Fiona Apple | The Idler Wheel Is Wiser Than the Driver of the Screw and Whipping Cords Will Serve You More Than Ropes Will Ever Do

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Hay un cierto (y peligroso) atractivo en el desequilibrio mental. Un desequilibrio superfluo o de dosis escasa, suficiente para que el sujeto desprenda ese oscuro magnetismo. Todo el mundo se siente atraído por la inestabilidad, de hecho, es posible que la cordura esté más cerca de la demencia que de esto que llamamos normalidad. Si a este extraño objeto de deseo –la locura- le añadimos un cuerpo de mujer, una mirada abrumadora, un toque de inteligencia, una belleza sutil e inusual, una voz suave y desgarradora a tiempo partido y una pluma volátil, caótica y sensible tenemos a Fiona Apple.

Escuchar cualquiera de sus discos significa asomarse a la locura o al delirio, el mismo abismo por el que se tiró Warren Beatty mientras la punzante mirada de Jean Seberg escudriñaba su alma en esa obra maestra titulada Lilith.

Cuatro discos en 16 años, el tiempo se eterniza entre uno y otro pero cada álbum es un acontecimiento. Uno siente nauseas cuando fantoches como Lady Gaga o semejantes divas de voces vulgares y talentos esquivos propagan su éxito gracias a dotes muy lejanas a lo musical. Lo de Fiona se llama talento, no le hace falta vestirse con filetes de ternera para demostrar nada, le basta con desnudarse en cada canción. Instrumentalmente es irreverente e implacable, sus melodías son lúcidas y están llenas de estimulantes y extrañas combinaciones. Pero como letrista es casi genial, casi a la altura del Tom Waits más surrealista (el que cantaba a los perros de la lluvia), aunque ella posee algo más de angustia y es algo más excéntrica.

Si Tidal, su debut, era una especie de queja adolescente y Extraordinary Machine, su anterior disco, fue algo así como el vómito que sigue a la ruptura –su pareja de entonces era Paul Thomas Anderson, el señor que hizo llover sapos en Magnolia o el que convirtió a Mark Walhberg en un joven semental en Boogie Nights The Idler Wheel Is Wiser Than the Driver of the Screw and Whipping Cords Will Serve You More Than Ropes Will Ever Do, (a partir de ahora The Idler Wheel…) es su álbum más complejo. Fiona se muestra inestable y más anárquica pero también hace uso de un fuerte eclecticismo. Las diez piezas del disco están repletas de caos, pero un caos ordenado y distribuido con rigor.

La contundencia de cada pieza o esa aceleración arrítmica de las pulsaciones que dura todo el disco puede deberse al trabajo del batería Charley Drayton. De hecho, la percusión es el prólogo de Left Alone, una pieza sublime con un piano endiablado que sirve de alfombra a una Fiona que recuerda sin exagerar a Fitzgerald, su falsete se me antoja magistral. Los cambios de ritmo de esta canción recuerdan a los que hacía Cruyff en el césped y la letra es un poema maniaco sobre el desengaño, agresivo y provocador: Tears calcify in my tummy /Fears go inside the bottle.

Jonathan es otro de los mejores temas del disco, por su ruidos mecánicos, por su piano angustioso y desordenado y por una letra que acribilla con reproches a su ex, Jonathan Ames*. El misterio que rodea a Fiona es inevitable y el desasosiego que empapa el single es marca de la casa, Every single night es una maravillosa pieza donde Fiona clama cosas como I just want to feel everything. La neoyorquina destroza su alma en cada disco para esculpir canciones tan distintas como Valentine, un corte que posee unas deliciosas cuerdas traídas del Jazz melódico, y Darevil, piano agresivo y versos con bastante apetito sexual: Gimme, gimme, gimme / what you got In your mind / in the middle of the night.

Fiona también puede ser dulce y construir una melodía pop brillante y optimista como Anything we want. Sin embargo yo estoy enamorado de la desquiciada, de la que brama con voz rota I ran out of white dove feathers /To soak up the hot piss that comes through your mouth /Every time you address me. Si conocéis a una dama que consiga haceros vibrar con un verso tan escatológico como éste dejádmelo abajo apuntado. Gracias.