Pearl Jam | Ten

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Pearl Jam en blanco y negro
Últimamente siento que me acechan los noventa. Mire donde mire veo su silueta en una obsesión que se torna a cada vez en una paranoia irreversible. No es ni de lejos mi década musical favorita –si no es incluso la que mas rechace-, ni creo que fuera un gran legado el que nos dejaron aquellos años, aunque en todo lugar crecen flores y existen joyas magníficas que han perfilado mucha de la música que vemos crecer hoy en día. Desde el primigenio grunge (el que no requería atrofia técnica para sacar un álbum), el nacimiento del stoner y, lo que creo que más ha calado en nuestro subconsciente, qué no se debe volver a tocar; véase el post grunge de Creed o Nickelback, el nu metal de Limp Bizkit o, por favor que no siga extendiéndose, las boy o girl bands de aquellos que no deben ser nombrados.

Ante esta avalancha de mediocridad nefasta surgió en la periferia musical la inspiración de los desterrados sociales a escupir en la cara a estas abominaciones que, por otro lado, la industria discográfica había sabido aprovechar como refinadas herramientas; hasta que la burbuja explotó, claro está, y tuvieron que recurrir a otra área que saquear. Para no explayarme más de lo debido, enfoquémoslo en la banda de hoy. Surgiendo en pleno origen del grunge como triunfo mediático, Pearl Jam vio el amanecer del final de este género y probó que podía sobrevivir. Su debut Ten (1991) fue un plato de cocción lenta comercialmente, pero, aun en nuestra época veintiún años después, continúa siendo el favorito del mayor número de seguidores y su trabajo más redondo e impecable hasta la fecha.

Tras la disolución de Mother Love Bone debido al fallecimiento de su cantante Andrew Wood, Stone Gossard y Jeff Ament necesitaron un respiro para recomponer sus ánimos y tomar fuerzas, porque aunque aquella banda fuera una banda obligatoria en la escena independiente, lo que les esperaba lo superaría con creces. Habiendo grabado una serie de demos instrumentales con Mike McCready ya en la formación, la búsqueda de cantante daría el mejor de los resultados con un Eddie Vedder al que no duraron incluir en el proyecto. Con la inclusión de Dave Krusen a la batería se cerraría el círculo que daría a luz el primer álbum de Pearl Jam.

En este largo se encuentran la mayoría de los grandes himnos coreados de la banda; pero eso no es lo más importante. El álbum lo componen once temas sobresalientes, ninguno de estos cortes tiene desperdicio. En ellos no solo despliegan un valor técnico descomunal y la potencia y la calidez emocional de la voz de Vedder, si no que el portento nace desde la composición de los mismos en un ejercicio de versatilidad y conocimiento musical, plasmando la rebeldía iracunda de aquella época en Why Go o Porch, la alienación y la soledad de Alive o Black y su aun constante conciencia política y social en Even Flow.

La voz de Vedder puede presumir de varias cosas: es inconfundible, tiene unas propiedades únicas que no dan lugar a confusión; su potencia y registro vocal parecen ilimitados; la sensibilidad que posee su voz, sea proveniente de emociones positivas o negativas, lograr trasladarte al propio corazón del tema. Pero incluso con un cantante de dichas capacidades, el foco de atención o la guía de los temas no reposan únicamente en él. Los riffs de guitarra de McCready y su acompañamiento por parte de Gossard, variando entre dobles guitarras salvajes a golpe de wah-wah, punteos que aparecen y desaparecen dejando a su paso una estela vigorizante o meros detalles ambientales, marcan la tendencia de la canción en cierta proporción, apoyada por Ament en líneas melódicas al bajo que, además de guiar el ritmo junto a la hiperactiva batería de Krusen, se entrelaza con las melodías de guitarra en un apoyo armónico. Esto se ve desde Oceans hasta Release, con mayor presencia en temas como Deep que dan mayor facilidad a la desenvoltura de sus habilidades técnicas. Aunque Oceans o Release sean temas con una dinámica más pausada, no significa que no pongan en práctica esto, apreciando otra faceta más sosegada pero igualmente llena de detalles y artificios musicales en la épica emotiva de estos temas.

Si algo falla en este álbum es el trabajo de producción, especialmente desde la mezcla en adelante, siendo el peor perfilado. La exageración de la sobreproducción es llamativa hasta el punto que la banda siempre se ha lamentado por el resultado de esta. Pierde parte de la naturalidad al pasar a la mesa, sofocando el conjunto en una mezcla de ecos y repeticiones o delays que emborronan parte del rango sonoro, haciendo ininteligibles algunos de los grandes arreglos de los temas. Dada su larga queja, la banda pudo lanzar en 2009 una total remezcla y remasterización del disco, con un resultado sobradamente superior, mucho más directo y fiel al sonido real de las grabaciones. No es un lastre que, ni mucho menos, incapacite para reconocer la calidad del mismo, pero sí que puede provocar cierta fatiga auditiva con la larga duración de casi una hora de álbum, haciendo que la reedición sea el resultado perfecto que merecía este trabajo, juntando las grandes composiciones de entonces con la fidelidad y conocimiento de la producción.

Al cabo de su lanzamiento, el álbum obtuvo buenas críticas pero un éxito comercial moderado. Este se vería incrementado a propulsión con el tiempo, sobre todo debido a la fijación que la industria empezaba a tomar por el grunge. Incluso grandes personalidad de la escena, como Kurt Cobain, despreciaban el álbum debut, criticando el uso guitarras solistas y su desapego con el género, en una rabieta más de crío que de profesional de “si yo no se tocar que nadie toque”; lo siento, pero el grunge no significa no lograr afinar la guitarra antes de tocarla. Tampoco significaba ser simple, siendo en sus inicios en los ochenta con bandas como Soundgarden o Alice In Chains auténticas demostraciones de calidad en todos los aspectos. A pesar de estas críticas, su reconocimiento crecía exponencialmente, reforzado por giras monumentales. Su situación en las manidas listas de prensa es inevitable, ocupando el puesto 11 de los “Definitive 200” de la NARM, el 15 en “100 Albums You Must Hear Before You Die” de Kerrang! o el 20 en “The 500 Best Albums of All Time” de la Rolling Stone alemana. Pero esto significa poco comparado con la apreciación del público en general hacia esta banda y, aun y creciendo, hacia este disco.

  • Fue grabado por:

Pearl Jam y Rick Parashar (producción)

Eddie Vedder (voz)

Mike McCready (guitarra principal)

Stone Gossard (guitarra rítmica)

Jeff Ament (bajo)

Dave Krusen (batería)

  • Lanzado por: Epic Records el 27 de agosto de 1991
  • Grabación: 27 de marzo a 26 de abril de 1991 en Seattle, WA, EE.UU.
  • Duración: 53:24
  • 13 discos de platino en EE.UU., 7 en Australia y Canadá, 1 en Bélgica y 1 de oro en Brasil, Alemania, Italia, Noruega, Suecia, Suiza y Reino Unido.

Desde la pasada Batalla de Bandas en la que me vi envuelto para defender a los de Seattle, he notado la carcoma de la impaciencia por desempolvar este álbum, tanto en su versión original como en su reedición. Si su original era espectacular, la última no entiende de calificativos, puliendo los detalles que ensombrecían el resultado final y dando un acabado simplemente sobresaliente. Incluso en esta sección de lo que yo entiendo como obras maestras, no sobran los discos en los que cada tema sea excepcional, así que hacia falta uno así. Ningún tema defrauda, de hecho ninguno deja de impresionar, desde la sensibilidad de Black hasta el frenesí de Porch todos, repito, todos mantienen un nivel sublime. Con un inicio así es difícil superarlo, sobre todo por la expectativa del público, y así ha sido. Incluso con una discografía de tal calidad como la suya, todos los demás se encuentran a la incorruptible sombra de Ten (1991), uno de los mejores álbumes debut de la historia, sin lugar a dudas.

“En realidad Ten era una excusa para ir de gira. Le dijimos a la discográfica ´sabemos que podemos ser una gran banda, así que solo dadnos la oportunidad de salir y tocar`”

–       Jeff Ament, bajista de Pearl Jam

Músico y periodista, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2010 a 2014, llegando a ser editor jefe y alcanzando especial repercusión con su columna 'La Guillotina', editada en 2013 y 2014.