Nick Cave and the Bad Seeds | Push the Sky Away

Nick Cave and the Bad Seeds | Push the Sky Away

  • BAD SEEDS LTD.

  • 9,2

El canal de La Mancha golpea las piedras de las playas de Brighton con una fuerza llevada por unas olas que aún guardan el recuerdo los primeros cañonazos que tumbaron la Armada Invencible. La ciudad británica es una extraña guarida de diversos grupos sociales que se juntan de una forma tan extraña que la convierten en uno de esos lugares capaces de enamorar al perdido. Jubilados y trabajadores londinenses conviven con pudientes estudiantes saudíes, universitarios, una gran comunidad homosexual y camareros, dependientes y relaciones públicas españoles en busca de lo que su gobierno no es capaz de darles. Bajo mañanas de tranquilidad costera se esconden noches de perversión diaria, una diversión atractiva que roza un límite capaz de atraer a cualquiera entre bares de flema británica y chiringuitos pegados a la costa en forma de parque temático dedicado a España. Brighton es la ciudad en la que hay que vivir al menos una vez en la vida.

En esa jungla lleva afincado años Nick Cave tras una huida de sí mismo, un marchitar de malas escenas dopadas de alcohol y drogas que terminaron de forma fulminante y que no han impedido que el australiano siga gozando del genio para observar escenas y conseguir retratarlas. Son demasiados trabajos los que cuelga Cave en las listas de indispensables para una carrera que no entiende de malos álbumes. 15 trabajos que deberían de carecer de puntuación numérica porque la clase no tiene valoración. Push the Sky Away tampoco.

Aquí es un observador, ese tipo que se mueve lento y casi levitando por lo ancho de la acera, con paso seguro y vacilante, aquel que juega a imaginar la vida ajena porque en la suya hay demasiadas cosas que recordar y casi tantas que olvidar. Como el Augusto Pérez de Niebla que Unamuno ideó pero sin llegar a ese límite que hoy tendría orden de alejamiento. Es el tiempo el que ha hecho a Cave distanciarse de su propio personaje, idear los comportamientos de almas perdidas como en la maravilla desatada en Jubilee Street, un torrente musical para describir la prostitución con la misma tristeza que glamour, una atmósfera que cubre un camino sin freno y que se va tornando en violencia con el paso de los minutos gracias al trabajo de The Bad Seeds con ese vagabundo descamisado y cerebro melódico llamado Warren Ellis a la cabeza.

Wide Lovely Eyes podría ser esa mirada del líder de la banda australiana retratando el amor con la costa de Brighton como escenario en una de las canciones más hermosas que ha creado nunca. Mermaids sigue esa senda agridulce que ofrece el frío mar salado en una oda a la creencia desesperada. We No Who U R fue el avance, la primera canción del disco y un corte capaz de resonar en la fría y encharcada noche bajo un neón rojo con alguna letra muda y el caminar temeroso de unos tacones apresurados. Todas ellas esenciales, bellas, bestiales.

Nueve cortes. Historias completas que no disminuyen la intensidad del nuevo álbum y que tienen en Boson Higgs Blues una de las mejores composiciones. Canción de coche, una road movie apocalíptica, obra de Kerouac convertida en pesadilla donde el protagonista encuentra a Robert Johnson y a Satanás, a veces confundidos, y donde un camino hacia Ginebra sin blanqueo de por medio se cruza con Miley Cirus convertida en su alter ego más aventurero y venenoso bajo la tranquilidad abrasiva que rodea el clima de uno de los trabajos más grandes que se encontrarán este 2013.

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J. Castellanos
Periodista. Formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014, llegando a ser redactor jefe.