Japandroids | Celebration Rock

La noche del 20 de diciembre de 2006, dos jóvenes Brian King y David Prowse repartían flyers por la calles de Vancouver para que la gente se animase a acudir a su primer concierto en directo. Dos jóvenes amantes de The Sonics iluminaron a las decenas de personas que se acercaron hasta el lugar atraídos por el magnético nombre de Japandroids, que nació de la unión de cada una de las propuestas de estos dos. Prowse pensó en Japanese Scream y King en Pleasure Droids. Así, el espíritu del que nació la banda también es el que se plasma en cada uno de sus trabajos. Una sublime combinación entre la batería y los coros de uno, y la guitarra distorsionada y la voz del otro.

Pero lo especial de este grupo canadiense no es su gran habilidad para llenar una sala solo con dos instrumentos o que se complementan de forma perfecta para dar lugar a ritmos contundentes, pegadizos, increíbles y maravillosamente épicos, sino el genial equilibrio que existe entre la parte más peleona y rebelde del rock, que se resiste por morir, y la inocencia de quien no está dispuesto a caer en la fórmula fácil de esos a los que tanto les gusta recibir aplausos y darse baños de masas de niños con granos. Esos fueron el padre y la madre de  Post-nothing, sin duda el mejor nombre que podrían haber escogido para un primer trabajo.

Pero estamos aquí para hablar de Celebration Rock, el segundo disco de este dúo de Vancouver, con el que han llegado a la máxima expresión de sí mismos. Han celebrado su propia negación del resto del mundo, han conseguido abrazar su estilo y lanzarlo al mundo por todo lo alto entre el sonido de los fuegos artificiales. Es cierto, y no duele decirlo, que posiblemente sea una mezcla perfecta, sublime, sin peros, sin dudas, sin recovecos, sin zonas oscuras para esconderse. Esto no es rock, esto es pura música, directa a la sien. Y eso no admite medias tintas, puesto que es un sentimiento universal, común a cada ser humano desde que nace.

Así, es difícil poner orden y concierto a esta obra redonda. Cada una de las canciones despliega su luz como un faro sobre las aguas infinitas del día a día. The Night of Wine and Roses nos habla de noches que a todos nos suenan familiares, Fire’s Highway grita por encima del ruido, por encima de todo, la contudente For the love of Ivy, o Evil’s Away, con su emotivo “So come and find me in this moment, and expose a passionate man for what he is. We’ll cut loose our gold, cause we need fire and only kindling can buy it”… Uno se queda sin palabras… Riffs que siempre están allí, en el imaginario colectivo, en la sangre que corre intentando escapar de las venas. Este dúo maravilloso ha sido capaz de plasmarlo fielmente y sólo queda aplaudirles.

A la hora de escoger un corte de entre todos, siempre parece injusto para los demás, puesto que es una obra completa y debería ser escuchada tal como es -como sucede con muchas otras a pesar de que no sea algo tan destacable-, aunque yo me quedo con The House That Heaven Built y sus coros que invitan a la comunidad, a la unión de todos contra un enemigo común invisible contra el que nunca viene mal un empujoncito, al más puro estilo WU LYF. Lo cierto es que gritar nunca está demás, aunque Japandroids también pueden helarnos la sangre sin tener que recurrir a los ritmos agresivos. Así, Continuous Thunder es la despedida para todos aquellos que quieran comprobarlo. En la actualidad, tan sólo Tribes les han seguido la estela, aunque creo que la cosa va a cambiar a partir de ahora, a no ser que esté muy equivocado.

En el lugar del lector no me los perdería por nada del mundo a su paso por España, por ejemplo en el Primavera Sound 2012 el jueves 31 de mayo, porque tienen un directo que no admite ninguna réplica. En este caso, menos es más. Vaya si lo es.

Carlos Naval
Carlos Naval
Periodista. Formó parte de la redacción de HABLATUMÚSICA de 2010 a 2013. Actualmente continúa su carrera en diversas compañías del sector de la Comunicación.