de la banda sirve como contrapunto, da profundidad y perspectiva, de una manera única. En casi ninguna ocasión sale de ese espacio de seguridad, lo que sería de agradecer, sobre todo sabiendo que lo sabe hacer como en Animal Dormido, Animal Despierto lo practica tímidamente y dando mayor versatilidad en este aspecto. Otro tanto que se deben anotar es la simbiosis en la que confluye esta con las letras, cuyas cualidades abstractas y alegóricas entran en perfecta comunión con las suaves líneas vocales, las cuales se ven acompañadas por dobles voces y coros que apoyan esta misma dirección, como en el excepcionalmente bizarro híbrido entre ZZ Top y el post rock de La Antártida Empieza Aquí o la ya mencionada Música Para Peces en extraños susurros de fondo y otros recursos que agigantan su increíble atmósfera.

Tras tan numerosa cantidad de álbumes, su escaso lugar en el conocimiento público es bochornoso y en absoluto coherente con la calidad que manifiestan. Es esa rara avis entre la escena musical, de las que permanecen en círculos reducidos pero que muchos artistas consideran merecedores de un mayor clamor. Una banda para bandas, quizás. En cualquier caso, con este último trabajo solo reafirman lo que llevan demostrando suficiente tiempo: que son una banda de absoluto culto y referencia. Solo queda esperar a que lleguen aquí a Madrid el próximo 23 de noviembre y pienso estar ahí.

José Roa
Músico y periodista, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2010 a 2014, llegando a ser editor jefe y alcanzando especial repercusión con su columna 'La Guillotina', editada en 2013 y 2014.