Sun Kil Moon | Benji

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Una joven llamada Carissa que con 15 años era el reflejo de la imberbe rapidez con la que vivimos cuando no nos ponen límites. Corriendo, hablando, compartiendo. Embarazada tan pronto. No es ningún crimen, más bien es el resultado de estar cerca de lo que nos hace humanos. 20 años después ella es enfermera, tiene 35 y dos hijos. Un día sale a sacar la basura y la basura explota y ella muere en un anodino pueblo de Ohio. Esta es la historia de ‘Carissa’. La canción con la que se nos permite entrar en el universo de Mark Kozelek. ‘Benji’ (Caldo Verde, 2014) son cuentos sobre la muerte. Que no es más que una de esas cosas que tiene la vida. ‘Benji’ podría ser un libro brillante. Pero Sun Kil Moon lo ha hecho disco y lo ha hecho eterno. Una obra cerca de la excelencia.

Ese fuego en forma de folk de voz rasgada no se apaga nunca pero quema. ‘Carissa’ nos prepara las vísceras para soportar la inspiración salvaje y refinada con la que Kozelek, el hombre de Red House Pinters y Sun Kil Moon -este proyecto que nos ocupa-, ha esculpido este rock que camina por dramas elevados a melodías sublimes. Los parajes son áridos pero la vida está llena de maravillosas tragedias y queremos oírlas todas.

Queremos oír como Kozelek parece haber resucitado a Johnny Cash para contarnos la historia de su tío en ‘Truck Driver’. Otra muerte, otro cuento lleno de sangre todavía caliente pero extrañamente inspirador. Once canciones que son capaces de elevar a las alturas unas historias sumamente personales. ¿Son historias reales? Eso parece. Kozelek reinventa la impertinencia con la que Mark Oliver Everett habla de sus dramas personales para convertirla en tierra, en un material que se puede tocar si te agachas y llenas tu puño de arena. La que han pisado millones de hombres que han muerto o la que pisarán tantos otros que también morirán. Como el tío de los Soprano. James Gandolfini también tiene su verso en ‘Benji’.

Ni siquiera diez minutos no son suficientes para saborear esa guitarra que convierte el folk en un sonido cura cicatrices. La guitarra a la que me refiero es la que no para de sonar en la preciosa ‘I Watched the Film the Song Remains the Same’. Y después la canción sobre el asesino en serie Richard Ramirez, ‘Richard Ramirez Died Today of Natural Causes’ porque no solo hay gente que muere, también hay gente que mata. Un corte lleno de voces que retumban dentro de la cabeza, Kozelek mastica cada verso y lo escupe como si fuera tabaco. Y las cuerdas recogen la oscuridad de una poesía sin silencio. Sin aire. Hasta el final.

Estamos ante uno de los mejores discos que el folk podría darnos. La obra maestra de Sun Kil Moon. Un trabajo irrepetible que desemboca en otros dos temas gloriosos. Uno ‘Micheline’, donde el suicidio pide su parte del negocio a la parca y ‘Ben’s My Friend’, un último corte que se sale de las líneas discontinuas que invaden la carretera en la que parece ser la canción que ha inspirado el título de un álbum brillante.