Kindness | World, You Need a Change of Mind

El británico Adam Bainbridge aterriza en el panorama con un título cuanto menos esperanzador: World, You Need A Change Of Mind. Este título puede hacernos pensar en un disco protesta contra el sistema, como aquel magnífico Go Tell Fire To The Mountain de WU LYF. Es bien cierto que el mundo necesita un cambio de mentalidad, pero de esperanzador pasa a pretencioso si supone que será su disco la chispa que inicie ese change of mind.

Y digo pretencioso no porque un disco o la música en general no pueda cambiar la mentalidad de una época, sino porque, que lo haga este álbum lo veo improbable. Podría definirlo, a bote pronto, como un disco fuera de época.

Con influencias norteamericanas en su gran mayoría, nos encontramos durante los 41 minutos que dura, sonidos que nos recuerdan a la Motown: bajos rápidos, punteos de guitarra apagados, baterías MIDI, uso (a veces, abuso) de coros… Un ejemplo claro de ello sería el quinto corte: Gee Up, muy cercana al primer Michael Jackson. Además de esta constante, podemos oír algunos detalles de funk, no excesivamente alejados del clásico (y malogrado) Sly and the Family Stone. Así, cortes como el que cierra el disco (Doigsong) nos dejan un sabor de boca añejo.

Junto a las ya citadas, no es difícil percatarse de la presencia de muchas más influencias. Una psicodelia venida a menos es la que sale a la luz en Gee Wiz, planteada como Maggot Brain de Funkadelic, un solo de guitarra acompaña a una base rítmica simple. Eso sí, mientras la segunda es una genialidad, la primera es mediocre.

Se ve que Adam conoce también la historia del hip hop, ya que en muchas de sus bases son reconocibles elementos que podrían pertenecer a Run DMC o a House of Pain. Me refiero en concreto a That’s Alright, cuya base es identificable con estos grupos. Asimismo en este largo hay reminiscencias de la electrónica de club. El tema House aúna dos corrientes: por una parte un house minimal y por otra unos sonidos más duros, tirando al hardcore o incluso al trance, que se manifiestan en un atronador sonido de caja.

Amén de las citadas, otras influencias, como de jazz (Boombastic), las podemos oír en este largo debut de Kindness. Si bien es cierto que, como he descrito, el músico bebe de muchas fuentes y tiene una cultura musical muy vasta, no llega a crear una obra redonda y contundente. No solo eso, sino que no me parece una buena obra, y no podemos juzgar a un artista por su potencialidad. Muchas sonoridades se encuentran deslavazadas en los temas y es realmente escaso en cuanto a innovación se refiere. Solo hay que haber escuchado música para darse cuenta de que todo viene de algún sitio, aunque no por ello voy a negar el potencial de Adam Bainbridge. En realidad, no sería extraño escuchar algún corte de este disco en alguna tienda de una multinacional textil.

Redacción #HTM
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