Heavenly Beat | Talent

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John Peña es un guitarrista excelente, no es ningún genio pero sabe lo que hace. La prueba se llama What a Pleasure, el EP con el que Beach Fossils superaron su primer largo (llamado como ellos). El bajo de Peña se adueñó del álbum y con permiso de Cole Smith incluso llega a notarse cierta influencia de esas cuerdas en la joya para adictos a este instrumento llamada Oshin y firmada por DIIV (por Zachary Cole ‘DIIV’ Smith), uno de los hijos aventajados de Captured Tracks, el sello que tampoco ha dejado escapar a TALENT. Este álbum le pertenece a Havenly Beat el proyecto en solitario de John Peña que todavía no se sabe muy bien si se ha separado definitivamente de Beach Fossils o sólo es una canita al aire. En cualquier caso la banda de Brooklyn o lo que queda de ella es un saco roto de tipos con talento, porque Heavenly Beat ha debutado con un disco casi extraordinario, seductor e hipnótico.

La belleza de este álbum es limpia, no hay rugosidades. El color pasteloso de la portada no es casualidad, las melodías de este electro pop suave consiguen transmitirte felicidad. El mundo está bastante jodido pero uno escucha TALENT y le asalta un positivismo vibrante, tampoco muy exagerado, lo suficientemente sutil para no parecer fingido. Hace dos frases he catalogado el disco como electro pop, olvidadlo. Era una forma como cualquier otra para resolver la frase. En este disco John Peña ha acumulado géneros como un loco: un poco de soul, un sonido tropical que se escapa de varios xilófonos, un par de finísimos y maravillosos juegos de guitarra que beben de ese lamento castizo llamado flamenco y electrónica claro. Cualquiera puede echar los ingredientes pero no todos los mezclan y consiguen crear este pop casi virginal.

Con Lust, Peña comienza a demostrar que no va a abusar de la guitarra, que habrá más bajo, más teclados, más percusión y mucho de esa voz suave que se balancea entre los tonos más bajos para poder llegar al falsete sin esfuerzo, como en esos últimos minutos de Tolerance. Las piezas de su instrumento favorito se las guarda para pequeños y deliciosos momentos. Entre ellos los tres minutos de Talent o las incombustibles cuerdas de Influence, que evocan en su final una maravillosa serenidad.

Peña ha rehuido de la provocación, no quiere retar a nadie, no pretende impactar y ese es el mayor error de este disco. Que de tanta suavidad puede deslizarse entre los rincones del cerebro, y caer y perderse. Ocurre, por ejemplo, con las letras que fluyen desde el estómago, convirtiéndose en versos simplones, como los de Tradition. Letras sin ninguna complejidad, tan llanas que se diluyen en unas melodías que por el contrario sí consiguen remover las emociones.

Este último producto del sello neoyorkino es inferior a DIIV, pero es lo bastante bueno para estancarse en tu lista de Spotify, o en tu Ipod o dónde sea. A veces nos gusta que nos acaricien el oído y nos hagan felices y joder, John Peña no es ningún genio pero sabe lo que hace y esperemos que lo siga haciendo una y otra vez.

Carlos Naval
Periodista. Formó parte de la redacción de HABLATUMÚSICA de 2010 a 2013. Actualmente continúa su carrera en diversas compañías del sector de la Comunicación.

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