The Kinks | The Village Green Preservation Society | 45 Aniversario

La Doctrina Truman y el Plan Marshall finiquitaron siglos de imperio británico. La Gran Bretaña poderosa que tanto orgullo levantaba en Winston Churchill decía adiós tras ver ciudades arrasadas por los bombardeos alemanes. El final de la década de los 40 terminaba con un país convertido en satélite de Estados Unidos, el nuevo líder del mundo. Entre calles reconstruidas se criaban en un suburbio al norte de Londres Ray y Dave Davies, hijos de un nuevo mundo. Aquella generación de posguerra abrazaría el concepto de juventud que fue robado a sus padres entre balas y ladrillos caídos. La moda, las chicas, la vida.

Ahí es donde aparecieron The Beatles, The Rolling Stones, The Who, The Faces, The Kinks. Jóvenes cuidados entre limosnas de dólares, no libras, que agarraron aquellos discos estadounidenses traídos en barcos militares para beberlos y convertirlos en himnos. Los años y los éxitos devolvieron a aquellos músicos su obsesión por dejar atrás su isla para abrazar las barras y estrellas. Se dice que Ray Davies fue el único de su generación que no dejó a un lado su puro acento británico como sí hicieron Lennon o Jagger. Es este matiz el que define esta historia, la gestación de ‘The Village Green Preservation Society‘ (Pye, 1968).

En 1968 The Kinks se habían ganado a la fuerza un lugar en el podio. En dos años habían entregado álbumes como ‘Face to Face‘ (Pye 1966) y ‘Something Else‘ (Pye, 1967), piezas fundamentales del pop anglosajón que, en cambio, ofrecían cierta reticencia a la movilidad. En un mundo polarizado, la rapidez evolutiva era el becerro de oro. Fue ahí cuando Ray Davies decidió parar la maquinaria, echar la vista atrás.

Davies se mostraba como un tipo complejo, nostálgico de una sociedad anclada en una modernidad abrasiva. ‘The Village Green Preservation Society‘ era una oda a la gente que se quedó fuera de la vida contemporánea, un álbum conceptual que proclamaba todo lo contrario que se celebraba entre la juventud. Una idea controvertida que no cuajó entre los seguidores de la música pop. Para aquel año, Davies veía cómo su música dejaba estar a la moda. The Kinks eran ya un producto anticuado, un resquicio de la edad beat que daba sus últimos compases. Pese a ello, el cantante londinense se mantuvo en su idea. El álbum saldría, aunque no estaba claro si sería con su banda.

Enfocado para su debut como solista, la idea que presentaba fue encajando, asimilada en The Kinks hasta convertirse en su sexto trabajo. El álbum olvidado por todos. Un fracaso absoluto. Fue el tiempo, amigo de las injusticias, el que clamó un lugar para ‘The Village Green Preservation Society‘. Los años, la propia atemporalidad que ofrecía el LP y una mirada tapada por el velo de la ignorancia, la que convirtió al sexto trabajo en el mejor trabajo de los británicos. Quizá tan solo su debut ‘Kinks‘ (Pye, 1964) y ‘Face to Face‘ estén a la altura de un disco que no superó las 100.000 copias en su momento.

El fracaso fue tan evidente en una industria que empezaba a asumir su rol de gigante que casi le cuesta la vida a The Kinks. La apuesta por mantenerse en aquel sonido de pop barroco que habían elaborado durante años ya no se llevaba. Pese a que la crítica lo tuvo en consideración, el público le dio la espalda. ¿Por qué?

La culpa se la debemos a los propios Kinks. Ray Davies conocía las limitaciones que provoca un álbum así, alejado del producto, sin canciones que entren en las claves del single. The Village Green es una tableta indivisible, una unidad que debe consumirse desde la propia ‘The Village Green Preservation Society’ hasta ‘People Take Pictures of Each Other’. Con su forma de arrastrar las palabras haciendo de ello un orgullo en forma de Union Jack, con sus canciones barrocas, con su sinceridad y esa forma de mirar atrás irónica, casi deprimente, el álbum era un todo en una sociedad que ya por entonces quería -quiere- vivir rápido y consumir a la velocidad de la luz.

La madurez se hace evidente. En ‘Do You Remember Walter’ Davies se fija en aquel amigo que dejamos atrás, ese personaje de la adolescencia que se convierte en una persona común. El mundo cambia con la edad pero mantenemos la percepción de nuestra infancia. Walter siempre será Walter. ‘Johnny Thunder’ habla de aquel rebelde juvenil, ‘Picture Book’ rebusca entre fotos el recuerdo de una infancia que se va viendo lejana a los 25 años.  El álbum está enmarcado en una concepción rural pero el mensaje va mucho más allá. La nostalgia, el fin de un mundo idílico y juvenil y el inicio de la madurez real, irremediable etapa.

Un año después The Kinks dieron un vuelco recompensado. ‘Arthur (Or the Decline and Fall of the British Empire)’ (Pye, 1969) se convirtió en un pequeño éxito tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos, donde hasta ese momento habían sido ignorados y abrió el camino que les consagraría con ‘Lola Versus Powerman and the Moneygoround, Part One’ (Pye, 1970). Aquí sí había canciones pegadizas, ley fundamental para el éxito masivo.

The Village Green Preservation Society‘ es hoy el álbum más vendido de toda la discografía de la banda. Cuando los matices sonoros y la historia igualó sonidos sin fechas, cuando la atemporalidad eliminó prejuicios, adquirió la importancia que merecía. La prueba se hace evidente en las escuchas, su forma de consumo sigue íntegra y las décadas mejoran su posición en las listas de lo mejor de la música popular. Quizá no hubo canciones que fueran singles, Ray Davies pensó en un álbum que tenía que salir a pesar de la audiencia, la misma que acabó dándole la razón.

J. Castellanos
Periodista. Formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014, llegando a ser redactor jefe.