ZZ Top | Tres Hombres

 REVISITAMOS | por José Roa

 ZZ Top | Tres Hombres | 1973

Nos acercamos con paso firme a octubre y por estos alrededores (osease, esta sección) vamos a entrar en el Mes de Culto, que es un nombre bonito y místico para algo tan cercano como aquellas bandas que, aunque no tuvieran un éxito internacionalmente aclamado, ocupan un lugar grabado a fuego en aquellos que los hemos escuchados. Carreras cortas y brillantes, personalidades únicas y férreas que hicieron su trabajo y después tiraron las llaves del estudio, al menos como banda.
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Pero aun es septiembre, así que toca esperar una semana más. Mientras tanto y para hacer la transición menos dolorosa, hoy toca un trío que facilita dicho trayecto. Me quedé con ganas con su nuevo álbum La Futura (2012) y me apetece seguir cerca un poco más de tiempo. Tal y como su apodo indica, “that little ol’ band from Texas”, son una banda con los pies bien asentados en la tierra, un pequeño gran desconocido que todo el mundo ha escuchado incluso sin saberlo; forma parte del Rock and Roll Hall of Fame desde 2004 pero aun así rara vez resurgen del subconsciente popular, al menos, como no, aquí en nuestra apaleada tierra madre.

Antes de dejar crecer sus barbas hasta la vasta inmensidad, ya eran una banda destacable. Con ello quiero decir que no eran unos Lady Gaga que por llevar filetes en la cabeza ya se les consideraba buenos; la celebérrima imagen de su vello facial es un mero detalle, un aliciente icónico cimentado en un trío de músicos de primera categoría. Si con sus primeros álbumes, ZZ Top´s First Album (1971) y Rio Grande Mud (1972), ya sacaron parte de la artillería, con Tres Hombres (1973) terminaron de asediar el blues rock de por vida y lograron sacar por primera vez un pie hacia el público en general, destacando con un lanzamiento que resultó en un indudable éxito comercial.

Partiendo del blues como base elemental de su estilo, manteniendo fielmente su esencia, modifican puntos clave de este que les dota de su particular personalidad. Los temas de corte más clásico tienen cabida en este álbum, traduciéndose en Jesus Just Left Chicago, siempre precedida por Waitin´ for the Bus, tema que con una estructura tradicional despunta de la masa borrosa de la mediocridad con giros propios y ritmos más libres y desenvueltos en patrones rígidos que se despliegan hacia modelos más elaborados. Marcando más distancia desde el punto inicial en cuanto a estilo se refiere, se percibe una predilección por los ritmos latinos en la batería de Frank Beard, quien los integra de una manera delicada, haciéndolos encajar con sutileza en Shiek junto a guitarras pre-funk de mano de Billy Gibbons, manteniendo el paso más tradicional y regular el bajo de Dustin Hill. También hacen uso de él en un tono más oscuro en Master of Sparks, donde junto a la búsqueda creativa en la producción sonora de las guitarras, reluce un factor habitual de las líneas de batería: el empleo de la complejidad derivada de una, realmente, simpleza rítmica; marcas comunes aderezadas con grooves que, sin ser enrevesados, añaden un plus de interés técnico. Una combinación muy volátil llevada adelante sin la menor fisura, como composición única y como pieza en consonancia con una colección completa.

Pero el blues de carretera del mítico La Grange (que no, no se lo han inventado los de Chevrolet), un corte legendario en la historia del rock y trascendental para el acercamiento del blues al público más casual, así como Move Me on Down the Line con su acelerado ritmo rockero, no es la única ramificación con la que juguetean, aunque sí sea su faceta más conocida. El gospel aparece en Have You Heard? maquillado y escurridizo, pero apreciable al fin y al cabo. Parte de su encanto y acercamiento a este encanto reside en el uso de los coros por Hill, quien en este álbum comienza a destacar como una voz principal recurrente cuya importancia se mantendría a lo largo de su carrera, compartiendo aquí este rol en Beer Drinkers & Hell Raisers,doblando cada línea como una sombra a las líneas vocales de Gibbons en un tema crudo que sienta precedentes en el speed metal del que luego serían cabeza bandas como Motörhead, quienes versionan este tema en el disco de tributo ZZ Top: A Tribute From Friends (2011).

Si tuviera que escoger un tema de este álbum para llevarme a una isla desierta, rey de los tópicos pero cierto aun así, sería sin lugar a dudas Precious and Grace. Este tema hace gala orgullosamente de un patrón rítmico simple pero de variaciones irregulares, un riff único y distanciado en toda dirección de las influencias más tradicionales y por supuesto las secciones solistas, con una predilección por la extrañeza sonora y una técnica excepcional en el último solo de “slide”, cerrando un tema peculiar en su estructura y sonido, lo cual aumenta su genialidad hasta lo inalcanzable.

La producción inicial mantiene ese “feeling” especial del arcaico género con un añadido de crudeza en su sonoridad, debido en gran parte al tono de las pistas de guitarra y a la profundidad y sequedad del bajo, lo cual casa a la perfección con la resquebrajada voz de Gibbons. Pero como a la industria le gusta rescatar clásicos para rellenar la cartera y si rebosa pues a los bolsillos, echaron el guante al disco y realizaron una remasterización penosa que arrebataba al disco de esa chipa única y excepcionalmente insólita, especialmente en las pistas de batería. Más adelante, en el año 2006 realizaron una nueva remasterización en la que se rescataba la mezcla de Bill Ham de 1973. Porque la música lleva un proceso y hasta el mejor artesano necesita un editor, por lo que hay que andarse con cuidado a la hora de trastear con esta.

  • Fue grabado por:

Bill Ham (producción)

Billy Gibbons (voz, guitarras)

Dustin Hill (voz, bajo, teclado)

Frank Beard (batería)

                                  

  • Lanzado por:

London el 26 de julio de 1973

  • Grabación:

principios de 1973 en Memphis, EE.UU

  • Duración:

33:32

 El quid de su notoriedad reside en su singularidad, entre otros factores más técnicos y no tan atípicos. Aunque el blues ya años atrás sufriera una paulatina evolución en mayor consonancia con el rock, su trascendencia se regía por términos de influencia más que de ingrediente primordial. ZZ Top logró dar ese empujón al género como base, pero con similitudes de calado con el rock. Dada la contundencia de su sonido y el ritmo de gran parte de su catálogo llegó a influir en el hard rock contemporáneo y los primeros pasos del metal en los 70; aunque su influencia más clara se observa en nuestros días, con un poderoso resurgimiento del género por parte de bandas como The Black Keys, The White Stripes o Triggerfinger (por mencionar a Europa) tanto en las obvias influencias clásicas como la preferida saturación en el tono de las seis cuerdas.

Viviendo por y para la música es como se forjan las auténticas leyendas de este arte. Encontraron el punto exacto del camino con su mejor trabajo y el público tuvo la suerte de encontrarlos a ellos, un disco de blues rock infeccioso, sucio y firme que cualquiera podría hacer, pero jamás llegaría a sonar de la manera que ellos lo hacían girar. La mitad del panorama actual del rock, haciendo uso de mi adorada exageración,no existiría de no ser por esta banda y, en concreto, por este trabajo. Si no los has escuchado ya es hora de sorprendente con este extraño conocido y más aun con su último trabajo, porque las raíces siempre tiran de tu nostalgia y de unas como estas no puedes, ni debes prescindir.

 “Tres Hombres es el álbum que llevó a ZZ Top a su primer disco top ten, convirtiéndoles en estrellas en el proceso. No podría haber pasado con un mejor disco”

 

– Stephen Thomas Erlewine, revista Allmusic

 

José Roa
Músico y periodista, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2010 a 2014, llegando a ser editor jefe y alcanzando especial repercusión con su columna 'La Guillotina', editada en 2013 y 2014.