Jonathan Wilson | Fanfare

Para aquel verano del 66 el zumo de colores había sido prohibido. El ácido lisérgico no interesaba a la industria farmacéutica ni a los poderes fácticos y había sido incluido en la lista de sustancias perseguidas. Tal vez las experiencias que otorgaba tuvieran algo que ver. Alucinaciones sobre mundos nuevos para unos Estados Unidos que celebraban su liderazgo mundial entre la bipolaridad del capitalismo recalcitrante y el libertinaje que otorgan tantas millas de distancia por recorrer. Con una contracultura que se movía con la alegría de no estar aún definida aparecían sucesores de beatnicks y hipsters como Ken Kesey. El gran chamán de la experiencia LSD, un hombre capaz de escribir éxitos literarios y darse al salvajismo de la vida apartada de la sociedad Mad Men.

Los protohippies dirigidos por la seducción de Kesey -y su manía de alimentar de drogas a sus seguidores como si fueran gallinas- acabó retirándose a las afueras de las ciudades, en comunas que marcarían uno de los pilares del modo de vida hippie. Laurel Canyon. Adaptado al siglo XXI y su falta de encanto, el lugar sigue congregando a rockeros que prefieren vivir en otra época. Allí Reside Father John Misty y también lo hace Jonathan Wilson.

El californiano es un inmovilista contracultural.  Su propuesta busca quedarse en los tiempos gloriosos del rock, cuando la música podía cambiar la forma de pensar y no era un simple objeto de ocio. Pasea por las calles de Laurel imaginando a Frank Zappa o Joni Mitchell hace 40 años.

En 2011 sorprendió con un debut de esos que levantan poco ruido. ‘Gentle Spirit‘ (Bella Union, 2011) es una joya real que aún espera recibir el trato que merece. Y tras EP de ritmos psicodélicos ‘Pity, Trials and Tomorrow’s Child‘ (Bella Union, 2012), Wilson vuelve a intentar desencajar mandíbulas con un segundo trabajo a la altura del anterior: ‘Fanfare‘.

Si su debut no reducía en esfuerzos instrumentales, ‘Fanfare‘ los termina de explotar. Un gran Big Bang de sonidos complicados de encajar fuera de los setenta con colaboraciones que no han querido dejar pasar la oportunidad de subirse al carro del triunfo sonoro: desde el propio Joshua Tillman (Father John Misty) a Patrick Sansone (Wilco) pasando por Taylor Goldsmith (Dawes) o David Crosby y Graham Nash como estrellas. Y es que este segundo trabajo bebe directamente de CS&N en lo vocal como ya lo hiciera en ‘Gentle Spirit‘.

En la propia ‘Fanfare’, Wilson parece seguir sacando jugo de la etapa previa a ‘The Dark Side of the Moon‘ (EMI, 1973) de Pink Floyd para mostrar a continuación el vals que se torna blues de ‘Dear Friend’. El pop más direct0 (‘Love to Love’), referencias al funk (‘Fazon’), el rock progresivo (‘New Mexico’) y hasta baladas con solos (‘Lovestrong’) se dan cita en ‘Fanfare’. Todo vale si es bueno.

Destaca la tranquilidad de ‘Cecil Taylor’, que también recuerda a su primer trabajo con el añadido de los reconocibles coros de Crosby y Nash. Te envía directo al ‘Crosby, Still & Nash‘ (Atlantic, 1969). Más de seis minutos de ritmos cálidos y contenidos que también sobresalen en ‘Moses Pain’. El californiano ha logrado aunar la intensidad de su debut con la fuerza de ‘Pity, Trials and Tomorrow’s Child‘ en un disco que, una vez escuchado, se hace fundamental.

J. Castellanos
Periodista. Formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014, llegando a ser redactor jefe.