Ocean Colour Scene (La Riviera, Madrid) 22.4.2013

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En esta época del año ir a La Riviera produce un no sé qué muy agradable. Atardece y uno mira el Manzanares con cierta nostalgia impostada mientras espera para entrar. Digo impostada porque ojalá Madrid tuviera un río en condiciones partiendo la ciudad. En esta ocasión la sala madrileña se llenó rápido, el grupo que teloneaba a Ocean Colour Scene eran muy del estilo británico inconfundible que representa precisamente el grupo al que precedían, por lo tanto la gente estaba contentísima y todo el mundo disfrutó de la energía de Stay. Cuando acabaron recogieron ellos mismos los instrumentos y regalaron las baquetas. Majísimos, vaya.

La espera entre ellos y el quinteto británico se le habrá hecho eterna a más de uno, pero realmente todo fue muy rápido. Simon Fowler salió al escenario seguido del resto del grupo, cogieron las guitarras y tocaron las tres primeras canciones con un simpático “hola Madrid” entre medias. Probablemente se pueda tachar a Ocean Colour Scene de ser una banda sin demasiada complejidad como para reinventar o experimentar con los géneros. Pero es por eso mismo por lo que hacen tan bien lo que hacen. Su rock no tiene adornos pero pocas bandas consiguen melodías tan vivas. Eso, y la manera que tiene Steve Cradock de tocar la guitarra.

Cradock es un superdotado. El rubio platino agarra su instrumento y se retuerce mientras lo toca para sacar de él lo mejor. Y esos destellos de genio fueron lo más interesante de una primera parte del directo que se basó prácticamente en temas del último disco, Painting, un buen trabajo que todavía tiene que crecer mucho encima de los escenarios.

Pero estos ingleses, que en los noventa y a principios de los 2000 frecuentaban bastante las salas españolas, saben lo que le gusta a su público y en cuanto se pusieron a tocar los hits, La Riviera comenzó a vibrar. Primero con ese riff tremendamente pegadizo con el que comienza The Riverboat Song, la gente saltaba por fin y Fowler dejaba lo de cantar por un momento para alzar los brazos y empujar al público hacia la histeria. La guitarra de Cradock se fundía con los violentos movimientos de cabeza de los que escuchaban.

The Circle fue otro de los grandes momentos de la noche. El piano y esa batería incansable machacada por Oscar Harrison sonaban a través de los resquicios que dejaba la voz de Fowler, que aunque no salta mientras toca, transmite una energía inagotable. Todo por el rock and roll y el Britpop que les impusieron y al que ellos supieron dar la vuelta.

Las palmadas retumbaban mientras ellos se volvían un poco locos en el escenario con Hundred Mile High City. Poco después, con un Fowler sudoroso, el grupo abandonó el escenario para volver al minuto y finalizar un recital casi perfecto en el que no consiguieron que Painting sobresaliera, aunque su single homónimo  sí fuera tarareado.  Tras cerrar la noche y despedirse de un público entregadísimo salieron del escenario mientras cientos de manos acompañaban a cientos de bocas clamando un “oe oe oe” rudo pero emocionante.

Pedro Moral
Periodista especializado en Cine, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014. Actualmente, prosigue su carrera en diversos medios.

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