Searching for Sugar Man | Malik Bendjelloul

5
532

Sixto Rodríguez se llama así porque fue el sexto hijo de de una familia de inmigrantes mexicanos que llegaron a Estados Unidos en los años 20. Sixto vivió desde pequeño los abusos cometidos a la clase obrera. Trabajó en la construcción y en una gasolinera. Alternaba los trabajos sociales con los remunerados. Aparte de su música, claro. Sus canciones eran protestas contra el gobierno, hablaban de sexo, de drogas y se infiltraban en las rendijas de la atmósfera post-Vietnam. Sixto componía lo que vivía. Sus letras nacían en las esquinas de los suburbios y aspiraban al cambio, a la revolución.

Dos productores le descubrieron en  un club de Detroit y se prendaron de su voz y de su guitarra. Pensaron que tenían un nuevo descubrimiento. El nuevo Dylan. En 1970 publicó Cold fact y en el 71 Coming from Reality. Nadie escuchó esos discos. Rodríguez se tuvo que conformar con el olvido.

En Estados Unidos Sixto no existía para nadie, pero en Sudáfrica, sin embargo, la historia era muy distinta. No se sabe muy bien cómo llegó el disco al país africano pero éste se convirtió en uno de los más importantes de la historia. Según Sugar Segerman, el primer rostro que vemos en el documental  -dueño de una tienda de discos- , “si a mediados de los setenta entrabas en un hogar de clase media blanco encontrabas Abbey Road de los Beatles, Bridge Over Troubled Water de Simon y Garfunkel y Cold fact de Sixto Rodríguez”. Pero Sixto tardó en saber esto más de veinte años.

Malik Bendjelloul iba buscando una historia para su primera película pero la historia le encontró a él. El director entró en una tienda de discos, la de Sugar Segerman, en Sudáfrica, y tras preguntarle por el curioso alias (que viene de la canción Sugar Man, de Rodríguez)  éste le soltó la extraordinaria historia del músico. Y esa historia es la que compone este maravilloso documental titulado Searching for Sugar Man. El mejor documental sobre música realizado en años.

Solo en Sudáfrica Rodíguez vendió medio millón de discos. El apartheid, la discriminación racial, el aislamiento infligido por el gobierno… cualquier cosa pudo ser el detonante para que los ciudadanos vieran en el músico estadounidense el empuje para la revolución y el cambio. Pero ¿Quién era Rodríguez? ¿Qué había sido de él? La leyenda decía que se había prendido fuego a sí mismo en un concierto.

Bendjelloul conduce el misterio con un pulso desgarrador, intercalando testimonios de sudafricanos, vecinos de Detroit que juraban haberle visto deambular por la ciudad y los productores de sus álbumes (brillante escena aquella en la que uno de los productores se emociona escuchando Cause).

El director resuelve la falta de documentos visuales con técnicas de animación donde la figura de Rodríguez aparece lánguida, encorvada y solitaria caminando por las frías y lluviosas aceras de Detroit.

Pero el misterio es revelado. Era necesario. Lo espectacular de esta historia es que Sixto nunca se prendió fuego en un concierto al ver como el público le abucheaba, él era un poeta de los suburbios y como tal regresó a ellos.

Una ventana se abre y nos muestra a un hombre mayor, tranquilo y sabio. Ya no es la figura errante y mítica del comienzo del documental. Ahora es sólo un hombre que trabaja en la construcción.

Bendjelloul relata su emocionante regreso a Sudáfrica y nos regala las imágenes grabadas por su hija de ese concierto antológico e irrepetible donde Rodríguez fue vitoreado y alabado como si un muerto hubiera vuelto a la vida.

Searching for Sugar Man es una película sobre un hombre de voz cálida, que tocaba folk en Detroit y que sin saberlo influyó en varias generaciones de sudafricanos. Sencillamente esta historia tenía que ser contada.