The Maccabees | Given to the Wild

 

FICTION

[2012]

[6]

Muchos esperábamos con ganas el regreso de The Maccabees. No en vano, se trata de una de las bandas que ha refrescado y dado lustre a esa sonoridad británica que parecía no tener un relevo desde aquellos maravillosos años 90. Sin embargo, la calidez de las guitarras está de capa caída en el feudo de Londres y los de Brighton han decidido tomar un camino muy diferente al de su celebrado Colour It In.

Given to the Wild, el tercer disco del grupo, se entrega en las manos de una sonoridad mucho más orquestal a la que nos tenían acostumbrados. A lo largo de la grabación se suceden sonidos de pianos clásicos, vientos metales, lo que parecen instrumentos de cuerda… Practica una simbiosis que bien podría conectar con las experiencias de Beirut, con un claro factor diferencial. El hecho de que el trabajo de The Maccabees recuerda demasiado a algo que ya hemos escuchado hasta la saciedad, por lo que tiene muy poco de exploración.

Por un lado, mantienen elementos muy reconocibles de su propio estilo. La peculiar voz de Orlando Weeks sigue acompañada de esos coros de varias voces que evocan la esencia espiritual de la música negra. De hecho, el largo ahonda en esta línea y llega con una alegría casi desconocida en el grupo. La primera canción que se conoció del disco, Pelican, entra por la puerta grande con un tipo de épica orgullosa, exultante y que llamó al entusiasmo general desde el primer momento. También le siguen la estela Went Away o Unknown. Curiosamente, todas están en la segunda parte de Given to the Wild, un trabajo que va de menos a más y que lleva un paso más allá el fantástico A Different Kind of Fix de los también londinenses Bombay Bicycle Club. Esta es la buena noticia.

Si The Maccabees fueron destacados por ser pioneros en muchos de los cambios que estaban en el aire, dando la espiritualidad que buscaba el público antes de que apareciera en escena Arcade Fire. Ahora miran a un pasado reciente y demasiado manido como para que puedan darle un empujón más allá de donde estaba metido. El sonido de las cuerdas, tan incisivo en sus anteriores trabajos, se diluye como si nunca hubiera estado allí y oprime la contundencia de los cortes en Slowly One, Feel to Follow o Glimmer. Las canciones suenan más y más evaporadas al mismo tiempo que recuperan en parte esa melancolía que bebe desde hace años del río Támesis.

Así, el colchón sonoro donde se acuesta la voz de Weeks la convierte en una suerte de recurso pop sacado de una canción de sus vecinos Coldplay. Es decir, en vez de alcanzar el tipo de dream pop que les ha relacionado en ocasiones con The Flaming Lips, se dejan llevar por la delicadeza más manida del pop británico, con representantes no menos célebres, pero lo que les lleva a una especie de callejón sin salida. En algunos cortes tratan de escapar de la melodía empalagosa a lo Geneva, como en Forever I’ve Known y en Grew Up at Midnight, que cierra el disco. Pero los cambios de ritmo y la suma de diferentes instrumentos solo consigue llevarnos a la mente a Viva la Vida o a Parachutes de Coldplay en el mejor de los casos.

En cualquier caso, y a pesar de la linealidad, se trata de un disco bastante entretenido y algunos momentos de inflexión como el de Pelicans se merecen un buen homenaje. Aunque, de cara al futuro, solo cabe recomendarles que vuelvan a sujetar una guitarra y hacernos vibrar con la potencia eléctrica que se han dejado por el camino.

Carlos Naval

Carlos Naval
Carlos Naval
Periodista. Formó parte de la redacción de HABLATUMÚSICA de 2010 a 2013. Actualmente continúa su carrera en diversas compañías del sector de la Comunicación.